“En Sevilla el arte contemporáneo se consume muchísimo, más de lo que pueda parecer”, asegura tajante Juan Cruz (Ciudad Real, 1986). Este galerista y dibujante llegó a la ciudad hispalense hace ahora siete años, después de idear un proyecto junto a su amigo y compañero de carrera, y ahora también familia -ya que está casado con su hermana- David Gallego. Los dos, procedentes de Castilla la Mancha, se decantaron por la capital andaluza para poner en marcha su proyecto personal, una galería de arte que hiciera las veces de multicentro cultural en el que vender desde ropa personalizada y de diseño a publicaciones de fanzines. Antes, llegaron a descartar otras urbes tales como Barcelona o Madrid, ya que descubrieron que el sur era la “sede idónea” para el desarrollo de esta idea empresarial dedicada al arte moderno. “Supusimos que había mercado y no nos equivocamos”, explica Juan. Aunque la balanza se inclinó hacia el sur gracias principalmente a dos motivos: tenían a varios amigos en la ciudad y Juan había estudiado un máster de Diseño de dos años en Granada, por lo que “ya conocía Andalucía”.

Fue así como nació el concepto de Diwap Gallery, situada en el número 40 de la personalísima calle Feria. El germen inicial, no obstante, se gestaría unos años antes, en un pequeño taller comunitario en el que solían trabajar ambos socios junto a algunos de sus amigos, también artistas. El Fresco, situado en la calle Escoberos, fue el trampolín que les sirvió para lanzarse a fundar su propio espacio, Diwap. Una subida de alquiler del antiguo local es lo que empujó a estos dos jóvenes a independizarse del resto del grupo.

El establecimiento, que hace esquina con Conde de Torrejón, antes era una popular tienda de telas que vendía al peso. Ahora, a medias galería, a medias estudio de diseño, actúa por las mañanas como agencia publicitaria. Desde un enclave estratégico de la larga calle que conecta Resolana con Regina, se exhibe al caminante a través de unas gigantescas cristaleras que dejan a la vista las distintas exposiciones que alberga en su interior. Un espacio inmaculado y aséptico tan solo interrumpido por el colorido de las obras de arte de pintores consagrados y en ciernes. Contrasta, sin quererlo, con la naturaleza de los comercios colindantes. Antiguas y pequeñas estancias donde uno encuentra ultramarinos, bares o tiendas de segunda mano.

Por su condición de agencia, precisamente, han trabajado con negocios vecinos, diseñando sus logos, llevando sus campañas o, incluso, poniendo en marcha una página web donde se recogen todos los comercios de calle Feria. “Los empresarios son grandes consumidores de arte e invierten en obras muy atrevidas para decorar sus locales”, asegura Juan. Rompe así con el cliché del coleccionista. “Hay dos tipos de consumidores de arte moderno. El más comercial, que invierte en obras más pequeñas para uso y disfrute propio, y el experto, el que conoce lo que compra, lo que vale adquirirlo y que lo hace como inversión”, indica. En la segunda acepción mete Juan Cruz a los empresarios pues, según cuenta, son capaces de invertir en obras y murales de cierta envergadura y dan “alta libertad a la hora de crear”.

Este “dibujante y defensor del grabado” como se define comenzó su idilio con el arte desde niño. Algo más tarde, en el instituto se decantó por formación en artes, aunque su idea era estudiar sociología. Así hubiera sido de no ser por el empeño de dos profesoras que con sus obras en la mano “dijeron que de sociología nada, que a Bellas Artes”. Fue así como Juan Cruz se cruzó durante su juventud más temprana con técnicas como el graffiti. “Es excitante saber que la obra que pintas tiene que estar perfecta porque no tienes mucho tiempo para retocarla”. Además, recuerda Juan, es algo “bonito porque sabes que es efímero y que no aguantará el paso del tiempo”, explica. Con respecto al polémico cartel de la Semana Santa de Málaga, dice el artista que al menos “es un paso adelante” y aunque el autor “ha tirado por la vía fácil”, es “algo diferente”, concluye. Al contrario de lo que piensan muchos artistas andaluces, Juan no entiende que lo único que triunfe en el sur sea el arte sacro. “Es el que grita más, pero solo eso”. Aprueba la Comunidad en consumo de arte según su criterio, ya que es una gran cantera de artistas consagrados “como Carmen Laffón o Luis Gordillo” y también de emergentes. “Yo destacaría las obras de Dhani Barragán, Alejandro Ginés y Mundo Ortiz”. Sin olvidarse de las mujeres, nombra a algunas como “Gabriela Ayza o Cristina Lama" a las que le augura un gran futuro.

El artista Juan Cruz posa en la galería Diwap El artista Juan Cruz posa en Diwap Gallery de Sevilla. / Fotografía: Setefilla R. Madrigal.

El salto de artista a galerista se lo dio la propia relación y experiencia acumulada con lo pictórico, además de “una gran capacidad para tratar con las personas”, fruto del trabajo de su familia, dedicados desde siempre a la hostelería. “Se me da bien la gente”, subraya. Toda su formación se la debe en parte a los compañeros de Birimbao Sevilla que le han “ido guiando y enseñando” en la disciplina de marchante de arte. Lo que tiene claro es que el artista no debe preocuparse por las modas, debe crear “con capacidad propia”, sin censuras de ningún tipo. Es el marchante el que tiene que encaminarse hacia esta vertiente. “Aunque es cierto que si el artista está ganando dinero va a desarrollar mejor su trabajo”. Hay muchos artistas que dedican poco tiempo a lo creativo. “Trabajan como camareros, pero son personas dispuestas a sacrificar mucho por crear porque esta profesión es enteramente vocacional”, asegura. No obstante, todo “sería más fácil si el arte no se tratara como un bien de lujo, del que se paga el 21% de IVA sea como sea la obra”, indica. En este sentido, “estamos a la cola de Europa y de algunos países del mundo”, dice.

Actualmente en Diwap Gallery se puede disfrutar de la exposición Buenas Noticias con obras de artistas como Coco Dávez, Zësar Bahamonte, Antonyo Marest y el colectivo de Boamistura. Para primeros de febrero la galería albergará una exposición de Miguel Ángel Cardenal, tras más de dos años sin exponer en la ciudad de Sevilla. En el horizonte, se extiende la apertura de un nuevo espacio solamente dedicado al arte para crear un programa mucho más “directo y concentrado”, tal y como explica el propio galerista.

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