Antonio Zoido, director de La Bienal de Sevilla: "Lo de la apropiación cultural es una tontería"

El máximo responsable del acontecimiento flamenco atiende a lavozdelsur.es y habla sobre el desamparo de los artistas, las nuevas tendencias en el género o la dificultad de afrontar el evento en plena pandemia

Antonio Zoido, director de La Bienal. Foto: Bienal de Sevilla
Antonio Zoido, director de La Bienal. Foto: Bienal de Sevilla

En uno de los años más complicados para el mundo del espectáculo que se recuerdan, Sevilla y Andalucía volverán a tener una cita con uno de los acontecimientos flamencos más importantes del mundo: la Bienal. A pesar de las dificultades organizativas que plantea un evento de esta magnitud con la amenaza del covid cercana y de la reducción en el presupuesto debido a los inevitables y devastadores efectos económicos que la pandemia está acarreando, el festival se celebrará como cada dos años y en las mismas fechas. Nombres como Rancapino Chico, M de Puchero, Rocío Molina, José Valencia, Anabel Veloso, María Terremoto, Patricia Guerrero, Antonio Canales o Estrella Morente dan lustre a la que será su XXI edición.

Antonio Zoido (Monesterio, Badajoz, 1944) es su director desde 2017, cuando fue nombrado con el consenso de todos los grupos políticos del Ayuntamiento de Sevilla y tras los convulsos meses que dieron con el cese de sus dos predecesores en el cargo. Aunque nacido en Extremadura, poca gente puede presumir de conocer mejor la cultura popular y tradicional andaluza, a la que ha dedicado varios libros, especialmente con Sevilla como telón de fondo. Zoido, tío del ex ministro del interior y ex alcalde de Sevilla, Juan Ignacio, se licenció en Filosofía por las universidades Gregoriana de Roma y Complutense de Madrid. También es un convencido antifranquista, de hecho, pasó tres años en prisión durante la dictadura. Ha militado en el PSOE, ha impulsado la Fundación Antonio Machado, es un apasionado de los toros y colabora con varios medios de comunicación.

Esta no es una edición más, ¿cómo se afronta la Bienal en un año como este?

Lo primero que nos preocupó es que se cayó todo el mundo del espectáculo y los artistas se vieron con una mano delante y otra detrás. Desgraciadamente, en España han tenido mucha más Seguridad Social los jornaleros del campo que los artistas. Aquí no existen para ellos regímenes especiales como puedan existir en Francia u otras partes. Lo más fácil para nosotros hubiese sido decir “este año no hay Bienal”. Aunque no había nada firmado, teníamos acuerdos que había que respetar porque una vez se habla que se habla con los contratados, ya empiezan a ensayar, a hablar con otros artistas que les van a acompañar… y me preocupaba dejarlos tirados. Por otra parte, la Bienal no es un acontecimiento flamenco más. Es en el que cada dos años se estrenan de Sevilla para el mundo la mayoría de las obras de arte escénico que son lo más florido del flamenco. Tenemos obras de baile como pueden ser El Salto, Fandango, Rocío Molina o Israel Galván y en cante con Pedro El Granaíno, el piano de Dorantes, Patricia Guerrero… obras que ya estaban en marcha, y dijimos esto hay que celebrarlo y en este lío nos metimos. Obviamente quitando cosas que por seguridad no se podían celebrar, como el concierto de Rafael Riqueni con la Orquesta Sinfónica de Sevilla o las cuatro noches del Hotel Triana porque eran eventos populares, de mucho público y tumulto. El resto de espectáculos los hemos mantenido. Al principio pensamos retransmitirlo todo en streaming, pero luego abrieron y aún así, hemos decidido que el 30% del público de la Bienal es de fuera, por lo que siete espectáculos, aún con público, se retransmitirán online desde la plataforma del Ayuntamiento y con la ayuda de Canal Sur, que se ha volcado con nosotros, todo hay que decirlo. Un ciclo lo hemos adelantado a agosto, porque al tener que desinfectarse todos los teatros, decidimos dejar el Alameda para ensayos y las obras que se iban a celebrar allí, decidimos llevarlas a este mes en el Monasterio de San Jerónimo, que ya fue sede de la Bienal en otras ediciones. Allí veremos un ciclo de flamenco futurista, electrónico, muy moderno.

