entrevista_bruto_09
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Bruto Pomeroy presenta en los Claustros de Santo Domingo el libro 'Bruto Pomeroy, el protagonismo de un secundario', una novela que recorre su trayectoria cinematográfica en la que ha trabajado junto a figuras como Carlos Iglesias, Javier Fesser o Álex de la Iglesia. 

La gente pasea sin ningún tipo de prisa por la calle Sagasta, situada en la localidad de Puerto Real. Las amas de casa cargan con sus bolsas después de haber realizado algunas compras para rematar el almuerzo mientras algunos estudiantes se toman un helado para saciar su apetito. En pleno corazón de esta zona peatonal se divisa la figura de Bruto Pomeroy (Madrid, 1958), hombre polifacético en todo lo que representa a la cultura y un enamorado de toda la provincia de Cádiz. "¡Aquí en la pastelería La Trufa ponen unos pasteles deliciosos que jamás habéis probado", comenta el actor y periodista a lavozdelsur.es (con la que colabora semanalmente), que acude a hablar con él con motivo de la presentación de su libro Bruto Pomeroy, el protagonismo de un secundario, este viernes a las 12.30 horas en los Claustros de Santo Domingo.

El trabajo literario, editado por la Asociación Cultural Shorty Week, es un recorrido por la trayectoria de Bruto Pomeroy narrada por diferentes profesionales como Luis Alberto de Cuenca (poeta y ex secretario de Estado de Cultura), Carlos Iglesias (actor y director), David Macián (director de cine) o Raúl García (director de cine de animación) entre otros.

La obra recoge también numerosas imágenes de rodajes de distintas películas, cortometrajes y series en las que ha participado Pomeroy. En su filmografía como actor destacan películas como El día de la bestia de Álex de la Iglesia, Dos francos, cuarenta pesetas de Carlos Iglesias o El milagro de P. Tinto de Javier Fesser.

"El viernes hay que hacer un parón laboral en solidaridad con Pomeroy y acudir a la presentación del libro", señala con una amplia sonrisa mientras se quita las gafas para “estar más guapo y que se vean mis poderosas cejas”.

Bruto Pomeroy o Mario Ayuso, nombre real del actor, es uno de los representantes más polifacéticos de la vida cultural española de las últimas décadas. Tiene un amplio currículo como periodista donde destaca su labor en Carrusel Deportivo, aunque se confiesa: “Lo hacía por trabajo, porque el fútbol no me gusta”. También ha sido editor de cómics y ha llegado a regentar una tienda en Madrid dedicada a ello que le ha brindado muchos éxitos. Actualmente reside en Puerto Real, donde convive con su esposa y dos de sus cuatro hijos, aunque como dice entre risas: “No soy del opus”. Amén de sus anteriores labores mencionadas, tiene el placer de regentar en la actualidad una galería de arte llamada El viajero Alado, donde su imaginación y elocuencias escapan de la realidad para seguir demostrando que en esta vida se puede seguir siendo feliz.

¿Le emociona que haya un libro sobre su figura?

Profesionalmente desde luego que sí. Soy un hombre multidisciplinar, algo que suena muy feo. El libro está escrito por una docena de personas con las que en algún momento he tenido el placer de compartir parte de mi etapa profesional. No creo que sea la persona más indicada para escribir sobre mí mismo. Cuando se planteó hacer una retrospectiva de mi trabajo facilité nombres de personas con los que he trabajado puntualmente. Hay personas con las que me unen muchos vínculos y un gran respeto. Ejemplos como Carlos Iglesias, con quien trabajé en Manos a la Obra o Dos Francos, Cuarenta Pesetas, Antonio Cuadri, Raúl García…ante todo son profesionales que a mí me han aportado mucho profesionalmente.

¿Lo ve como un homenaje a toda su trayectoria?

