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Rodrigo Rosenberg fue un prestigioso abogado cuya muerte en mayo de 2009 desató una de las peores crisis políticas en Guatemala. Su asesinato no pasó desapercibido al ser el país guatemalteco un lugar donde la tasa de homicidios es cuatro veces más alta que la de México, una cifra peor incluso que el total de muertes civiles en la guerra de Irak.

Fue uno de los casos que dio la vuelta al mundo. La historia de Rodrigo Rosenberg, un prestigioso abogado cuya muerte en mayo de 2009 desató una de las peores crisis políticas en Guatemala. Su asesinato no pasó desapercibido al ser el país guatemalteco un lugar donde la tasa de homicidios es cuatro veces más alta que la de México, una cifra peor incluso que el total de muertes civiles en la guerra de Irak.

Lo extraordinario de este caso es que Rodrigo Rosenberg sabía a ciencia cierta que iba a morir. Pocas semanas antes de hacerlo dos de los clientes de este abogado fueron asesinados. Él se lanzó de pleno en una investigación que llevaría a su muerte, según le contó a sus amigos. Un vídeo que grabó días antes de su muerte acusaba al presidente de su asesinato. La acusación, viralizada a través de YouTube, casi logra derrocar al gobierno.

De esta manera comenzaba una investigación magistral llevada a cabo por el fiscal Carlos Castresana, responsable de la Comisión Internacional contra la impunidad en Guatemala durante los años 2007 y 2010. El caso fue una búsqueda constante que acabaría destapando el alma de Rosenberg y el infierno de Guatemala. Una historia llena de giros y vueltas inesperadas que llevaron a una conclusión increíble.

El Colegio de Abogados de Jerez, se ha vestido de gala para recibir a Carlos Castresana. Allí, el fiscal encargado de la investigación Rosenberg ha presentado el documental Seré Asesinado del periodista y cineasta Justin Webster, película que refleja tanto el inicio del caso como su posterior conclusión.

Después de encabezar la investigación de este caso ¿En qué ha cambiado su vida?

En muchísimos sentidos. Hay un antes un después tras este caso. Esta historia ha sido la más compleja desde el punto de vista técnico y la que te arranca más girones de piel desde el punto de vista humano. No solo te juegas la vida sino que además eres el responsable de dirigir a un equipo que trabaja bajo condiciones de presión extrema. Eres consciente de eso y al mismo tiempo sabes que la estabilidad de un país está en juego. El sistema democrático pendía de un hielo. Una vez que todo acaba te das cuenta que la cantidad de adrenalina que se suelta es terrible.

¿Fue duro conocer la verdad del caso?

Realmente nos dimos cuenta del final de la historia a las tres semanas escasas de investigación, una vez que averiguamos el asunto de los teléfonos y el chófer. Posteriormente a eso tardamos tres meses en dar con los autores materiales y dos más para coger a los autores intelectuales. Se hizo un trabajo extraordinario por parte de los policías y encargados de la investigación. Sirvió para que Guatemala recuperara la calma, porque en un país con las instituciones tan frágiles, la gobernabilidad está casi siempre en entre dicho.

¿A tanto puede llegar la corrupción?

La corrupción destruye el estado de derecho. Hay niveles de corrupción con los que se puede coexistir, no son deseables, pero no afectan al funcionamiento del sistema. Por otro lado, hay otros que son como un tumor que acaban siendo una metástasis de tal nivel que destruye al estado. Desgraciadamente, en algunos países de América latina se ha llegado a extremos como la violencia, corrupción o la presencia de la delincuencia organizada. Estos factores hacen que la comunidad internacional deba prestar más atención si cabe de la que está mostrando. La Corte Penal Internacional debería funcionar mejor, y no solo respecto con lo que son crímenes internacionales, sino también con crímenes de delincuencia organizada, que aunque no cuentan con actores estatales tienen una capacidad letal tremenda como vemos en Colombia o México. Este tipo de ejemplos son equivalentes a las de un ejército regular o un grupo insurgente. El hecho de que tengan intención política es secundario porque las personas que mueren finalmente lo hacen porque las balas les matan, ya sean de crimen organizado o del desorganizado.

Y después de su experiencia en la Fiscalía Anticorrupción de España ¿Ha variado la corrupción al respecto?

No, se fue de las manos hace tiempo. Ahora lo que estamos viviendo es una reacción que seguramente tuvo que producirse antes. Los españoles pecamos de ingenuos porque éramos nuevos en esto de la democracia, creíamos que con votar cada cuatro años era suficiente y del resto se tenían que ocupar los políticos. Puede ser que eso sea en Suecia o Dinamarca pero nosotros como ciudadanos hemos aprendido la lección y la democracia consiste en participar activamente como ciudadano, en tomar no solamente la responsabilidad del sufragio sino del estado de derecho. Hay que exigir tribunales que funcionen bien y con celeridad, es decir que tengan los equipos técnicos, medios económicos y humanos, para que esto no vuelva a irse de control como se ha llegado a ir. Si se hubieran corregido enérgicamente los primeros casos de corrupción de financiación ilegal de los partidos, como por ejemplo el de Filesa del PSOE o el Naseiro del PP, pues seguramente no estaríamos como estamos actualmente. Aquellos pasaron casi de puntillas por los tribunales y eso es lo que provocó que personas desaprensivas entendieran que todo valía. Ahora estamos pagando las consecuencias, aunque yo creo que no estamos en un mal momento. Pienso que estamos al revés de una resaca, en la que nos despertamos de una borrachera donde creíamos que éramos ricos y el maná caía del cielo pero resulta que no cae.

Sobre el autor:

Borja García Tejero

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