La cultura ante el coronavirus: “He pedido recoger cerezas en el Jerte"

lavozdelsur.es habla con María Duarte, Ana Fernández y Josema García-Pelayo, andaluces que desempeñan su trabajo en el mundo del teatro, la gestión cultural y la música, y que ahora buscan salidas ante la crisis económica y social por la pandemia

María Duarte, a la derecha, en una de las obras de la compañía Tras El Trapo, 'La Mar de Lejos'.
María Duarte, a la derecha, en una de las obras de la compañía Tras El Trapo, 'La Mar de Lejos'.

“Primero está la vida, luego el cine”. Es lo que espetó hace unos días el ministro de Cultura José Manuel Rodríguez Uribes, citando a Orson Welles. Las declaraciones, que no han sentado bien a una parte de la industria cultural, justifican la ausencia de ayudas para paliar los efectos de la crisis del coronavirus en el sector. El propio titular de la cartera se reunía telemáticamente este jueves con los consejeros de Cultura de las comunidades autónomas con buena sintonía pero sin ninguna medida concreta. Una situación que preocupa profundamente a los 690.000 trabajadores del mundo de la cultura en España, según los datos que ofrece el propio Ministerio.  

“La mayoría de los artistas están pidiendo ayudas pero muchos de ellos trabajaban el directo y esto ahora se acabó”, dice a lavozdelsur.es por vía telefónica Josema García-Pelayo, productor y propietario del Estudio La Bodega, sito en el conocido palacio del café Bar Damajuana. Pelayo ha tenido que cancelar todas sus actividades hasta nuevo aviso, dejando pausada la publicación de tres discos y varias grabaciones con otros artistas. “El parón es total y hay que tener en cuenta que ya estábamos en un momento crítico”, dice refiriéndose a la crisis económica de 2008 y la propia crisis del sector musical, relacionada con la caída de la venta de discos en las últimas dos décadas.

La proliferación de los conciertos y los festivales, único salvavidas de los artistas y los productores, ahora sufre un duro revés. En Jerez, ya se ha suspendido el Primavera Trompetera y el festival de Intramuros, y aún está por ver qué ocurre con todo el ciclo cultural del próximo verano. Hay citas previstas en octubre, como el Xera Festival, que están a tiempo de celebrarse. “La música dependía ya casi exclusivamente del directo, ahora nos quedamos en nada”, dice. “Han dicho que la vuelta de los festivales puede ser en otoño de 2021 y entiendo que todo esto tiene que ver con la vuelta a la tranquilidad de la población”, comenta. La situación la define con un calificativo que es el denominador común de los trabajadores del sector en estas últimas semanas: “Incertidumbre”. 

Josema García-Pelayo hace unos meses en una entrevista con lavozdelsur.es en la sala Cuarto Creciente de Damajuana, con su programación cancelada por la crisis sanitaria. FOTO: MANU GARCÍA.

Algo parecido le sucede a Ana Fernández de Cosa, que dirige Algazara Producciones. La distribución del último trabajo de La Banda Morisca, el álbum Gitana Mora, financiada mediante una exitosa campaña de micromecenazgo, se ha visto paralizada durante unas semanas por la crisis sanitaria. "Pensábamos tener el disco físico en marzo pasado e ir a Madrid a presentarlo", comenta a este medio, lamentando que ni siquiera la radio está trabajando al cien por cien para poder darle difusión. "No sirve para mucho, la mayoría de los presentadores no están haciendo programas con contenidos nuevos", añade. La gestora cultural, que a pesar de todo sigue tratando de cerrar conciertos para el próximo verano y estaba preparando giras por Canadá y Dubai para 2021, confiesa que está trabajando con los programadores sin saber qué va a suceder. En el camino, se le ha caído la presentación en la Casa Árabe de Madrid, un concierto en Cádiz o los festivales de Benamejí o el Xávea Folk.

La "incertidumbre" aparece de nuevo en sus propias palabras: "¿Cómo te enfrentas a buscar conciertos si no sabemos cuándo se pondrá en marcha toda la maquinaria? Es deprimente, pero habrá que seguir trabajando", dice deseando que llegue alguna certeza. "Si nos dijeran que retomamos las actividades en septiembre, lo hacemos de cara a 2021, y aunque demos el año por perdido trabajamos sobre algo seguro", afirma. Afortunadamente, algunas de las actividades que tenía programadas como gestora cultural, como el ciclo Carabé del Teatro Villamarta, sí ha podido posponerlas para el otoño. Algo similar a lo que parece que va a suceder con la programación de la Sala Tragaluz, el espacio de cultura e ideas de lavozdelsur.es. No obstante, no se descarta que la emergencia sanitaria vuelva a dar un vuelco a la situación. 

