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Al contrario de lo que se predica, lo extraordinario no acontece por caminos sencillos.

Escribir sin usar metáforas es como querer escalar el Everest sin oxígeno. Al contrario de lo que se predica, lo extraordinario no acontece por caminos sencillos. Leo unas recientes declaraciones del poeta y novelista Benjamín Prado: "No creo que haya ninguna poesía que merezca la pena que no tenga dentro ritmo, música y estructura. Tampoco creo que haya música, al menos que a mí me interese, que no tenga dentro algo de poesía, algún verso memorable, alguna idea que uno quisiera robar para meterla dentro de un poema. Yo he buscado versos dentro de los poemas de los escritores a los que admiro y también los he buscado dentro de los discos que me interesan".

Una vida confortable y equilibrada se basa en saber sobrellevarla a base de gustos sencillos. Sin ellos todo sería más difícil. Procurárselos, una obligación medicinal preventiva. Los gustos son aleatorios. Hasta los niños de baba saben que nada es verdad, ni es mentira; todo es según el color del cristal con que se mira.

Yo, antepenúltimo raulista vivo, cada vez soy más categórico y subjetivo: disfruto viendo al Madrid y, como es natural, me trae al pairo el fútbol. Supongo que es un rasgo definitorio de la madurez o del paso del tiempo. Uno ya no tiene afán por culturizarse. Tal vez, prolongar los hallazgos del pasado. Releer o frecuentar una generación de autores emparentados entre sí. Escuchar a los Beatles es guiarse por un método infalible para el goce. ¿Para qué experimentar? ¿Por qué averiguar a la última banda australiana de moda? Si te gusta el sushi y el jamón serrano no vas a tomar panga o mortadela.

Si escribes con ñagazas acabarás con un panfleto o manual de autoayuda bajo el brazo. Ya sabemos cómo funciona esto. Cada cual puede opinar sobre lo que quiera. Y más hoy día con tantas redes sociales. La vida puede ser una maravillosa aventura. También, una presurosa tortura. Pero, igual, puede ser suave, sencilla y ligera para los amantes especializados en hacer el martes sobre una mesa. Depende de la pareja que te elija. Pueden guindarte un gol por un dudoso fuera de juego. Pueden mangarte varios penaltis a favor en una final. Pueden robarte una liga en Tenerife. Pero siempre te quedará Emma Stone.

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