Está estrechamente vinculado a mi faceta como actor. El libro comprende elementos de todo tipo. Hay muchas fotografías, que ha sido un trabajo envidiable por parte del Shorty Week. Son gente joven y es una pena que la clase política haya pasado de ellos como de la mierda. Montaron un festival muy currado, plagado de gente, con mucho público. Hablaron con productoras cinematográficas porque soy una persona despistada y pierdo las cosas que me dan. Gracias a ellos he descubierto fotos de rodaje donde estoy con personajes como Álex de la Iglesia, Javier Fesser, Carlos Iglesias... También hay imágenes de La Mano Invisible, la última película que he rodado y que espero que se estrene pronto.

¿Qué le ha reportado y le ofrece su vida de actor?

Todo han sido alegrías. Soy un tipo que ha admirado a James L. Brooks, un genio de la creación norteamericana. A finales de los años 70 crecía viendo en el único canal de televisión que había algunas de sus obras. Yo estudié periodismo porque he sido un periodista vocacional, jamás pensé en ser otra cosa. Ahora soy un periodista ocasional que hace colaboraciones, pero profesionalmente me dediqué en un principio a proyectos periodísticos de la facultad. Por aquel entonces ya me picó el gusanillo de la interpretación. Nací en Madrid aunque sea de origen jerezano. Mi padre era un viajante y muy eficaz en su trabajo. Cada vez que ponía el listón de vendedor en alza lo mandaban a otro lado y yo iba con él. Soy un jerezano de la diáspora y he podido ver mucho mundo.

Se ha forjado como actor de reparto principalmente, ¿piensa que el actor secundario tiene tanto peso como el protagonista?

Evidentemente, una película u obra cultural no se hace sin la colaboración y emoción de todo el equipo. El pasado viernes por ejemplo vi una obra donde casi todo el mundo estaba bien pero había un actor que era para matarlo. Solo dijo dos frases largas y pensé que debía de ser amante del director. Ayer por ejemplo veía en una freiduría una película sin sonido que tenía una mala pinta…pero sin oír la voz, comprobé en la gestualidad del actor el mal trabajo que se hace. Las personas que llevamos toda la vida comiendo del cine o la televisión, sabemos dónde está la degeneración profesional.

¿Por qué decidió lanzarse al mundo de la interpretación?

Por pura casualidad. Estaba estudiando periodismo en Lejona (Bilbao), donde solo había medicina o periodismo, recuerdo que estábamos enfrentados los de ambas universidades. Se crearon unos talleres universitarios, aún era la incipiente democracia. Nunca pensé en trabajar como actor porque tenía una idea al respecto en la que había que ser como Robert Redford. Yo me miraba al espejo y no me veía como él. Me presenté a los talleres y fue despertándose en mi interior el interés por el escenario. En definitiva, poco a poco me fui animando a ir haciendo cosas con Luis Iturri, un director de teatro sevillano pero afincado en Bilbao. Empezamos a hacer giras y poco a poco se fueron abriendo puertas. El teatro abre mucho mundo y muchas relaciones también. Descubrí un mundo nuevo porque yo estudié en los jesuitas y estábamos solo chicos, cuando salíamos a la calle y conocíamos alguna chica estábamos todos revolucionados.

¿Qué recuerdos tiene de su debut?

Comencé haciendo teatro, pero mi debut cinematográfico realmente no me acuerdo. Me acuerdo del televisivo que fue en Los Mundos de Yupi. Llegué a Madrid donde monté una librería de cómics llamada Madrid Cómics, porque soy un loco de los tebeos. Ganamos varios premios del Salón del Cómic de Barcelona y aquella labor la compaginé con mi trabajo de actor. Una de las obras que recuerdo fue Luces de Bohemia, de Valle Inclán. Interpreté a Latino, un tipo corrompido y menos íntegro que Max. No sé cómo lo hice porque era un chaval, pero por aquella época ya me di cuenta de que tenía el gusanillo de la interpretación, además nos recompensaban con aplausos.