Ana Fernández, de Algazara Producciones, confinada en su casa

Para María Duarte, de la compañía de teatro Tras El Trapo y la Sala La Quemá, por "lógica" no sería extraño que fuera así. "Seremos los últimos en incorporarnos, nuestra actividad requiere de público", afirma. En su boca la palabra "angustia" se cuela entre la "incertidumbre". "Si el parón fuera el tiempo que estemos encerrados, aguantaríamos, pero no sabemos cuándo vamos a volver, estamos angustiados", declara a lavozdelsur.es. Con respecto a la Sala La Quemá, uno de los espacios que siguen ofreciendo una actividad cultural continuada en la ciudad, reconoce que se adelantaron al Gobierno, suspendiendo las actividades antes de ser decretado el estado de alarma. El problema reside, al igual que con la compañía de teatro Tras el Trapo, en cuándo volverán a subirse a los escenarios.

"Llevo 21 años de autónoma y viviendo profesionalmente del teatro, sé perfectamente lo que hay, estamos buscándonos siempre la vida", reconoce. No obstante, en los últimos años parecía que la cosa empezaba a "moverse" tras el duro varapalo de la crisis del 2008. "No me planteo dejar mi actividad, es mucha vocación la que tengo", declara esta licenciada en Magisterio y Educación Especial, que nunca llegó a opositar y se dedicó exclusivamente a la cultura. Ahora las circunstancias le llevan a una situación inédita. "Ya he echado currículum en Lidl, Mercadona y he pedido ir como temporera para ver si me cogen para recoger cerezas en el valle del Jerte", comenta. Lo que salga para poder contribuir a los ingresos familiares. "Tengo dos hijos. A mí lo que más miedo me da de todo esto es empezar la actividad, ¿con qué energía empiezas tú a trabajar en este sector tan complicado?", se pregunta sobre el desgaste emocional. "Es ir con una mano delante y otra detrás, temo empezar de cero otra vez y sin un duro", lamenta. 

La cultura como bien de primera necesidad 

El propio Gobierno reconocía en un estudio del pasado mes de noviembre de 2019 que mientras el sector cultural aportó un 3,2% al total del PIB, obtuvo una financiación pública del 0,06% estatal. Una cantidad que asciende al 0,1% por parte de las autonomías y del 0,28% en las administraciones locales. "Las diputaciones y los ayuntamientos tienen que adquirir compromisos con los artistas y promotores locales, hay que echar una mano al sector cultural en este momento", reclama Fernández. La gestora pone el acento en los compromisos adquiridos y recuerda entre ellos la exigencia de la plataforma GECA, que en un comunicado a la Consejería de Cultura de la Junta exige unas ayudas culturales pendientes desde el año 2014. Ya ha confirmado la Junta que las agilizará.

María Duarte, de la Compañía Tras el Trapo.

María Duarte está a la espera de conocer si va a poder acogerse a las ayudas previstas para los autónomos pero lamenta no poder hacer lo propio con ayudas concretas para su sector, el teatro. "Lo que la cultura le da a esta ciudad no se ve reflejado, tienen que interesarse por llamarnos", dice en referencia a la propia ciudad de Jerez, donde desempeña parte de su actividad. Josema García-Pelayo centra su atención en Europa, donde cree que el Gobierno debe mirar. "Van por delante de nosotros desde hace mucho tiempo", dice. El productor cree que se deberían potenciar órganos de gestión y que el propio sector de la música y el artístico se unan para estar todos a una. "Tenemos que convertirnos en un sector normalizado como los demás, que podamos pagar nuestros seguros sociales con un régimen diferente por las circunstancias", añade.  

Sin embargo, algunas de las exigencias del sector, como el IVA cultural, hace tiempo que se cayeron de las agendas de los políticos. Ahora las fuerzas se centran en declarar la cultura como de bien primera necesidad para protegerla de la crisis que se avecina, una medida que ya han hecho los gobiernos de Alemania y Francia. El ministro de Cultura lo ha recogido en el Pacto de Estado por la Cultura, fruto de la reunión de este jueves. Sobre los pormenores y las ayudas concretas, poco se ha dicho. El coronavirus ha vuelto a situar al mundo de la cultura en el punto de mira mediático. Sin embargo, y como ha sucedido en otras ocasiones, se desconoce hasta qué punto en el del Ejecutivo. 

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