Ahora que lo menciona, ¿por qué este año el Monasterio de San Jerónimo sí y el Teatro Maestranza no?

Pues porque con los problemas económicos que llegaron con la pandemia, el Teatro Maestranza es el más caro y nos habíamos quedado con menos presupuesto. Además de las obras que debíamos retirar a la fuerza, se encontraban dos que se celebraban allí, la de Riqueni con la Sinfónica y otra llamada La Divina Comedia. Eso, añadiendo que su arriendo es el más caro nos hizo prescindir de él. Por ejemplo, el Lope de Vega no cuesta nada porque es de titularidad municipal. Y a mí me encanta el Maestranza, pero daba un poco de pena que en un sitio tan grande con 1.800 butacas tuvieran que reducir y meter solo 600 personas. Me ha costado mucho renunciar a él.

El hecho de llegar la pandemia antes de anunciarse el cartel, ¿ha provocado que el Ayuntamiento les haya recortado luego a la hora de completarlo debido a la gravedad de la crisis económica que se avecina?

No, en absoluto. Los únicos espectáculos que no van a celebrarse son los que físicamente era imposible de llevar a cabo. La programación no la tuvimos que recortar excepto en estas cuestiones.

¿Y esta edición ha estado en algún momento cerca de no celebrarse?

En ningún momento ha estado cerca de no celebrarse. Hemos encontrado dificultades, eso sí. Pero no ha habido ni un solo día en el que hayamos estado dispuestos a tirar la toalla.

¿Se ha visto ralentizado respecto a otros años el ritmo de la venta de entradas debido a la falta de extranjeros o al miedo de la gente a acudir a ciertos espectáculos aún?

Desgraciadamente partimos con el handicap de sacar a la venta solo el 50% de las entradas. Pero ya hay 10 espectáculos con las entradas agotadas y hace poco he llamado para preguntar cómo iba este asunto y ya se ha vendido el 80% del aforo que podemos vender.

Si tuviera que definir el enfoque del cartel de este año, ¿cómo lo haría?

Creo que, fundamentalmente, lo que este año llega a la Bienal es una nueva generación con espectáculos propios. Tenemos estrenos con el espectáculo de Jesús Carmona, a Rocío Molina con dos estrenos o también con una espectáculo propio a Olga Pericet. Y luego viene gente nueva que llega pegando fuerte como Andrés Barrios en el piano, a Ana Crismán, que se ha atrevido a hacer un concierto de arpa flamenca… creo que lo que viene a la Bienal es una nueva generación con muchas ganas de batirse el cobre.

Diego Villegas, Los Voluble, La Tremendita... parece que la apuesta por el flamenco más urbano ya es firme.

Bueno, es el flamenco que hay. A mí particularmente es que La Tremendita me encanta, es una persona capaz de ser muy clásica, por ejemplo llevando a su espectáculo a Pansequito padre. Por un lado ella se enfrenta al flamenco más clásico porque lo ha mamado y está encastrada en generaciones flamencas, y a la vez de actuar con artistas con propuestas más modernas como Gualberto. Y este año llega con un espectáculo suyo. Pero si miras bien, sigue dominando en la Bienal el flamenco clásico, de Pedro El Granaíno, de Rancapino Chico o de Inés Bacán. El flamenco clásico sigue estando fuerte pero por otro lado y afortunadamente se están dando cada vez más obras de creación. Califato tres cuartos o irnos a lo que hacen M de Puchero, que se atreven con una obra tan moderna aunque hoy clásica como la de Enrique Morente y crear a partir de eso, es por lo que se explica que el flamenco siga vivo más de 200 años.

