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Fue una noche apacible. Ni frío ni calor. La temperatura perfecta para dar un paseo y disfrutar de las delicias que regala el otoño jerezano. Mientras que el humo y el olor a castañas asadas eran los protagonistas en la Alameda Cristina, por las inmediaciones de la Catedral, la cultura insólita fue la invitada estrella. Los que apostaron por el asombroso camino que deparaba los entresijos del barrio jerezano de El Salvador (entre el Arroyo y San Mateo), acertaron.

En una de las empedradas callejuelas del corazón de la ciudad, alrededor de unas veinte personas esperaban puntuales, a las nueve de la noche de este pasado viernes, en la primera parada de una ruta secreta… incluso para ellos. Era el número uno de la calle Lepanto. Por fin, Ana, la dueña del inmueble abrió la casa. “Id subiendo, ya está casi todo preparado”. El viaje por el interior del cálido hogar, completamente desconocido, desembocó en una pequeña azotea particular, bañada de manera asombrosa por la luz de la Catedral.

Todo formaba parte de Redetejas, el primer encuentro de azoteas culturales en Jerez, un evento coordinado por la empresa de gestión cultural sevillana La Matraka y organizado en Jerez por la plataforma Infusionesurbanas. Una ruta de tres azoteas donde se realizaron espectáculos simultáneos, que ya ha tenido mucho éxito en ciudades como Córdoba o Sevilla. El itinerario ha estado organizado para todos los vecinos y ciudadanos interesados en subir a las alturas para ver, desde otra perspectiva, la cultura y revivir el alma de la ciudad, su casco histórico. Algo que se supo valorar mucho, puesto que las entradas quedaron agotadas desde el primer momento.

Según Irene Luque, una de las promotoras de la ruta, “es una formula muy sencilla, un anfitrión que presta su casa, un artista que hace el espectáculo y un asistente. Desde Intramuros y con la colaboración de la asociación de vecinos del casco histórico, nos hemos encargado de buscar a los anfitriones y ponerles en contacto con los artistas. El objetivo ha sido fomentar nuevas formas de cultura urbana a la vez que se abren nuevos e históricos espacios. Mediante Redetejas, algunos jerezanos han podido comprobar que el uso de las azoteas como espacios culturales es fácil y divertido”. Y efectivamente. Tan sencillo como subir y dejarse llevar.

En la primera azotea, veinte sillas alrededor de una mesa roja limitaban el aforo máximo de la actuación. Y de fondo una enorme luna se proyectaba, literalmente, en una de las paredes blancas. Las risas, el tintineo de botellines de cervezas y copas de vino, el olor a comida casera -empanadas y tortilla- y la incertidumbre de saber qué deparaba el evento desaparecieron cuando el actor sevillano Mariano Verdejo apareció en escena para interpretar al protagonista de la obra de teatro mínimo de Raquel Eidem, 'Indigestión'. Enchaquetado, elegante y camaleónico. Los recuerdos de la infancia retumbaban en la azotea. "Era apenas un muchacho cuando mis padres se fueron de viaje sin mí y me negué a comer hasta su regreso, casi muero pero entendí el poder de una buena cena". Luego, su musa etérea. "Con ella todo debe ser perfecto. Todo será perfecto. Siempre hay algo más, algo que no sabemos, ahí radica el misterio del amor". "Encontrarla, mirarla, escribirla, escucharla, desearla, seducirla, adularla, prometerle felicidad, besarla, disfrutarla, acariciarla, penetrarla, estrangularla y saborearla con jerez". Así fue como la escalofriante actuación de un verdadero caníbal dejó paso a la segunda azotea.

Calle Salvador número cinco. En un impresionante caserón del siglo XVI, esperaba Juana la dueña de la segunda azotea. "Cuando compré esta casa, estaba prácticamente en ruinas y tuvimos que levantarlo casi todo de nuevo. Ahora, cuando ya se puede vivir aquí, pienso que estaba loca cuando la adquirimos", comenta la jerezana que lleva unos 14 años recuperando un inmueble impresionante. La madera de los escalones crujía a medida que se acercaba la azotea. Al llegar, un telón rojo delataba el espectáculo de magia del jerezano Manu Gómez."Llevo desde los doce años dedicándome a esto y cuando unos amigos de Sevilla me comentaron que Redetejas también se iba a hacer en Jerez, me interesé muchísimo", asegura este mago de 27 años, quién ha ganado el segundo premio de Festival Internacional de Fuengirola.

Varios números de ilusionismo imposibles dieron paso a su truco estrella en honor al mago y escapista Harry Houdini. "El mejor mago de todos los tiempos. Cuenta la leyenda que lo amarraban de todas las formas, con cadenas y cuerdas y aún así, se escapaba. En sólo tres horas huyó de la prisión más segura del mundo". Después de contar la historia del ilusionista, el jerezano, ayudado por un voluntario del público se colocó una camisa de fuerza, de la que conseguiría salir en menos de dos minutos. "Muchas gracias por asistir y formar parte de Redetejas, nos vemos todos en la última azotea".

La tercera parada fue en la calle Juana de Dios Lacoste número 18. En el mismo edificio de la Taberna del Segura, esperaba Antonio, el anfitrión de la azotea. Era la más grande, quizá para que el grupo de música 'El domador de medusas' pudiera dejar sus instrumentos cómodamente. La banda jerezana de Manuel Meijome, quien tocaba la guitarra acústica, manouche y  clásica; y Elena Jiménez al sonido del clarinete, acordeón y flauta travesera, deleitó a los asistentes con un espectáculo de música eminentemente circense. Los 'domadores' hechizaron al público con las notas musicales de estilo húngaro como vehículo para alegrar el alma. Puro sosiego y encanto. "Somos forofos del cine antiguo, por eso le ponemos música a las cintas mudas, como por ejemplo El circo de Charles Chaplin". Así comenzó El swing del circo, seguido de Méliès contra los selenitas, un homenaje a la película del cineasta francés, Viaje a la Luna. La melodía bohemia de El valls de la despedida dio por finalizada la ruta secreta por los secretos del corazón del intramuros jerezano.

La última estación, el último salto de tejado en tejado, fue en la calle Porvera número 41. Una enorme escalera de mármol conducía hasta la azotea donde los tres grupos tuvieron la oportunidad, a las doce de la noche, de reunirse para escuchar las valoraciones de Irene Luque, de Infusionesurbanas, e intercambiar impresiones sobre la experiencia de cultura urbana vivida durante unas dos horas. "Estoy muy contenta porque las estimaciones han sido muy buenas y positivas. Redetejas se ha hecho con la intención de hacer ver que en el contexto histórico jerezano, un evento cultural y ciudadano de este tipo es muy necesario. La gente tiene muchas ganas de ver algo así". La jerezana dio las gracias a artistas, anfitriones y asistentes "porque sin vosotros nada de esto hubiese sido posible", subrayó. "Volveremos a repetirlo cuando el tiempo acompañe y supongo que esto será en primavera". Cultura, patrimonio y mucha satisfacción son los tres ingredientes que hacen que este proyecto haya marcado un antes y un después en la agenda jerezana de eventos.

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