Baile sin filtros

Concha Jareño presenta 'Recital flamenco' en el XXIII Festival de Jerez, una esquelética propuesta en forma y fondo, concebida como mera exhibición de números coreográficos flamencos

La guajira de Jareño, lo mejor de anoche en 'Recital flamenco', espectáculo en el XXIII Festival de Jerez. FOTO: MANU GARCÍA
La guajira de Jareño, lo mejor de anoche en 'Recital flamenco', espectáculo en el XXIII Festival de Jerez. FOTO: MANU GARCÍA

Lo mejor de Recital flamencola propuesta que ha presentado la bailaora madrileña Concha Jareño en el XXIII Festival de Jerez, es que desde su propio título no da lugar a equívocos ni a confusiones. No hay más. Un recital flamenco que se presenta como una reivindicación de los guisos tradicionales, alejados de la cocina de autor o creativa, de los platos de nombres kilométricos y bocados minúsculos. Una exhibición sin conservantes, ni colorantes. Baile sin filtros. El problema llega cuando la propuesta, pasados tres números de los nueve que marca el programa se vuelve previsible, ensuciada por las transiciones, las afinaciones a micro abierto, la falta de continuidad y la reiteración del mismo esquema.

Sin capacidad para mucha sorpresa más allá del talento que rezuma cada movimiento de Jareño. Baila con desparpajo la madrileña en los tangos iniciales y vuelve por guajiras, en el que parece un estilo que se ha vuelto marca de la casa. Tan añejo y sugerente como para lograr encandilarnos. Otra vez estimulante con su abanico y evidenciando que menos puede ser mucho más. Geometría en su aleteo y siempre elegante en todos sus pasos. Hasta esa frontera, donde la artista evidencia el potencial que tantos reconocimientos ha obtenido en su solvente trayectoria, y hasta entrada la malagueña del Mellizo, uno siente que puede pasar algo. Al poco, todo se vuelve una especie de montaje de tablao, o de gala académica, sin el nivel imaginativo que exige el principal escenario de una de las mayores muestras de baile flamenco y danza española del mundo.

Asistimos a una sucesión de bailes netamente flamencos con paréntesis en negro para los interludios que sirven a los cambios de vestuario de su protagonista, sin más hilazón, ni concepto que el baile por el baile. Eso, de entrada, no tendría por qué ser malo, y de hecho hemos visto multitud de propuestas de corte clásico, tan sobrias como austeras, que en cambio nos han calado por su profundidad, por la excelencia del elenco o por los hallazgos escénicos que sacuden de tensión e imprevisibilidad las tablas con muy pocos recursos. Aquí no sucede nada parecido. Todo es plano, reiterativo y previsible. Y eso nos arrastra al sopor.

Es innegable (y encomiable) el buen hacer como bailaora de Jareño, con mucha personalidad y arrojo en sus números, con movimientos que le confieren identidad propia, con algunas estampas que, no por vistas muchas veces, dejan de ser hermosas, pero ¿es suficiente para atraparnos? Visto lo visto, no. El acompañamiento tan sui generis de un guitarrista y compositor consagrado como Juan Antonio Suárez Cano es lo poco que se sale del guion que se adivina entre cantes y coreografía. Hay unas largas bulerías saturadas de tanto cajón, unas seguiriyas que no trascienden en la voz de la pareja cantaora, y un final por soleá con cola y mantón que se queda en intención de romper con las carencias de la puesta en escena, tan esquelética en fondo como en forma.

Compañía Concha Jareño.

Recital flamenco (*)

Baile: Concha Jareño. Cante: Manuel Gago, David Sánchez 'El Galli'. Guitarra: Canito (colaboración especial). Percusión: Bandolero. Palmas: José Manuel 'El Oruco'. Dirección artística, coreografía y repertorio: Concha Jareño. Diseño de iluminación: Olga García (A. A. I.). Día: 25 de febrero de 2019. Lugar: Teatro Villamarta. Aforo: Tres cuartos de entrada.

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