Cómics, teatro y también radio.

A la vez que hacía eso también escribía en prensa deportiva. Nunca he sido deportista, he odiado el fútbol siempre y sin embargo he trabajado para Carrusel Deportivo de la Cadena Ser. Fingía porque los partidos de fútbol me aburrían. Veía el partido, cogía un coche que tenía e iba a los estadios, además me pagaban cosa que actualmente en el periodismo suena a chino por desgracia. De esa manera me fui fogueando con la voz. Me acuerdo que me cogían los presidentes de los clubes y me comentaban que a ver qué iba a poner, que nos veíamos en dos semanas. Siempre me he movido mejor en información política y me he negado siempre a escribir sobre prensa del corazón. Nunca me ha preocupado con quien se acuesta alguien, sólo con quien me acuesto yo.

¿Hacia dónde camina el periodismo actualmente?

En términos generales hacia su desaparición, al menos en los grandes medios. La falta de objetividad, no por los profesionales, sino por los medios es de tal calibre... que corren malos tiempos para la prensa. Este país tiene que despejar algunas incógnitas y estamos en un año para despejar dudas. Los medios digitales, donde la gente trabaja con libertad, por ejemplo el medio en el que escribís, donde no estáis presionados por la salida en papel o la presión publicitaria es diferente, pero cobrar siendo periodista cada vez va a ser más complejo. Habrá que hacer periodismo de guerrilla y ahí es donde uno se puede sentir libre. Los medios generalistas, aún gobernando la derecha o la izquierda como por ejemplo en TeleMadrid la época que gobernó Ruiz Gallardón y luego Esperanza Aguirre, fueron como el día y la noche. Los márgenes de periodistas cautivos, de marginación, de ostracismo con Esperanza Aguirre han sido tan brutales que te das cuenta. En la derecha e izquierda cuecen habas y el sectarismo hace que el periodismo desaparezca y solo seamos bedeles de alguien.

Sobre las incógnitas, ¿qué le parece que la sociedad haya pedido un cambio como se ha visto en el resultado de las últimas elecciones municipales y autonómicas?

A título personal, este país está empezando a decir algo. Aunque ahora, cuando se ha cumplido un año de la abdicación del anterior monarca en manos de su hijo, en ese sentido somos iguales. Creo que en su momento el Rey tuvo algún significado pero no deja de ser una monarquía heredada del franquismo. Ellos no se han presentado a las elecciones y si usted quiere gobernarnos preséntese a las elecciones, a lo mejor me cae bien y le voto. Los cargos vitalicios se tienen que ir acabando. Lo mismo que los gobiernos, eso de gobernar 30 años con el mismo color se tiene que ir acabando. Me catalogo de izquierdas sin adscripción política. Si estuviera apuntado en algún lado, tendría el estómago agradecido. Como decía el filósofo Aranguren: "¿Quién controla a los controladores?" Todos tenemos controladores y la clase política siempre tiene que ser observada. El periodismo por ejemplo es comprado y al final nos volvemos estómagos agradecidos. Nos pasa en Andalucía, la gente se tiene que renovar, hasta ahora había miedo en que la renovación cayera en el bipartidismo. Creo que empiezan a aparecer más caras, gente distinta y hay que darle una oportunidad a la gente que tiene la edad de mis hijos. Tienen que dar el paso y apoyar, hacer política y más cosas.

¿Hacia dónde camina la cultura?

