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La luz de la ventana ilumina un amplio salón, lleno de miles de sentimientos en forma de verso. Una estantería aguanta majestuosamente decenas de libros escritos con el verbo y la prosa de sus autores. Sentada en su silla, Pilar Paz Pasamar (Jerez, 13 de febrero de 1933), observa por su ventana la vida pasar. Momentos, instantes del ciclo vital que permiten a la autora inspirarse en nuevos poemas que cautiven el alma del lector.

"Pero tomen algo mientras charlamos". Son algunas de las primeras palabras amables que pronuncian los labios de la escritora del año de Andalucía, tras el cariñoso recibimiento que ofrece a lavozdelsur.es. Su templanza y amabilidad son las protagonistas en la mirada de una jerezana que ha cautivado el corazón de los lectores a través de sus sentimientos.

Sus manos reflejan el paso del tiempo, pero no del talento, una cualidad que sigue demostrando sobre el papel, donde escribe versos dedicados a todo lo que le seduce, a lo que le inspira, como el salado mar de Cádiz, un lugar que la cautivó cuando lo conoció por primera vez. "A mi hija la cogí en brazos cuando era chiquitina y le presente al mar de Cádiz, que lugar tan especial”, cuenta.

Corrían los años cincuenta cuando Pasamar publicaba Mara. Su primera obra cautivaba al mismísimo Juan Ramón Jiménez, quien tildó a la poeta de genial pese a su corta edad. En aquella presentación se encontraban también Ava Gardner junto a su marido por aquella época Mario Cabré, los cuales quedaron emocionados con el recital que ofreció. La poeta, entre risas, recuerda aquel instante con mucho cariño. “Ellos estaban entre algunas de las personalidades que acudieron. Imagino que entendieron lo que recité. Por lo menos música llevaban los versos”.

La poesía de Pilar Paz Pasamar sigue seduciendo a todas las generaciones. Los niños la hacen disfrutar con su mirada cargada de inocencia y a quienes consigue meterse en el bolsillo con unos versos que evocan la madurez de aquella niña que escribió el poema de La Cajita con tan solo ocho años. Andalucía la ha nombrado autora del año, un reconocimiento que le permite seguir disfrutando de la poesía, ya sea escribiendo o leyendo, porque el género poético es la respiración diaria de esta jerezana que decidió navegar con sus versos por el mar de Cádiz sin olvidar su amor diario por Jerez.

La actualidad manda y su tierra, Andalucía, la ha nombrado autora del año ¿Cómo se siente tras este reconocimiento?

Son reconocimientos que no se deben a un libro en concreto, sino a toda una vida de entrega, pero que para mí ha sido muy especial. Todo lo que he hecho ha sido con la fuerza y la alegría que produce la vocación. Si he venido al mundo para escribir, pues es lo que hago. La obra hay que estudiarla y analizarla correctamente. No se hace daño a nadie con escribir, y las rivalidades nunca me han gustado. Solo pretendo que mi obra llegue al corazón del lector y cuantos más pues mejor.

'La Nunca Poseída', es el último libro de la poeta Pilar Paz Pasamar. FOTO: PABLO URIEL

Y con Mara llegó el reconocimiento de Juan Ramón Jiménez, eso no se puede olvidar.

Imposible. Me acuerdo que comentó que había recibido un libro de una muchachita gaditana que le impresionó. Aquello para mí ha sido como un imperativo siempre. Me sentía con la obligación de darle contestación al maestro.

¿Por qué decidió escribir?

Mi madre era muy aficionada a la poesía y me enseñaba romances. Los oía en la casa de campo de mi abuelo. Allí pasábamos tiempo cantando, recitando romances fronterizos como Apártate mora linda… aquello que vivíamos era un mundo que empezaba a descubrir. Poco a poco me fui enamorando de la letra, de la música de la poesía y ha sido algo que no lo he abandonado nunca desde aquel instante.

"Fue un flechazo lo que sentí al descubrir la poesía. Es un amor complicado de definir porque el poeta ve más allá de la apariencia"

¿Fue amor a primera vista?

Fue un flechazo lo que sentí al descubrir la poesía. Es un amor complicado de definir porque el poeta ve más allá de la apariencia. Descifra las cosas a su manera, es decir un árbol es un árbol, pero un poeta lo ve como un lugar que da cobijo, lo lleva a la parte emocional del que tiene un hogar o no lo tiene. Traduce el entorno que le inspira, la luz brillante, el claustro, la soledad o la compañía… darle un sentido nuevo a las cosas que nos rodean.

¿Y con qué elementos se inspira?

Los acontecimientos van cambiando a medida que pasa el tiempo. Sigue la forma, pero lees cosas nuevas en el fondo. No hay un horario establecido para la inspiración, lo puedes hacer con un amanecer o un anochecer. Con la edad voy un poco más tardía pero mis instrumentos me siguen acompañando por el camino. El bolígrafo y el folio vienen conmigo para observar lo que ocurre en la vida.

¿Todo elemento inspira?

No hay nada que no tenga un fondo que inspire. Aunque tengas que imaginarlo, toda persona tiene infinitos modos de vida. Una naranja por ejemplo la vemos del mismo lado pero tiene mucho que mostrar. Es como la riqueza humana, que por mucho que estemos hablando en esta mesa, nunca acabaríamos de conocernos del todo. Pero el misterio de la vida es así, asi que ¡aleluya!

¿Recuerda aún su primer poema?

