Un precoz cineasta 'amateur' jerezano concurría en todos los certámenes audiovisuales hasta que logró un Goya y 29 premios más por su ópera prima.

Cuando mi hermano Félix J. y yo enviamos ilusionados copias de nuestro modesto cortometraje El vigilante de la salamandra, basado en un relato de Félix, a algunos certámenes de vídeo —así, de cabeza, recuerdo los de Sevilla, Punta Umbría o San Roque—, siempre nos encontrábamos en el listado de participantes a un tal Juan Miguel del Castillo, de Jerez, quien de modo invariable tenía en liza al menos un cortometraje. Nosotros, que éramos neófitos en estas lides y reconoceríamos pronto nuestra ineptitud desviando nuestra creatividad al terreno literario, no podíamos dejar de asombrarnos ante la constancia del tal Juan Miguel, que parecía estar siempre allí antes que nosotros y, para colmo, era insultantemente más joven, si bien nunca llegamos a ponerle cara, como a esos pilotos que lideran la carrera y de los que sólo alcanzas a ver su estela.

Muchos años después, cuando la noticia del rodaje de Techo y comida hizo chasquear mi memoria y ponerle por fin rostro a ese precoz director, no pude menos que esgrimir una sonrisa a sabiendas de lo caro —en todos los sentidos— que está rodar una película en nuestro país. La treintena de premios cosechados hasta la fecha, Goya incluido, supusieron ya una alegría absoluta no sólo por la proximidad geográfica de Juan Miguel, sino por ser consciente de los difíciles años que habrá tenido que soportar a lo largo de su trayectoria y su valentía para no claudicar y perseverar hasta poder ver su sueño cumplido.

Parece difícil y casi superfluo decir algo nuevo de su ópera prima, aunque la realidad que describe nunca vaya a desmarcarse de la actualidad. Sin florituras ni artificios visuales, Del Castillo bebe del cinema más desnudo y descarnado, orillando sus escenas en el neorrealismo italiano, logrando un conmovedor retrato de una familia anclada en la desgracia más absoluta, un trozo de vida que nos entrega sin excesos ni lágrima fácil y con un final tan demoledor como necesario. Un final que demuestra que Juan Miguel ha superado ya la meta tan anhelada, pero también que seguirá pilotando porque así lo quiso casi desde su más tierna infancia.

Techo y comida puede verse en DVD y Blue-Ray, y en plataformas de cable y digitales de televisión.

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