Ahora mismo, mientras Wert y Montoro estén ahí arropados por Rajoy, pues por un camino complicado. Nunca se han vivido tiempos tan nefastos para la cultura de la mano de este dúo dinámico. El amigo del señor Burns y el tertuliano de Intereconomía que es el señor Wert. Nunca hemos vivido peores tiempos para este mundo. Me lo han reconocido en petit comité hasta gente de su propio partido. Tengo gente dentro de ese partido, y durante décadas solo se ha pensado que solo se puede ser intelectual si eres de izquierdas. Ni unos ni otros son tan malos, tenemos que relajarnos los españoles, y algunos que lo tienen que hacer son Wert y Montoro. Nos tienen asfixiados porque esta gente no genera vida. Es gente que no ayuda. Mi madre decía un dicho: Alguien vendrá que bueno te hará. Este año este país tiene que cambiar, ya se oyen cantos de sirena al menos en las remodelaciones. No se trata de que la cultura esté subvencionada ni mucho menos, España tiene mucho que dar, lo bueno está por llegar. Quiero ser optimista, y la nueva generación política va a ayudar a que hagamos un país mucho más culto, porque vivimos en un país salvaje, los españoles estamos sin civilizar, hay que mirarse un poco así mismo, salir de paseo. Tenemos que ser más generosos y creo que nos irá un poco mejor.

Reír es una gran terapia, algo que demostró con el "tralalí tralalí" del Milagro de P. Tinto.

Esa película cada vez que la veo me gusta más y descubro cosas nuevas. Fesser cuenta mucho tanto en los planos principales como en los secundarios. Esa película fue un juego muy divertido. Intervenía en una sola secuencia con aquellos tirantes del tralalí tralalí junto a un actor ya fallecido, como Carlos Lucas, un grandioso actor de reparto. Trabajar con Fesser siempre es un plus, mi primer trabajo con él fue en el anuncio de La Casera. La creación de P. Tinto fue un guiño personal privado del mundo de los tebeos. Fue un juego maravilloso que yo pensaba que tendría que pagar por hacerlo. El trabajo de la interpretación es para pasarlo bien y Fesser es de esas personas de la cinematografía que lo merecen. Los Fesser son unos puñeteros para bien, tienen una cabeza privilegiada en lo que inventan. A los padres había que comérselos a besos porque han hecho que este país sea diferente en algunos campos de la cultura.

¿España es un país de tebeo?

No, porque cuando dice la gente eso lo hacen de una manera despectiva hacia los tebeos. La primera vez que mi mujer me presentó a mi suegro le dijo que iba a presentarle a un payaso. Soy un payaso, lo reconozco, pero como elemento digno y maravilloso del trabajo bien hecho. Este país ojalá que fuera de tebeo. España tiene que tomarse las cosas un poco a broma, por ejemplo nuestra actual presidenta de la Junta de Andalucía tiene que relajarse, no ha ganado por mayoría y debe hablar con la gente, sentarse. Se oyen unos comentarios por su parte que pienso que en la ejecutiva federal se están dando cuenta, porque parece que siempre está echando la bronca.

¿Cómo se define?

Como un payaso con todas las de la ley. Disfruto con todo lo que hago. Hace un rato hablaba con mi asesora fiscal y le decía que llevaba toda la vida sin obedecer a nadie y creo que es un mérito del que me siento orgulloso.

¿Qué le reporta El Viajero Alado?

Pues como la cultura da poco dinero, me invento proyectos que entretienen. He puesto en marcha una galería de arte contemporáneo donde trabajo con gente que tiene creatividad. Para los tiempos que corren, colaboramos con la UCA y la Escuela de Arte de Jerez, por ejemplo. Hacemos un bonito trabajo y este año a lo mejor ofrecemos una exposición en Los Ángeles. Tenemos proyectos muy interesantes en Jerez este año.

¿Qué le ha aportado Cádiz y las localidades de la provincia?

La vida me la ha dado Jerez, me siento jerezano pero principalmente gaditano. Una de las cosas que hay que hacer es acercarse más a la costa. Tengo la sensación de que Cádiz, la Bahía o Jerez, tienen que estar más unidas. Jerez sin la Bahía no es tan Jerez y la Bahía o Cádiz sin Jerez no es tan provincia. Hay que quitarse de encima la caspa localista. La calidad de vida aquí es increíble. Me siento como pez en el agua aquí.

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