El Centro Municipal de Artes Escénicas, antiguo colegio Arbolí, oculta entre sus muros la fachada de este inmueble, que albergó el Coliseo de la Ópera y un Casino Francés.

Como hace tres siglos, la música inunda cada uno de los espacios del número 5 de la calle Arbolí. El hoy Centro Municipal de Artes Escénicas de Cádiz acoge en cada una de sus salas danza, cante, teatro como si quisiera encontrarse con su auténtico origen, el que late tras sus muros y donde se esconde la Casa de la Camorra. Descrita en cientos de guías, no fue hasta el año pasado cuando el historiador Juan Antonio Vila descubrió de la mano de Juan José Martínez, conserje del centro, una pared de piedra sedimentada que dejaba ver una pilastra que ascendía para servir de arranque de un arco medio punto, que podría repetirse hasta en cinco ocasiones más. Allí, en el respiradero de los cuartos de baño del antiguo colegio Juan Balmes, el último uso que tuvo el Centro Municipal de Artes Escénicas, se esconde parte de la fachada del antiguo Casino Francés de la Camorra.

Un descubrimiento que dejó a Vila con las piernas temblando y que hizo que su corazón temblara más rápido de lo normal. Desde entonces hasta ahora, Juan Antonio no ha dejado de mostrar el tesoro que se oculta bajo esas paredes, ejemplo de la importancia de ese Cádiz del siglo XVIII que entre sus habitantes acogía a un gran número de extranjeros, un 10% de la población total.

Pero antes de Casino francés, el número 5 de la antigua calle Empedrador, hoy Arbolí, acogió el Coliseo de la Ópera Italiana, construido en 1761 por orden del empresario italiano Joseph Darbricio y que colocó a Cádiz en el centro de la música culta. Mientras que la Scala de Milán no fue construida hasta 1778, la capital gaditana contaba con una imponente estructura de cuatro alturas, sesenta palcos y capacidad para 1.700 con entrada desde la plaza de las Flores, por los antiguos almacenes de Soriano o la ya también desaparecida C&A.  Hasta Cádiz llegaron figuras internacionales, se elaboraron libretos en varios idiomas y el Coliseo tenía su propia compañía de 26 músicos, lo que indicaba la gran actividad artística de este espacio único, que fue el primero en provocar el encuentro entre la música culta y la popular, al acoger celebraciones de otra naturaleza, como diez bailes de carnaval en 1778. Fruto de esa vida cultural y musical en torno a este inmueble, los gaditanos pasaron a llamarla la Casa de la Camorra, entiendo camorra por griterío, jaleo, nada que ver con la mafia italiana.

Una vez más, y ya van más de treinta, el historiador Juan Antonio Vila explica, se emociona y cuenta a un grupo de personas la gran historia que se esconde tras esos muros bajo los cuales descansan los del Casino Francés. Porque, tras el Coliseo de la Ópera Italiana, un grupo de 27 comerciantes (20 extranjeros y siete españoles descendientes de europeos) compran este inmueble en 1780. Derriban el Coliseo de la Ópera ya sin actividad desde 1778 y la casa de los músicos, y construyen el Casino Francés: un edificio con una fachada monumental con una piedra arenisca blanca de la sierra de San Cristóbal, cinco arcos de medio punto y unas pilastras con unos capitales de orden romano. La estructura tenía 26 metros de profundidad, ocho metros de altura y ocho de anchura, distribuidos en un salón bajo o teatro con una capacidad de 500 personas y dos pisos con dependencias, que servirán para biblioteca, sala de juegos, sala de reuniones. El interior, además, estaba profusamente adornado por paredes de estuco obra de portugueses.

Vila está convencido que el arquitecto municipal, Antonio Sánchez Esteve, que construyó en los años 60 el colegio Jaime Balmes, mantuvo toda esa fachada de cinco arcos bajo los muros del centro escolar y todo el estucado. Una teoría que ya ha trasladado al gobierno municipal que se ha comprometido a hacer catas para comprobar si bajo los ladrillos del antiguo colegio Arbolí, sobrevive la Casa de la Camorra.

Su importancia en la historia de Cádiz sí que ha traspasado siglos y usos, además de estar unida a acontecimientos relevantes en la historia de la ciudad. De Casino a Sociedad Económica Gaditana, diversos ateneos, Escuela de Música Santa Cecilia, donde el compositor Manuel de Falla pudo recibir clases, Círculo Modernista, donde Antonio Rodríguez Tío de la Tiza cantó con su coro Los Duros Antiguos, Casa del Pueblo y sede del Teatro de la Tía Norica hasta que se convirtió en centro escolar.

Más de tres siglos después, el espíritu de la Camorra pervive en cada una de las salas del Centro de Artes Escénicas y sus muros se esconden entre respiraderos y la azotea, donde cinco arcos señalan la x que marca el lugar. Su recuperación es considerada por Vila el broche de oro a este espacio donde por primera vez la música culta y la popular se dieron la mano, el Múseo de la Música que de verdad reconocería la importancia de Cádiz.

El historiador Juan Antonio Vila organiza visitas guiadas y gratuitas. Para más información, pinchar aquí.

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