El Festival Iberoamericano de Teatro afronta su XXXII edición con el menor presupuesto de su historia pero con la intención de seguir siendo una herramienta de comunicación social.

Ha vivido mucho el Festival Iberoamericano de Teatro (FIT) de Cádiz. Muchas efemérides señaladas en el calendario en rojo e, incluso, en color dorado, como su primera edición o la que coincidió con el V Centenario del descubrimiento de América en 1992, su vigésimo quinto aniversario, la concesión de la Medalla de Oro de las Bellas Artes, sus treinta años…esta, la edición número 32, viene marcada por una realidad económica tozuda: ser la que menos presupuesto ha tenido en toda su historia, un 65% menos que hasta ahora y la que suprime, temporalmente, el Premio FIT.

Y aun así, hay espacio para la esperanza, para el optimismo y, sobre todo, para el arte. “Un buen gestor tiene que saber rentabilizar y optimizar recursos manteniendo los índices de calidad” y Pepe Bablé lleva, sobre todo, desde el año 2007 en ese hilo de funambulista. Director del festival, en la gerencia y en la parte artística, Bablé formó parte del equipo fundacional aquel año 1986 cuando arrancó el FIT, después encuentros entre compañías y autores de los dos mundos en España. Recuerda la publicación, FIT de Cádiz, un hecho insólito (del Patronato del Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz) que en el año 1985, Pepe Bablé, director de la Tía Norica y Enrique Álamo, director de Cultura de Cádiz mantuvieron una charla en la que coincidieron en la necesidad de un crear un festival como posible elemento dinamizador de la vida teatral de la ciudad. Así que decidieron que si Cádiz tenía que tener un festival de teatro tenía que ser iberoamericano.

El 18 de octubre de 1986 veía la luz el primer FIT bajo la dirección de Juan Margallo y el propio Bablé con un cartel del pintor cubano Juan Antonio Carbonell. 29 grupos de veinte países, cinco escenarios –el mítico Teatro Andalucía, las salas de las delegaciones de Cultura y Juventud, el colegio Valcárcel y el patio del colegio San Felipe Neri- y una ciudad que se hizo a partir de entonces, teatral. Su estancia en la Residencia de Tiempo Libre arraigó desde el primer momento el festival con la ciudadanía y permitió que el festival de Cádiz tuviera un carácter convivencial que lo hace diferentes a todos. “Aquello era un hervidero cultural, eran 24 horas hablando de teatro y haciendo teatro”, recuerda Bablé.Tiempo Libre fue además la sede de todos esos actos paralelos, esa parte teórica que ha dado aún más prestigio y particularidad al festival gaditano. Los foros, las presentaciones, los debates y coloquios permitían a los actores y directores conocerse y reconocerse en los trabajos de los demás. Como aquel sobre el espectáculo Periférico de Objetos:

Recordaremos siempre con mucha emoción el día del encuentro con los participantes del Festival después de nuestro estreno. Hubo poco debate, más bien las preguntas estaban dirigidas a que explicáramos por qué tocábamos el tema que tocábamos, de la forma en que lo hacíamos, en nuestro Hombre de Arena (…) Casi al cerrar el encuentro, Paco de La Zaranda, dice: “A mí este espectáculo no me gustó”. Silencio incómodo de todos. “Me dolió porque es como el cante, cuando es genuino no gusta, duele”. Se puso de pie y nos aplaudió. Nunca nos vamos a olvidar de esto. Eso es lo que queríamos con nuestro espectáculo y alguien lo había sentido así y además lo podía decir de una manera tan bella como solo un andaluz puede hacerlo.

Y es que Cádiz se convirtió en el escenario de las vanguardias de acá y de allá. El FIT “no nació para mostrar un teatro institucionalizado y uniforme propio de sociedades con un cierto bienestar social y que poco o nada se diferencian de un país a otro o de un continente a otro”. Al contrario, apostó por teatristas consagrados con jóvenes compañías, nuevos lenguajes - danza, el teatro-circo, la performance  y el teatro musical- sin olvidar los textos clásicos.“Las vanguardias han venido de Latinoamérica. La danza contemporánea, por ejemplo, llegó con el FIT y hoy tenemos en Cádiz un Festival de Danza Contemporánea. El teatro latinoamericano tiene la habilidad de asumir tendencias de la América del Norte y tamizarlas con su propia idiosincrasia; tiene, además, un concepto más ético que estético y en él proliferan temas actuales. Es mucho más comprometido con la realidad social y política de su tiempo”. De feminismo, de exilio, emigración o de sexualismo se ha hablado en el FIT que durante años, se hizo monográfico, dedicando toda su programación a la América india o a la América negra, por ejemplo.

Tras esos primeros años de esplendor y pasados los fastos del V Centenario, llegó la crisis del 93. Era entonces director escénico José Sanchis Sinesterra y al año siguiente, dejó el cargo que ya asumió Pepe Bablé. “Llegó la crisis del 93 y nos afectó bastante. Hasta entonces habíamos tenido unos presupuestos generosos y pasamos a una economía de guerrilla. Volvió una época de esplendor con la década de 2000 que duró hasta 2007 pero “nunca con una inversión como la de los primeros años, aunque sí adecuada”. “¿La salud del festival hoy?: pues creo que presenta un estado adecuado a las circunstancias económicas que nos rodean pero nosotros estamos acostumbrados y hemos optimizado recursos y llamado a mil puertas. El 100% de las compañías latinas, por ejemplo, vienen con los pasajes resueltos”.

Cádiz y su gente

La buena noticia es que esta será la edición en la que los artistas vuelvan a Cádiz desde que se fueron en 2007 para las instalaciones de Bahía Sur como consecuencia del cierre de la Residencia de Tiempo Libre. “La gente reclamaba su vuelta. El festival nunca se fue de Cádiz pero hay una memoria entrañable de cuando el elenco estaba aquí. Hubo años en los que habían más de 500 personas”. Y en esta ocasión, se alojarán en el hotel Tryp Caleta.Hay además, “dos generaciones de gaditanos que han crecido con el FIT, que se han interesado por el teatro, que han participado de voluntarios”. Una figura con la que contaron casi de manera espontánea desde la primera edición que fue regulada a partir del año 1994 y sigue congregando a interesados en formar parte de este evento cultural.

Durante ocho días, el mejor teatro de los dos mundos se dará cita otro año más en Cádiz en el marco del festival más premiado de toda España. Este año la Casa de Iberoámerica será el centro de las actividades y como es tradicional se celebrará una nueva edición, ya la 21, del Encuentro de Mujeres de Iberoamérica de las Artes Escénicas. Compañías de Argentina, Chile, Colombia, El Salvador, Ecuador, México, Portugal, Puerto Rico, Uruguay se encontrarán a través de la palabra con España. “En estos momentos, el teatro es más necesario que nunca, es el espejo en el que debemos mirarnos y volver a la palabra. Tenemos una saturación de imágenes y hemos dejado en manos de los políticos y de los medios de comunicación la palabra y mira donde nos ha llevado. Tenemos que recuperar el valor de la palabra, es lo que nos hace ser humanos”.

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