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Joan Cabero cumple su primer año como director del Coro del Villamarta, una temporada enriquecedora a nivel profesional y personal: "Ha sido un año de inmersión".

La música ha sido la sombra que siempre le ha perseguido. Logró tocar su alma casi al nacer, siendo hijo de una profesora de canto y de un director musical. Eso sí, la vida de Joan Cabero (Barcelona, 19 de noviembre de 1956) transcurrió de manera normal en su niñez: “Jugaba con las típicas pistolitas de juguete porque no fue hasta los 18 años cuando decidí dedicarme completamente a la música”.

Está a punto de cumplir un año como director del Coro del Teatro Villamarta, una experiencia que le ha enriquecido no solo como docente musical sino también como persona. En su currículo destaca haber sido durante cuatro temporadas director titular del Coro Nacional de España (CNE) y subdirector del Coro del Teatro Real de Madrid durante dos. Entre otros logros ha conseguido también colaborar con el Coro de la Universidad Politécnica de Madrid, con el Coro de la Comunidad de Madrid y con el Coro de la Orquesta Sinfónica de Galicia. 

Aficionado a la montaña y a la naturaleza, vive su día a día con el sonido de las notas musicales acompañando el ritmo de su respiración. “La música ha sido mi elixir del amor, es dedicarte profesionalmente a la afición que has tenido siempre”.

"La música ha sido mi elixir del amor, es dedicarte profesionalmente a la afición que has tenido siempre”

Marido y padre de cinco hijos, reconoce que no echa de menos las calçots de Cataluña, su tierra natal, y sí confiesa que “las cebolletas que tenéis en Jerez por los meses de enero y febrero salen muy bien asadas de la misma manera que las calçots”. Junto a su esposa, también está al frente de su hogar porque como dice, “somos una dirección colegiada”. Joan Cabero abre las puertas de su casa a lavozdelsur.es para conversar sobre su primer año en Jerez y acerca de los retos para el futuro del Coro del Villamarta.

Se va a cumplir un año desde su llegada al Coro del Villamarta. ¿Cómo valora su primera temporada?

Ha sido un año de inmersión. Es el año en el que se conoce a la gente personalmente, al grupo, al teatro, en fin es una manera de ver cómo funcionan las cosas. He vivido este año de una manera especial para saber el funcionamiento de las cosas sin dejar de lado mi actividad como director. Tengo la misma dedicación de trabajo de siempre para que funcionen las cosas aunque ha sido un primer año de aterrizaje.

¿Tenía referencias del Coro antes de su llegada?

Había colaborado dos veces con el Coro, en Lucia di Lammermoor y en Macbeth.

¿Cómo se lo encontró cuando llegó?

Encontré un coro que estaba renaciendo. José Luis de la Rosa, su presidente, me comentaba que la agrupación se había desmembrado por la crisis. No había programación lírica en el teatro, y al no haber actividad pues la gente empezó a marcharse. Quedaba un núcleo importante de personas que aguantó firmemente la tormenta. Gracias a ese grupo de personas ahora estamos aquí, porque si no hubiera habido ese núcleo hubiera sido complicado rehacer de cero el coro. He visto a la gente con ganas y tienen ganas de más, se les ve entusiasmados a todos y yo también tengo interés en seguir haciéndolo crecer.¿De manera cuantitativa?

Una de mis metas es hacerlo crecer más en número pero también en calidad. Tenemos un número importante de personas pero me gustaría que pudiéramos llegar a una cifra de 65 a 70 voces, porque con ese número progresaríamos de una manera más fácil, se trabajaría mejor la voz, los componentes tendrían más seguridad. En definitiva se sacaría más partido a las voces. Poco a poco vamos logrando un mayor aprendizaje e invito a todo aquel que tenga conocimientos y ganas de cantar ópera a que se acerque al Villamarta. Seguimos buscando voces, especialmente contraltos y bajos.

¿Cuáles son las líneas que se marcan para crecer en calidad?

Para crecer de manera cualitativa eso va implícito en mi trabajo. Hacemos vocalizaciones donde trabajamos la voz, de esta manera cada persona va cogiendo un color vocal correcto. Preparamos las obras con archivos Midi para que se estudien. Son líneas de acción que sirven para que suba el nivel del coro.

Llegó procedente del CNE, ¿cómo vivió esa transición?