¿Se ha acostumbrado el público más tradicional a este tipo de espectáculos?

Hay de todo, como en el cine o el teatro. Esto lo que ha hecho es que se ensanche el público del flamenco. Si lo comparamos con manifestaciones de otras regiones de Europa, el flamenco es mucho más abierto y engloba a mucha más gente. Antes de Morente no había Morente, ni antes de Mairena no había Antonio Mairena. Unos estilos han ido creando otros estilos y por eso han dado lugar a unas manifestaciones tan grandes. Y después hay público para todo el mundo.

Se cierra con Estrella Morente, ¿era ese el lugar para Eva la Yerbabuena que no fructificó en las negociaciones?

Eva iba a actuar, pero al final intentó cambiar las condiciones y nosotros no teníamos ya para pagarle el nuevo caché. Pensó que podía reforzar su espectáculo, pero yo, ni le podía subir, ni impedir que se fuera. Pero no tuve que elegir entre nadie, se había llegado a un acuerdo y luego al querer reforzar su espectáculo, pidió casi el doble. Me hubiera gustado ver a Eva.

¿Por qué el flamenco tiene la imagen de un arte muy tradicional, a veces incluso demasiado?

Sobre todo porque tiene muchos años. ¿Qué idea llega a alguien de fuera de la literatura española? Cervantes, Lope de Vega… pero no quiere decir que no estén Cortázar, los surrealistas… El flamenco como arte escénico ha subido a la más alta categoría del arte. María Pagés o la propia Eva la Yerbabuena hacen giras por todo el mundo. El flamenco vive una época muy viva y diversa.

Muchos no lo tenemos claro todavía: los últimos años en el flamenco nacional, ¿demuestran que este necesita una Rosalía para llegar a los jóvenes o precisamente lo contrario?

Date cuenta de que el fenómeno Rosalía en el flamenco ya no existe y esto siempre ha ocurrido en el flamenco. Por ejemplo en los años 50 estaba Antonio Molina, gente de un estilo parecido que irrumpía en el flamenco, se pasaba un tiempo cantando lo que le parecía, se abría el fervor de muchísima gente y después pasaba y el flamenco seguía tal cual.

¿Cómo ve el director de la Bienal ese debate de los últimos años en torno a la apropiación cultural del flamenco, los gitanos, el habla andaluza…?

Eso de la apropiación cultural, sinceramente es una tontería. La cultura es una y dentro de ella las cosas están muy mezcladas. Porque, ¿el flamenco no viene de ningún lado? ¿no se ha apropiado también de cosas? Cualquiera que estudie flamenco sabe que se produce en una sociedad dividida entre gente partidaria de las modas francesas y gente partidaria de las castizas. Está producido por varias apropiaciones culturales.

Veo que para usted, entonces, no es exclusivamente de los gitanos.

Si lo que queremos decir es que pertenece a todos los gitanos del mundo, tenemos que decir que a todos los que no sean andaluces o del sur de España. El gitano hindú o el gitano rumano no tienen nada que ver con el flamenco. Por tanto, se puede decir que se produce gracias al gran papel de los gitanos andaluces pero donde siempre hay personajes que no son gitanos. Ellos cumplen un gran papel no solo en el flamenco, sino en la historia de todo el sur, porque eran donde estaban más arraigados. Y después se le ha echado mucha mitología.

¿Y qué espectáculo tiene Antonio Zoido anotado en su agenda a modo personal y que no se perderá por nada?

Yo todos, no me voy a perder ninguno. Y si a alguno no puedo ir, me iré al ensayo general. Evidentemente, los más singulares, como el de La vigilia perfecta de Andrés Marín, que se va a grabar entera y va a quedar en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo como la primera obra de arte visual flamenca que tenga el centro, pues eso me interesa y no sabemos ni cómo vamos a hacer para seguir el espectáculo a través de un día entero.

Sobre el autor:

Marco Herrera

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