La guarnicionería, un oficio tradicional de Jerez

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El oficio, ligado al caballo, consiste en el trabajo y repujado de la piel y el cuero para realizar todo tipo de productos relacionados con el mundo ecuestre.

A lo largo de la historia animales como la mula, el caballo o el asno han acompañado al hombre en las tareas relacionadas con el campo, el transporte o la guerra.  En artículos anteriores como La configuración de Jerez como ciudad de frontera o El caballo cartujano de Jerez en la cultura andaluza vimos que nuestra ciudad fue famosa por su condición de frontera con el antiguo reino de Granada y que la cría de caballos era fundamental en nuestro territorio. Una muestra de todo lo dicho podemos extraerla de la Historia de Xerez de la Frontera de Gonzalo de Padilla, autor de los siglos XVI-XVII, que dice así: “Sobretodo tiene Xerez la primacía en criar cavallos por el cuidado grande que pone en examinar los que se han de hechar a las yeguas que sin eceptuar persona va siempre por sus cavales el examen de ellos e graves penas a los quebrantadores de las ordenanzas que ay, y su magestad también las tiene en mandar por sus cédulas que se tenga gran cuenta en ello, así los caballos de Xerez son nombrados e tenidos en mucho en todas partes”. 

La guarnicionería es un oficio ligado al caballo y consiste en el trabajo y repujado de la piel y el cuero para realizar todo tipo de productos relacionados con el mundo ecuestre, pero para comprender bien el trabajo del guarnicionero veo adecuado citar a un autor del siglo XIX, José Rodríguez y Zurdo, maestro guarnicionero del taller de las reales caballerizas, que definía con estas palabras la profesión: “El oficio de guarnicionero es producto de un arte, que, aunque mecánico en sus elementos, se enlaza con las artes de lujo en sus principales artefactos. No es por consiguiente un simple oficio mecánico, en el que baste un trabajo material y un cierto número de años para llegar a producir labores perfectas: requiere absolutamente de algunos conocimientos previos, constante laboriosidad, y cierto gusto inventivo para poder ocuparse con éxito de sus artefactos, en cuya mayor parte entra por complemento una esmerada elegancia”. Por otro lado, para Florencio Ruiz, actual maestro guarnicionero de la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre, el guarnicionero es el sastre del caballo y su taller es la fábrica y el lugar de perfeccionamiento del oficio debido a que siempre se va aprendiendo algo nuevo sobre lo que trabajamos previamente.

La historia de la guarnicionería es muy extensa, pero ha sido poco trabajada y, en España, contamos con pocos libros o manuales para, a día de hoy, aprender del oficio, ya no hablemos, por ejemplo, para conocer su pasado. Esto no es algo nuevo y ya en el siglo XIX, don José Rodríguez y Zurdo lamentaba de esta forma la ausencia de manuales y trabajos para el estudio y el perfeccionamiento de esta profesión: “La perfección de los artefactos que elaboramos se hace cada día más necesaria, porque el gusto y el refinamiento del país no se satisface con lo que, pocos años ha, bastaba para un no despreciable lujo en monturas y demás adornos de nuestro arte. Estamos en él siendo tributarios de los extranjeros, como por desgracia sucede en productos de otros muchos ramos. Tienen otros países manuales para aprender toda clase de artes y oficios: nosotros carecemos hasta de un libro que guíe a nuestros aprendices. Vamos adelantando bastante en muchas obras, y nadie se cuida de publicar los esfuerzos y laboriosidad de nuestros compañeros. No hay estímulo, ni emulación, ni premio, ni por consiguiente porvenir para el arte”.

Esta falta de documentación puede deberse a que, en nuestro país, tradicionalmente y a día de hoy, se aprende el oficio en el taller y de los conocimientos prácticos, técnicos y directos del maestro. Ello tampoco es de extrañar porque, citando las palabras de Florencio, en la guarnicionería se trabaja con tres sentidos: vista, tacto y olfato. Los tres son necesarios y, por ello, a través de los manuales no podemos adquirir un conocimiento completo de la profesión, por lo que, todo esto puede ayudarnos a entender el por qué hay una carencia de documentación para estudiar este oficio ya que cuando alguien deseaba aprender el mismo, lo hacía a través de las enseñanzas orales y prácticas de un profesional.

Dicho todo esto, podemos decir que la artesanía en Jerez alcanzó tal prestigio que, durante el reinado de Alfonso XIII, se convirtió en proveedora oficial de la Casa Real, ya que Jerez destacaba en la confección de sillas, o monturas, vaqueras al combinar un elemento rígido —como puede ser el hierro— junto con otros más flexibles —como la paja, la lana o el centeno para su relleno— que eran cubiertos y decorados con pieles de vaca, de toro y, hasta, con cuero de becerro de gran calidad. También eran notables las ornamentaciones que se realizaban sobre los zahones, trabajados manualmente con herramientas como la lezna, las agujas, los punzones, la media luna y el sacabocados.

Será en el siglo XIX cuando se conforme el oficio con las características que vemos a día de hoy debido a que pasa a tener un sentido más amplio que el meramente utilitario, pero, por otro lado, sufrió un progresivo declive ya que la ganadería se vio desplazada por la maquinaria. El oficio tradicional y artesanal fue decayendo y, algunos de los procesos de la producción, fueron sustituidos por la elaboración mecánica para ahorrar costes.

Hoy en día, se ha perdido buena parte de esta tradición artesanal y ello ha supuesto que no se preste tanta atención a los finos detalles de las piezas de las guarniciones —como el bocado— y esta falta de conciencia supone un detrimento del bienestar del caballo y, como consecuencia de ello, de la calidad de la equitación pues, no olvidemos, que cada animal es único. No es lo mismo producir de forma seriada las diferentes guarniciones que trabajar pensando en las características concretas del animal.

Es a día de hoy cuando se intenta recuperar la raíz de oficios como este que pueden ser dirigidos no solo hacia el mercado tradicional sino también hacia el turismo ya que conforma una actividad íntimamente ligada a uno de los atractivos de nuestra ciudad, el caballo.

Agradecimientos a la Fundación de la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre.

Bibliografía

Asociación para el Desarrollo de la Zona Rural de la Campiña de Jerez. Artesanías de Jerez. La Barca de la Florida.

De Padilla, Gonzalo. Historia de Xerez de la Frontera. Del XIII al siglo XVI. AGRIJA. 2009.

Hartley Edwards, Elwyn. El Bocado. Teoría y práctica. Noticias. 1994.

H. Steinke, Robert. Harness Making. A Step- by- Step Guide. Jane Lake. 2004.

Rodríguez y Zurdo, José. Manual del sillero y guarnicionero. 1861.

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