Juan Pinilla: "La pureza no existe, es un concepto religioso; yo hablo de la verdad o de la mentira"

Juan Pinilla en los Claustros de Santo Domingo de Ronda. Foto: Sebastián Chilla.
Juan Pinilla en los Claustros de Santo Domingo de Ronda. Foto: Sebastián Chilla.

"Aunque suene a tópico, si estamos hoy aquí es porque en este sitio se dieron unas condiciones sociales y una explotación en las condiciones de trabajo en las minas. Yo vengo de Granada, que tiene la tasa más alta de siniestralidad. Y esta Lámpara también se la quiero dedicar a todos los trabajadores víctimas de la siniestralidad laboral". Así dedicó a la clase trabajadora el cantaor Juan Pinilla (Huétor-Tájar, 1981) la Lámpara Minera de 2007, el máximo galardón del Festival del Cante de las Minas de La Unión, uno de los más importantes del mundo del flamenco.

Polifacético y fuera de lo común, Juan Pinilla, que se inspira en el legado del también granadino Manolo Ávila como uno de sus principales maestros, no es solo un artista flamenco. Escribe, investiga y sobre todo lee. Así lo confiesa en la entrevista con lavozdelsur.es. Lee y se preocupa, por el futuro de su tierra y el de una clase trabajadora que no reconoce.

Participante en el XVI Congreso de la Fundación Blas Infante en ambas vertientes, Pinilla es en sí un producto revolucionario, que no de consumo, como otros del sector (o que dicen que son del sector). Como cantaor el granadino repasó en Ronda la historia del flamenco con perspectiva de clase, rememorando los palos flamencos vinculados al trabajo y citando a los más grandes, en lo literario y en lo jondo, desde Federico García Lorca a María Zambrano pasando por Antonio Chacón y Pastora Pavón, La niña de los Peines. Como ponente abordó un tema crucial y polémico: la cultura andaluza durante las últimas décadas, que bien podría haberse llamado cultura (o incultura) comparada. La cruz de una tierra con el triple de campos de fútbol que bibliotecas, tal y como denuncia el comprometido cantaor, comunista y andalucista.

Artista y rebelde, ¿de dónde viene ese duende colorao además de verde y blanco que le caracteriza?

En mi familia sin duda hay antecedentes, yo soy bisnieto del último alcalde republicano de mi pueblo, de Huétor-Tajar, en la vega de Granada, cerca de Fuentevaqueros. Y fue represaliado, lo hemos encontrado este año, mi abuela con 88 años decía que no quería morirse sin saber dónde estaba su padre, eso por parte materna y por parte paterna mi abuelo luchó en la batalla de Brunete, cupó inclusó un cargo en el ejército republicano y él sí era militante de la JSU y luego del Partido Comunista. Y mi padre y algunos de mis tíos estuvieron en la clandestinidad.

Mi padre incluso, llegó a ser teniente de Alcalde por el Partido Comunista. Y flamenco porque mi padre canta, y mi abuela Encarna, que es la madre de mi padre, cantaba flamenco también muy bien. Y es esa mezcla. Lo del ideal andaluz, lo del andalucismo, viene más por una reflexión que hago a partir de los 18 o 19 años. Siempre he sido muy lector, y me llega a través de Blas Infante. Cuando leí los libros de Blas Infante sobre el flamenco, me emocioné. Además, yo siempre me emocionaba, yo lloraba con el himno de Andalucía y no sabia por qué, me pasaba como con el flamenco, ahí algo... un misterio, que me llega.

Juan Pinilla habla en el auditorio del Palacio de Congresos de Ronda sobre la "cultura andaluza" de los últimos años de forma crítica. Foto: Sebastián Chilla.

Además del cante, investiga. Parece que ni cantar, ni leer, ni investigar le requiere ningún esfuerzo...