Fue el de La Cajita. Era el primer poema que escribí y pensé en mi padre al hacerlo. Era un gran sabedor, pero no de lo que tenemos actualmente, sino del cante y el flamenco. Aquellos rasgos que amaron tantos poetas de la Generación del 27. Aquel poema se produjo una tarde que paseaba por el campo de mi abuelo. Vi un hombre pasar a través de la alambrada con una cajita en su hombro. Era delgado y estaba vestido de luto. Le pregunté a mi madre qué llevaba encima. Mi pobre madre, apurada, me contestó diciendo que llevaba a su niñito y lo iba a poner entre flores. Aquello me impresionó mucho y por la tarde escribí: Llevó la cajita hasta el cementerio, no sé cómo pudo aquel hombre llevar tanto peso…

La autora es consciente de los tiempos catastróficos por los que atraviesa la sociedad. FOTO: PABLO URIEL

Han pasado muchos años desde aquello pero los frutos han llegado en forma de reconocimientos.

No hay premio que me merezca. Yo disfruto con lo que hago, ¿me premian por hacer lo que disfruto? Para mí escribir es la gloria diaria. Pero si quieren que siga, pues lo seguiré haciendo, todo lo que venga será bien recibido.

De toda su obra poética ¿Cuál es la que más le ha marcado?

Es complicado escoger alguna en concreto pero me quedo con Los Niños Interiores. Hay temas en ese libro que me duelen al leerlos. Aquel libro está muy cerca de mi alma porque hay sucesos muy fuertes. Creo que es la obra más madura de todas y la que puede entender todo el mundo.

¿Hace falta madurez para entender la poesía?

Mucha. Lo primero de todo es leer y posteriormente formarse cada día. Estar diariamente informado de lo que sale publicado y se escribe en el ámbito poético. Si nos formamos poco a poco, todo será más productivo. El que se crea que todo va a llegar por poseer un estilo o una imaginación, se equivoca. Cada día se descubre algo nuevo y eso hay que aprovecharlo.

"No hay premio que me merezca. Yo disfruto con lo que hago"

Actualmente uno mira alrededor o la televisión y solo se descubren malas noticias.

Es tremendo lo que vive la sociedad. Me parece terrible lo que está ocurriendo. Me acuerdo de aquel poema tan desgarrador de César Vallejo que decía: Oh amor, Oh amor, catástrofe, qué hundimiento del mundo. Es un desastre lo que está ocurriendo ahora. Te quedas asombrada por lo que pasa la sociedad. César Vallejo en aquel poema se dirige al amor porque no comprende que algo tan terrible pueda existir en la vida.

¿Y que se lea más puede salvar a la sociedad?

La economía manda, pero por Dios que no se vaya el buen gusto de la persona. El placer de la lectura es un verdadero gozo. Me esfuerzo a diario para que no perdamos lo esencial de los placeres. Hace años éramos unos pacatos pero ahora se está perdiendo la ilusión. Juan Ramón Jiménez decía: Y no es nadie la ilusión, pues que no nos la quiten. Realmente están ocurriendo cosas tremendas en los niños, las mujeres o en los hombres. Hay que renovarse y dar alegrías que son el placer espiritual.  Que no digan que los escritores no valen para este siglo ¿Cómo que no valemos? Damos ilusión a través de la palabra.

¿La poesía tiene vida propia?

La poesía tiene que tener su rima y medida. No hay un poema libre del todo. Los versos tienen una música, unas notas esenciales para que tenga vida. El poema debe saber de otro lenguaje, no coloquial como el nuestro. Como explico en mi último libro, La nunca poseída, una antología que he sacado con el Centro Andaluz de las Letras. La poesía no se puede poseer, porque a veces sale como ella quiere. Se puede expresar pero no dominar.

¿Es necesario llevar la poesía a los colegios?

Por supuesto. Al niño hay que educarlo en la poesía desde chiquitito. Los padres en sus casas deben hacerlo también. Hay que impregnarse del arte de la poesía porque es una asignatura para la vida. Para la lucha material de la vida lo es la economía pero para el espíritu de los hijos debe de ser la poesía.

¿Cuáles son los autores en los que se refugia?

San Juan de la Cruz y Juan Ramón Jiménez. Hay una gran infinidad de poemas y autores que me han gustado. Miguel Hernández por ejemplo, sus sonetos es uno de los trabajos que más admiro.

¿Por qué decidió cambiar Madrid por Cádiz?

Los estudios comunes los hice en Madrid. Por aquel entonces, mi familia y mi novio se trasladaron a Cádiz. Soy marinera de corazón. Por mucho que en Madrid hubiera mucha vida literaria, preferí venirme a mi tierra. ¿Qué iba a hacer yo allí? No me arrepiento, porque Cádiz me ha dado mucho y aquí he hecho cosas que seguramente allí no las habría realizado.

Finalizando con Andalucía, ¿qué le han reportado Cádiz y Jerez?

Son dos amores completamente diferentes. Jerez es mi tierra, el lugar en el que nací y donde toda mi familia está enterrada. Allí nací y tengo los recuerdos de una infancia extraordinaria. Allí fui a mi primer colegio y donde recibí mi primera lectura. Cigüeña fue la primera palabra que logré leer. Que complicada era por aquel entonces. Cádiz ha sido mi vida, mi amor, mi mar… Sin el mar me faltaría un elemento muy importante. Le debo mucho a Cádiz.

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