Daniel Muñoz ('Artomático'): "He estado confinado en los últimos 35 años"

El polifacético artista audiovisual estrena disco, 'Kinética', a partir de sus muchas colaboraciones especialmente en el terreno de la danza flamenca, y espectáculo, 'Electroflamenco', en la XXI Bienal de Flamenco de Sevilla. "La cultura es un sector económico mucho más fuerte de lo que casi nadie imagina", afirma

'Artomático', nombre artístico de Daniel Muñoz Pantiga, en una imagen de archivo. FOTO: SILVIA CALADO
'Artomático', nombre artístico de Daniel Muñoz Pantiga, en una imagen de archivo. FOTO: SILVIA CALADO

Artomático es el alter ego artístico de Daniel Muñoz Pantiga (Madrid, 1970). Daniel, afincado en Sevilla, se dedicó durante muchos años, entre otras cosas, a capturar instantáneas de espectáculos, eminentemente flamencos, pues no en vano fue el fundador del añorado portal digital flamenco-world.com, un escaparate del arte jondo con impacto internacional, pero también a montar exposiciones propias, fotografiar portadas de discos y libros, y a publicar sus trabajos en páginas de revistas y periódicos de aquí y de allá.

Ha sido de unos años a esta parte cuando el camino de este polifacético e inquieto artista de la imagen y el sonido, licenciado en Comunicación Audiovisual, ha tomado el camino invariable de los escenarios, ya como Artomático, un versátil compositor, productor y creativo electro acústico que ha trabajado con algunos de los grandes nombres de la danza española y el flamenco más rabiosamente contemporáneo, caso de Antonio Ruz, Rafa Estévez, Nani Paños, David Lagos, Ángel Muñoz o David Coria.

Desperezado del largo confinamiento, Artomático acaba de publicar Kinética, un trabajo discográfico donde concreta muchas de esas composiciones y colaboraciones para las artes escénicas de los últimos años y donde da rienda suelta, estado de alarma mediante, al meticuloso proceso creativo que le caracteriza. En paralelo, el próximo 21 de agosto estará en el Monasterio de San Jerónimo, dentro de la XXI Bienal de Flamenco de Sevilla, para presentar Electroflamenco, una sesión de pura improvisación que comparte con los vientos de Juan Jiménez y el baile del futuro que encarna Paula Comitre, Artista Revelación del pasado Festival de Jerez. "Tengo un claro problema de exceso de curiosidad, tengo que conocer las cosas profundamente, a veces me angustio con todo lo que no conozco, pero cuando empiezo a controlar algo demasiado, a la vez le voy perdiendo interés. Esa es mi dinámica", reconoce en conversación con lavozdelsur.es.

En el principio de su carrera artística fue la imagen. ¿En qué momento ganó la batalla el audio a lo visual?

Creo que nunca. Empecé a tocar la batería en un grupo de rock, y luego era el típico que hacía las fotos y tocaba en el grupo. Me han gustado más o menos siempre las mismas cosas, casi desde pequeño, pero siempre vas aprendiendo y profesionalizándote. Eres siempre el mismo, pero por circunstancias haces más una cosa u otra, o tienes más exposición en unas cosas que en otras. Lo que está claro es que no podemos escapar de nosotros mismos.

¿Su primer flechazo flamenco?

¿De decir Dios mío…? El primer impacto es Paco de Lucía. Sin discusión. Me gustaba mucho la música y el rock, y con 14 o 15 años no conocía mucho el flamenco, pero un amigo me regaló el disco con McLaughin y Coryell, y dije: aquí hay un planeta. Ya luego vas tirando de la cuerda de la guitarra, ves que bailan y luego cantan… es un proceso lento de acercamiento… Pero me ha pasado con todo: me pasó que empecé a escuchar a Jimi Hendrix y vi que venía de Chuck Berry, y luego vi que este venía de Robert Johnson. Siempre en todos los géneros que me han interesado he ido viendo que no hay presente sin pasado. Tengo una enorme colección de música de todos los géneros y este mundo es infinito y da para todos los momentos. 

¿En qué momento estaríamos ahora, que banda sonora ilustra este tiempo tan extraño?

En Kinética hay una pieza sobre una variación de Satie y hay una dilatación consciente del tiempo. Este disco hay un espacio de mirada interna propia, meditativa. A partir de ese mirarnos a nosotros mismos podemos llegar a entender a los demás. Opinamos antes de saber y quizás debe haber un tiempo previo para el estudio, la calma, la reflexión... todos los días intento hacer un esfuerzo de conocimiento propio para entender a los demás.

https://youtu.be/nYMWT2102dk

Actúa en el Monasterio de San Jerónimo de Sevilla, ¿la creación artística tiene algo de monacal?

Ahora con el confinamiento bromeaba con compañeros y amigos diciéndoles que he estado confinado en los últimos 35 años. Siempre la cuestión de la creación es como muy privada, pasas horas en tu local de ensayo o en tu estudio. Antes de que nada se haga publico hay un trabajo privado en el que no sabes si tu obsesión va a alguna parte. Hasta que empiezas las etapas de compartir hay mucho tiempo de trabajo íntimo. Me encanta que se haga este concierto en el monasterio, es un sitio especial y con historia, y no vamos a ignorar el espacio. He leído mucho sobre el lugar y con Antonio Valiente, el iluminador, trabajamos sabiendo donde estamos.