Lo hago con muchísimo gusto, me motiva, me abstrae. El estudio y la lectura me encantan. Uno tiene el concepto de estudiar que es hincar codos y no. Uno está estudiando escuchando a lo mejor escuchando flamenco, investigando en los cantaores antiguos y al final es una cuestión más de gusto. No, ni me ocupa ni me preocupa. Forma parte de mi ocupación. Sigo estudiando en la universidad, me gusta mantenerme ocupado y es un ejercicio mental necesario.

Ahora estudia...

Mi primera carrera fue Traducción e Interpretación, y ahora estoy con un Máster, yo traducía con diccionarios y ahora va todo informatizado, con bases de datos terminológicas, programas de traducción, es interesante...

En su obra el compromiso es una constante. ¿Cree que la cultura y el arte son inseparables del compromiso social y político?

Yo soy muy de Saramago, que además tuve la suerte de conocerlo, bastante, de cerca, y Saramago decía que donde va el artista debe ir el ciudadano. Y uno y otro sin indisolubles. Tú no puedes ser una cosa en la calle y otra en el escenario, y más si eres flamenco. Eso de la pureza no existe, es un concepto religioso, sino la verdad o la mentira. Y más en el flamenco, que es una música esencialmente del pueblo trabajador. Ayer cuando cantábamos recordábamos los cantes de los gremios. Y Jerez es una tierra de trabajadores, de jornaleros, que han trabajado para los señoritos, eran gañanes la mayoría, Tío Borrico de Jerez, Tía Anica La Piriñaca... esencialmente es reivindicar una cultura de implicación social que sí han manifestado los flamencos en otro tiempo. Uno con el tiempo va leyendo a Gramsci, lees a María Zambrano, a Blas Infante, a Groucho Marx, a Carlos, porque yo soy marxista por Groucho y por Carlos...

Doblemente marxista...

Sí, soy doblemente marxista (ríe). Te vas creando un concepto de las cosas. El marxismo es muy necesario para explicar todavía hoy lo que ocurre. La gente de derechas, los empresarios de derechas, tienen más base marxista que los de izquierdas, porque saben cómo no hacerlo.

Un momento de la actuación de Juan Pinilla en el centenario de la Asamblea de Ronda. Foto: Sebastián Chilla.

Cuando recogió la Lámpara Minera en 2007 lo dedicó a todos los trabajadores víctimas de la siniestralidad laboral. Si el cante de las minas era un cante del pueblo, de los trabajadores, ¿cuál es el cante de la precariedad? ¿Dónde está la clase obrera?

Bueno, la clase obrera está muy dispersa en cantos de sirena. La clase obrera ha olvidado que efectivamente es clase, que existen las clases sociales y que existe un mundo dividido en dos: los ricos y los pobres. Yo sé que puede sonar demagógico a estas alturas pero es la pura realidad. Eso de la clase media es un invento del capitalismo que no existe. Está la clase y la clase trabajadora y unos siguen dominando y explotando a los otros y tienen unos privilegios que no van a tener nunca. Máxime en estos tiempos, con los derechos sociales que se han destruido, derechos sociales que se han conseguido con derramamientos de sangre a lo largo de los siglos. Ha sido un atropello brutal que, sin embargo, ni ha movido ni ha conmovido a la mayoría de la clase trabajadora. Los que se mueven los de siempre y unos poquitos más que se han dado cuenta. Pero ahora mismo la clase trabajadora está muy dispersa e incluso algunos se están dejando abducir por los cantos de la extrema derecha...

Que algunos dicen que ha estado siempre ahí... Surge gente como Spiriman, el médico de Granada... ¿Ambiguo?

Bueno, ambiguo, que es lo que Bertolt Brecht llamaba el anafalbeto político, que es ni más ni menos el programa que tenía la Falange. Es decir que los políticos no sirven y que no debemos tener ideología, y al fin y al cabo eso es el fascismo, la uniformidad de pensamiento. Es Marine Le Pen, Santiago Abascal aquí... con un lenguaje soez, y cargado de odio, que atraen, en mi corto de entender, a la gente que cree que no existe otra salida y que piensan que ese discurso de odio, de xenofobia y de ultranacionalismo va a ser el que los va a salvar. Es muy peligroso porque puede llevarnos a repetir episodios del pasado.

