No se puede salir a jugar un partido buscando el empate o la victoria.

No se puede salir a jugar un partido buscando el empate o la victoria. Únicamente basta con la goleada. La peor derrota es la de la batalla que no se da. Un hombre con coraje y sinceridad es una proeza de dignidad. Vivimos en una cortina de humo permanente. Empero, compañero, no debemos callarnos ni basta con decir. Debemos arrojar ciertos datos, alumbrar la razón con algo más que conocimientos adquiridos. Dadá nos enseña a amar y el amor nos lleva a Dios. Comprender que la vida va en serio no es cuestión de edad sino de actitud. Sabemos que la vida nos lleva por caminos raros y que nadie nos prometió un jardín de rosas. Conocemos la gloria y, por supuesto, también conocemos el fracaso. Y será el tiempo, ese juez implacable que da o quita razones, quien nos ajustará referencias y se deje golear.

Marshall McLuhan nos enseñó que la indignación moral es la estrategia tipo para dotar al idiota de dignidad. O dicho de otro modo: todo fenómeno organizado alrededor de la indignación está condenado al fracaso. Se indigna aquél que no conoce las causas que le producen el efecto indignante. Se indigna aquél que únicamente sigue las consignas de un producto mediático. El otro día discutían dos amigos si esta realidad tan pintoresca en la que vivimos sería más propia de Tom Wolfe y La hoguera de las vanidades o de John Kennedy Toole y La conjura de los necios. Hay que reconocer que es una broma macabra no exenta de gracia. Históricamente se asocia la idea de España con algo dramático y tal. Antonio Gala sentenció que nuestro país realmente es una falsa.

La derecha Jot Down va con Emmanuel Macron, el Albert Rivera francés. El otro día, en una reciente entrevista televisiva, el gran novelista Michel Houellebecq decía: "Hay un voto de clase. Yo voto a Macron. Soy demasiado rico para votar Mélenchon o Le Pen". Sublime, otra joyita del gran transcendente sátrapa. Mayo avanza firme y el verano subraya los cuadernos de los escolares. Cambia el clima y, llámalo brisa, únicamente nos queda prestar atención a las joyas de JJ. Cale. No todos podemos ser Vetusta Morla.

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