Los objetivos que me planteo cuando me pongo al frente de un coro son en cierto modo independientes del que tenga delante. Es decir, cuando un músico intenta montar una programación o un concierto lo que quiere conseguir con el plazo de tiempo que tiene y los músicos que tiene enfrente, es sacar el máximo rendimiento posible a todo. Uno tiene que adaptarse a la realidad con la que trabaja. El coro del CNE es profesional, son componentes que tienen una carrera de canto o músicos profesionales, por lo tanto el punto de partida allí es diferente al de aquí. Aquí por ejemplo trabajo más la labor de docente, hay que preparar otros aspectos como ensayos por cuerdas, archivos Midi para el estudio, me adapto a la situación pero los objetivos son los mismos.

¿No ha sido un paso atrás?

Jamás se podría comparar una situación a otra. Aquí es diferente, por ejemplo el repertorio que hacíamos en el CNE en cuanto a la calidad era absoluto porque allí son profesionales. Dirigir no es solo ponerte con una batuta, es comunicar, enseñar, crecer juntos. Si metes en un saco las dos cosas pues a lo mejor piensas que pierdes en algunos aspectos pero ganas en otros. El paso por Madrid o aquí, es enriquecedor en distintos aspectos. Aquí en Jerez no es solo hacer las obras o trabajar la calidad, es enseñar a las personas y eso me compensa mucho. Yo tengo una gran afición a la enseñanza pero no la he desarrollado mucho porque me he dedicado con anterioridad a la interpretación pero puedo enseñar, tengo experiencia y una carrera a mis espaldas.

¿Tan complicado es dirigir?

Sí y no. Es complicado ser físico atómico pero hay muchos. Es simplemente una cuestión de dedicación porque hay más cosas implícitas en el trabajo.

¿Lo tenía claro desde pequeño?

Me gustaba desde pequeño la música pero no tomé la decisión hasta los 18 años cuando llegó el momento de elegir la carrera musical. Pasé a dirigir de una manera ambigua, ya que cantaba en coros, estudiaba canto y poseía una actividad diversa que fui abandonando poco a poco para concentrarme en el canto. Abandoné el estudio de dirección aunque podría haberlo hecho al revés y no lo hice. El gusanillo de la dirección siempre me ha perseguido durante toda mi vida personal y artística. Por ejemplo, cuando salía fuera miraba las partituras de los directores, curioseaba... siempre estuve conectado con la dirección coral. En el año 2000, al volver de Alemania, fundé un grupo y decidí llevar la actividad como director a la par que llevaba la carrera de canto. La música ha sido mi elixir del amor, es dedicarte profesionalmente a la afición que has tenido siempre.

"Un director es un intérprete mudo desde el punto de vista real pero es sonoro porque suena lo que ha trabajado con anterioridad"

¿Echa de menos cantar?

Lo echo poco de menos, cantar me gusta pero prefiero dirigir. Después de tantos años curiosamente me he dedicado a la dirección. No ha sido por la enseñanza sino porque cuando uno dirige necesita estar activo con gente, es un trabajo en equipo y el trabajo con solistas es muy solitario. La mayor parte de trabajo con el solista es como el corredor de fondo, cada uno practica lo que tiene que hacer. Por otro lado, el trabajo de dirección tiene una faceta más comunicativa sobre todo en el aspecto de la preparación musical. En cuanto a la preparación, con el cantante solista, por ejemplo, tengo que hacer un trabajo de partitura mientras que él prepara el personaje de la ópera o zarzuela. El director tiene que atender a lo general, esa visión de trabajo general me gusta más que la propia del cantante. Una buena preparación requiere una dedicación seria. Cuando uno dirige, interpreta música, la hace. Un director es un intérprete mudo desde el punto de vista real pero es sonoro porque suena lo que ha trabajado él con anterioridad.

¿Ha seguido su estela musical alguno de sus hijos?

Sí. Tenemos cinco hijos de los cuales el mayor es pianista de jazz y la menor es chelista, actualmente estudia en Gran Canaria. Los demás eligieron otras vías igual de interesantes que la música porque si todo el mundo fuera músico el mundo sería un desastre. De este modo después de un concierto, si no hubiera cocinero no podríamos ir a cenar por ahí, así que tenemos un hijo cocinero. Para que el hijo cocinero pueda cocinar necesita máquinas y tenemos a una hija doctorándose en física, además de otro comercial. De esta manera sin comercio no hay intercambio, sin física no hay máquinas y sin máquinas el cocinero no puede cocinar, ni nosotros comer por lo que no habría música.