¿A quién cantan los andaluces? ¿Qué canta Andalucía hoy?

Andalucía hace cantos muy tristes aunque a veces las penas se cantan bailando, como decía el poeta. Pero cuando ocurre lo que está ocurriendo en nuestras costas con esa llegada de masivas de inmigrantes no sabemos ni retener ni crear políticas desde esta Andalucía que ha acogido esta tierra y que ha exportado tanta gente... vengo ahora de Chile, y cuando he estado en Cuba o Argentina, la de andaluces que hay allí... y una tierra como esta con los problemas que hay de sanidad, de educación, una tierra tan rica y variada, que no sabe rentabilizar sus capacidades porque ha existido una élite política que le ha puesto una pierna encima. Siguen existiendo más terratenientes que en ningún sitio, más latifundios que en ningún sitio y bueno, seguimos adoleciendo casi de los mismos problemas de los que hablaba Blas Infante.

Tal vez no sea políticamente correcto... ¿qué piensa del fenómeno Rosalía?

Rosalía creo que tiene... bueno, no voy a criticar a los compañeros (ríe). Rosalía tiene voz, gusto y olfato musical, los ingredientes perfectos para ser una gran artista. Lo que no puedo aceptar ideológicamente es que una chica tan joven se sitúe por encima de cantaoras flamencas, y voy a hablar de ella como flamenco cuando lo que hace no es flamenco, cantaoras de una enjundia, de un poderío, de una capacidad que llevan muchísimos años cantando,estudiando, navegando y que sin embargo no tienen padrino. Rosalía ha fichado por Inditex. El otro día veía un iPhone y Rosalía al lado. Rosalía se ha convertido en un producto del mercado, y por tanto no puedo comprar eso por muy buena música e intenciones que haya detrás. Creo que ella es honesta y a veces dice que no es flamenco, pero si ella tuviera algo de conciencia para mí debería decir que ese no es el camino. Por supuesto no se puede hablar de flamenco en lo que está haciendo. Todo forma parte de una estrategia de marketing que le está funcionando muy bien.

Juan Pinilla explica algunos cantes de los trabajadores a los asistentes. Foto: Sebastián Chilla. ¿Cómo ve el panorama del flamenco joven? ¿Y el flamenco en sí en estos tiempos que corren?

Bien. Hay mucha calidad, muchísima calidad. El problema es que no tenemos público. Todo el mundo llega y quiere cantar y bailar. Yo mismo iba para público hasta que empezaron a empujar. Hoy día el público cada vez es menor. Hace falta educación y enseñarle desde pequeños a los chavales qué es el flamenco. Y ahora mismo hay mucha calidad, mucha cantidad también, mucha confusión, mucha fusión, mucha infusión... el flamenco ya es una fusión y no necesita fusionar una fusión con una fusión porque es un palimpsesto.

No hay nada puro...

La pureza es un concepto religioso como te digo, yo hablo de la verdad o de la mentira. Podemos cantar cosas muy verdaderas, cosas actualísimas como de las que estamos hablando y, sin embargo, seguir en la demagogia de hablar a veces de fragua y de candelas al lado de un río, que eso ya no existe, que ya nadie se lo cree ni nadie lo entiende. No es que vayamos a hablar de teléfonos móviles porque eso no es estético pero sí que hay que cambiar un poquito ese concepto para poder enganchar más a la gente.

Sobre el autor:

Sebastián Chilla

Jerez, 1992. Graduado en Historia por la Universidad de Sevilla. Máster de Profesorado en la Universidad de Granada. Periodista. Cuento historias y junto letras en lavozdelsur.es desde 2015. 

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