Sale de una pandemia con un disco, 'Kinética', y un espectáculo en la Bienal de electroflamenco, ¿le ha cundido especialmente el confinamiento, no?

Después del estreno de Fandango, que fue en enero, venía el Festival de Jerez con la producción de Ángel (Muñoz), no tenía viajes y necesitaba 30 días tranquilos. Lo tenía planificado así y al final he podido hacerlo con toda calma. Kinética principalmente concreta material que tenía trabajado para distintos proyectos de colaboraciones de música para danza y audiovisual. Digo concreta porque a veces la versión del espectáculo de danza tenía variaciones y aquí hay ya mucha concreción y trabajo en el sonido, revisión en las mezclas... Casi todas las piezas han estado en algún espectáculo o audiovisual, y al final ha sido una manera de ordenar en un disco todo el material disperso que tenía y que más me gusta y más sentido tiene en un disco.

En cuanto al espectáculo, forma parte del proyecto Electroflamenco en el que planteo unas sesiones de improvisación en torno a ritmos y palos del flamenco, como ya se vio en Jerez hace unos años con Ángel Muñoz y Nacho Arimany, y en este caso, con el baile de Paula Comitre y el saxo de Juan Jiménez, lo planteo más como una intervención artística. Los ensayos consisten sobre todo en buscar puntos de encuentro, vocabulario, pautas y descubrir caminos más experimentales en torno al sonido. En todos mis trabajos se manifiestan pero aquí podemos profundizar en ellos, siempre con el referente de los palos flamencos. 

Puede sonar odioso, pero ponga una etiqueta a lo que hace…

Es muy difícil. Diría que hago música electrónica, creación sonora, pero algo cercano y muy pensado en relación a la escena y al lugar y al momento en el que estamos. Es un poco todo performance, tiene un poquito de la experimentación en el sentido de no limitarnos en los juegos artísticos que podamos hacer, sin estar atados a normas.

Daniel Muñoz, 'Artomático', en una de sus actuaciones. FOTO: SILVIA CALADO

Usted que viene de fuera, ¿tiene demasiado miedo el artista flamenco a la incomprensión?

En relación a mi trabajo con artistas de flamenco creo que he tenido la suerte de trabajar con personas muy generosas, bastante abiertas y con bastante amplitud de miras, y veo que son muy celosos de dar la máxima calidad y verdad en la expresión de su género artístico, pero al mismo tiempo son permeables. Nani Paños, Rafa Estévez, David Lagos, Ángel Muñoz, David Coria… son hiperconocedores de su género, estudiosos, ultra aficionados, admiran al flamenco desde el núcleo, desde el pasado hasta el presente, pero son permeables a entender otras disciplinas y puntos de vista artísticos. Se atreven a jugar en otros terrenos y no dejan de ser lo que son, caso del último disco de David Lagos, un disco muy de cante, pero simplemente rodeado de otros mundos o visto desde otros universos. Ya es suficiente maravilla ser un gran bailaor como Estévez, Paños o Ángel, pero son artistas sin miedo porque se esfuerzan mucho en conocer, y he tenido esa suerte. 

¿Qué es capaz de aportar la música electrónica a un género tan eléctrico y contundente per se como el flamenco?

Me permito, o me permiten los compañeros, salir a jugar al patio del recreo de otro colegio, te invitan, lo pasas bien, es una experiencia, pero también con muchos otros géneros, no solo el flamenco. En este trabajo se hace con otras pautas y estructuras, con otros tempos, y visto desde el punto de vista del sonido busco la expresión del flamenco que se consigue con otras herramientas. Profundizas en una soleá o en una seguiriya con otro sentido emocional. Me doy cuenta totalmente de que siempre he entendido más la música a través de artistas que de géneros o estilos, nunca me he parado a pensar dónde empieza o acaba un género y eso me ha pasado también con el flamenco, me parece imposible decir que te gusta la música y quedarte en un sólo género. Supongo que los artistas que navegan por los huecos y las fronteras son los que me despiertan más la curiosidad, quizás porque son menos predecibles.

¿Cómo se llega al silencio en medio de tanto ruido?

Una de las cosas que eché de menos en el confinamiento fue la naturaleza, pasear por el campo, más que la vida social. Si quieres escuchar los pájaros en el campo, tienes que pararte a escuchar. La escucha viene a partir de la pausa. El tiempo que tenemos podemos manejarlo más de lo que parece, muchas veces ralentizándolo. Somos seres sociales si nos contagiamos, como cuando vamos corriendo por el Metro sin saber por qué; pero a veces preguntarnos por qué corro es suficiente para ver las cosas de otra manera y, de repente, cambia todo.

¿Llegará el día en este país que, ante una alarma sanitaria, sea más fácil cerrar un bar que un teatro?

(Ríe) Es buena pregunta. Un teatro es un lugar super controlado en el que cada uno tiene asignada una butaca, y se estructura racionalmente al cien por cien. Lo normal es que la gente llegue en buen estado, a las nueve de la noche, y deseando compartir lo que hay en la escena con la gente de alrededor. Es un lugar muy seguro en una alarma sanitaria. No sé si quizás estamos en un gremio con menos fuerza para exigir en esta lucha entre los criterios sanitarios y económicos. La cultura siempre tiene que explicarse económicamente, según los baremos de hoy en día, para defenderse, ocupar un lugar, y poder presionar para ejercer sus derechos. Es una pena, pero si medimos por lo económico, la cultura es un sector mucho más fuerte y que genera mucho más empleo de lo que casi nadie se imagina.

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