'Martinicos le di a mi cuerpo': los caminos inescrutables del duende

En la versión combinada que ahora se presenta, la poderosa voz de Lagos y la guitarra natural de Manuel Valencia garantizan el anclaje flamenco en un escenario con varios elementos potencialmente disruptivos

David Lagos y Leonor Leal, en un momento de 'Martinicos le di a mi cuerpo'.
David Lagos y Leonor Leal, en un momento de 'Martinicos le di a mi cuerpo'. ESTEBAN
07 de marzo de 2026 a las 16:17h

David Lagos es, en nuestra estimación, una de las figuras más interesantes del flamenco jerezano de los últimos tiempos. Es uno de los innovadores, pero uno que, a diferencia de otros muchos, no pretende trasplantar el flamenco dentro de otro género musical, la estrategia con más garantías de éxito en España. El cantaor jerezano prefiere jugar con el halo del flamenco, descontextualizarlo y recontextualizarlo, manteniendo intacto su perfil. Ello admite alianzas muy diversas, la última de ellas, con su paisana Leonor Leal, versátil bailaora y danseuse que acaba de ganar (en 2025) la Copa Jerez de Baile de la Cátedra de Flamencología de Jerez.

El resultado, Martinicos le di a mi cuerpo, se estrenaba este pasado viernes en el auditorio del Centro Social Blas Infante. Tiene su origen en piezas musicales concebidas como respuesta a una exposición sobre Federico García Lorca en el Museo Reina Sofía de Madrid y el CCCB de Barcelona, titulada En el aire conmovido… En la versión combinada que ahora se presenta, la poderosa voz de Lagos y la guitarra natural de Manuel Valencia garantizan el anclaje flamenco en un escenario con varios elementos potencialmente disruptivos: el propio baile de Leal, entre la sinuosidad y el zapateado, y el inusitado envoltorio sonoro de Proyecto Lorca, conformado por Juan Jiménez al saxo y otros cacharros de viento y por Antonio Moreno al xilófono y a las percusiones. 

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Proyecto Lorca, pieza clave. Juan Jiménez y uno de sus instrumentos de viento.   ESTEBAN

El quinteto nos saluda con una declaración de intenciones, extraída de Poeta en Nueva York: “No es extraño para la danza este columbario que pone los ojos amarillos”. Extraño sí lo sería. Se combinarán los tiempos y ambientes sin apenas narración: ora rewind a una fiera serrana, ora fast forward a una de las cantiñas más excéntricas que hayamos tenido ocasión de escuchar, no ajena al xilófono. Una preciosa versión por canción del Romance de la Luna, de Lorca, desagua en seguiriyas. Detectamos guiños taurinos a Miguel Hernández y a los Tangos de la plaza de Morente, así como al tema El desalivio, del estimable álbum Hodierno (2019), con el que Lagos prefiguró una parte de lo que anoche escuchamos. 

El baile robusto del flamenco es sólo uno de los colores en la buhardilla de Leonor Leal, quien repite en esta edición del Festival de Jerez, tras participar la semana pasada en la gala por el 30 aniversario de la institución. La bailaora gravita hacia el movimiento ondular, el pendular y el ninja. Se presenta con abanico y algo así como un kimono ensangrentado, que alternó con conjunto rojo, vestido de noche negro y la chupa de glam rocker. Incluso cuando hace sonar una especie de cencerro, avisando de su estilizado paso, parece difícil de atrapar con vida.

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Un momento del espectáculo.   ESTEBAN

La guitarra de Manuel Valencia se debate entre el arabesco y el silencio. Sabe detenerse, ceder sitio a sus peculiares compañeros de escena: los saxos y artilugios rítmicos del dúo Proyecto Lorca, que tienen ese don de enrarecer cuanto tocan. Se da la señal y todos se apartan para que Antonio Moreno se embote una especie de tirantes-cinturón de cascabeles, agitándose arriba y abajo en un dantesco solo rítmico punteado por exclamaciones suyas y por la gaita de cuerno por que sopla Juan Jiménez. Ignoro si se están echando unas risas o invocando a Lucifer, pero una cosa está clara: han venido para quedarse.

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Óscar Carrera

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