¿Qué espera de la nueva temporada del Villamarta?

Pues habrá tres producciones que son excelentes para un cartel. Otello de Verdi, Cavalleria Rusticana y Pagliacci. Han dado en el clavo y para el coro son para lucirse. Tenemos la gala lírica a inicios de octubre. Estoy contentísimo como director aunque me encantaría que hubiera otro título más, pero tenemos que dar una calidad y preservarla. Con el buen ritmo que llevamos podremos hacer más cosas.

¿Ve más afincada la música lírica en los teatros?

Sí, porque si hacemos una estadística de los teatros que tenían programación de ópera por ejemplo desde que empecé hasta ahora pues hay muchos más actos en la programación de cada lugar. Ahora se hacen 8 o 10 funciones. El Teatro Villamarta, por ejemplo, ha mantenido temporadas muy largas con óperas, que por cierto son muy valoradas en el resto de España. Ha pegado una subida importante. Lo que no ha subido tanto ha sido la actividad de la enseñanza musical, ha mejorado pero se ha avanzado menos.

¿Habría que trabajar más la cultura?

Desde luego que sí, no solo en cuestiones económicas, sino también en tener gente preparada para que ese dinero esté mejor aprovechado. Dotar de más elementos los conservatorios o escuelas. Estoy en contra de que la música salga de las escuelas porque la música es formativa. Forma al cerebro, al cuerpo porque es una cuestión motriz y forma al espíritu desde un punto de vista artístico. Es una materia que bien enseñada produce muchos beneficios.

"No necesito echar de menos algo en concreto para ser feliz, esto puede sonar un poco chocante, pero creo que la felicidad son las cosas profundas que uno guarda en su interior".

¿Qué tal le trata Jerez?

La gente es muy maja, me ha tratado muy bien desde que llegué. Los jerezanos son gente amable y abierta en el trato. La única pega es que hace demasiado calor en verano.

¿No echa de menos las calçots de su tierra?

Tengo la costumbre de no echar de menos nada. No necesito echar de menos algo en concreto para ser feliz, esto puede sonar un poco chocante, pero creo que la felicidad son las cosas profundas que uno guarda en su interior. Esas cosas las valoro y las necesito desde luego. Mi mujer y yo nos adaptamos muy bien a todas las circunstancias aunque si tengo la oportunidad de comerme unas calçots me las como. Aquí por ejemplo en Jerez tenéis unas cebolletas por enero o febrero que asadas de la misma manera están muy ricas.

Hablando de añoranza, ¿cómo vive todo el proceso independentista desde Jerez?

Lo vivo desde muy lejos porque hace muchos años que no vivo allí. Puedo entender a la gente que tiene aspiraciones independentistas pero será que yo he viajado mucho que no tengo esa necesidad. Comparto el fondo del independentismo pero no la forma. Esas reclamaciones que se hacen, y no me gustaría entrar en cuestiones concretas, porque una de las que no comparto es la económica, hay que ser solidarios. Puedo compartir algunas cosas pero no todas. Si yo viviera allí no votaría al independentismo. Pienso que no es una mayoría en estos momentos pero siempre ha habido países que se han independizado. Entiendo que si hay una votación mayoritaria ¿por qué no? Si hay una ley se cambia. Las leyes las hace el hombre, no hace las costumbres. Si se hicieran las costumbres el mundo sería una civilización sin ley, porque había una costumbre que decía que el más fuerte se come al débil y para que eso no ocurriera se hicieron las leyes. Personalmente es una situación difícil, no para la gente que vive fuera de Cataluña, sino para la gente que vive allí. No se rompe España, se rompe una situación política. Lo que ocurre en Cataluña ahora es que hay dos bandos los del y los del no. Si se llevaran bien y pudieran llevarlo con calma genial pero si eso les lleva a discutir o enfrentarse sería una mala situación. Tengo a un amigo por ejemplo inmerso en estas cuestiones y ya tiene un amigo que no le saluda por pensar de otra manera. La pena de esto es para los que viven en Cataluña.

¿Se puede ver desde un punto de vista musical lo que ocurre en el mundo?

No, hay cosas que no se pueden ver desde ese punto. El drama de Siria es terrible, es un ejemplo más de la triste historia del mundo. Sino crece y se hace más gordo ya podemos estar contentos, pero lo que pasa es que se veía venir porque creo que hay intereses políticos que determinan las acciones políticas que los países emprenden.

Sobre el autor:

Borja García Tejero

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