El futuro no es lo que era

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Twitter es la escombrera intelectual de nuestro tiempo. En dicha red social habita el odio y el resentimiento camina a sus anchas. 

El domingo pasado un programa de éxito estatal ofrecía un serial sobre los pesares tecnológicos. El presentador estrella nos trataba de convencer que la posmodernidad triunfó y con ella menguó nuestra humanidad. Enfocaba su diatriba contra el hombre sentado contra el móvil. Temible invento del diablo.

Precisamente, en esta columna acometí una transcripción falaz. A cuento de esto último, malinterpreté las palabras de mi buen amigo Barón de Charlus que me precisaba: "En redes sociales no predominan el romanticismo o el amor especialmente, no significa que hayan disminuido . La tecnología cambia; el hombre no".

Francisco Umbral escribía: "A veces, cuando menos lo esperas, te encuentras cadáver en los espejos de un salón o descubres en las grandes dramas la descarnadura del futuro. Hay días de la semana que sin saber por qué amanecen cargados de futuro, con gracia de anticipación en el aire y la luz. Como hay días que nos envejecen más que otros; días estos de noviembre, nublados, polvorientos - que no van para atrás ni para adelante pero que tampoco nos sitúan en el presente; son días en vía muerta, estancados entre el frío bostezante y la carbonilla de los seres. Pues bien, en estos días así, precisamente, el corazón se rebela y quiere escribir de esos otros días con alegría de futuro. La imaginación trae sus lámparas y todo se nos dispone a esperar anticipaciones de no sé qué primavera. Porque una cosa es el futuro de los periódicos, ese futuro apocalíptico y teledirigido, y otra muy distinta el futuro del corazón".

El mes pasado lo dedicamos a desgranar los años ochenta. Les citaba la película distópica Terminator como referencia de aquella década. Más allá del cine de acción con tintes futurista, su guión no es para nada sonso. Hace algunas semanas su creador, el director estadounidense James Cameron, comentaba al respecto: "Ha estado tambaleándose, intentando volver a encontrar su voz. Es fácil recordar con cariño las cosas que iniciaron una franquicia. Es difícil mantener una franquicia vigorosa y relevante. Creo que es posible contar una gran historia de Terminator ahora. Vivimos en una era digital, y Terminator, al final, va sobre nuestra relación con nuestra propia tecnología, y cómo nuestra tecnología puede devolvernos el reflejo: en la película, literalmente, es una forma humana que es un rival y una amenaza. Pero también, en las dos películas que hice, trata de cómo perdemos nuestra humanidad. En un tiempo donde la gente está siendo absorbida por su mundo social virtual... Siempre digo: si Terminator iba de la guerra entre los humanos y las máquinas, mira a tu alrededor, en cualquier restaurante o aeropuerto, y dime que las máquinas no han ganado cuando cada humano que ves está esclavizado a su dispositivo".

En nuestro día a día vivimos a un móvil pegado. Hace poco, aquí mismo, afirmaba con enrojo que Twitter es la escombrera intelectual de nuestro tiempo. En dicha red social habita el odio y el resentimiento camina a sus anchas. Por ello, es el medio predilecto de periodistas y políticos. No hay nada más desfasado que la actualidad. Tal vez sea el tuit lo siguiente más desfasado. Es por eso que mientras Donald Trump es investido cuadragésimo quinto Presidente de los Estados Unidos, la cuenta oficial de Twitter de la productora y canal Netflix publicitaba el estreno de la quinta temporada de House of cards. Tuiteros, héroes en las barricadas. El futuro no es lo que era.

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