Albert Boadella: "En Cataluña, si te quedas silencioso y en casa, dejas que la epidemia avance"

Albert Boadella, en el atril, durante la interpretación de su obra 'El sermón del bufón'. FOTO: JAIME VILLANUEVA.
Albert Boadella, en el atril, durante la interpretación de su obra 'El sermón del bufón'. FOTO: JAIME VILLANUEVA.

A pesar del corto trayecto que hay de su hotel al teatro Villamarta, Albert Boadella Oncins (Barcelona, 1943) ha dado un buen paseo por el centro de Jerez, una ciudad que visitó hace 20 años con Els Joglars. “Ha cambiado bastante. Las calles peatonales y las terrazas le han dado más vida”, considera. En el trayecto ha sentido el cariño de aquellos que lo han reconocido, al grito de “presidente”. Boadella, no obstante, se ha autoproclamado presidente de Tabarnia, un territorio ficticio que aglutina varias comarcas de Barcelona y Tarragona, nacido como respuesta al proceso soberanista, del cual el dramaturgo está totalmente en contra.

El catalán, persona non grata para los independentistas, presenta en el teatro jerezano El sermón del bufón, una obra en la que el artista se interpreta a sí mismo, realizando un repaso mordaz al oficio de comediante y ofreciendo una mirada irónica a su agitada vida con Els Joglars de fondo.

¿Qué es más difícil, interpretarse a uno mismo o representar un papel?

Interpretarse a uno mismo es una posibilidad muy complicada, porque uno en público no es nunca uno mismo, sino la imagen que otros han hecho de ti. Sí somos uno mismo en el baño o en sitios muy íntimos, pero en público todos representamos el papel con el que nos miran los demás. Intentar ser espontáneo y natural cuesta bastante, no es fácil. Me resultaba más fácil hacer personajes.

No obstante, en El sermón del bufón también representa a varios.

Cuento determinadas cosas de mi vida y hago varios personajes. Mi primer encuentro con Pujol, una entrevista que hice con el rey Juan Carlos…  Los interpreto y al mismo tiempo, en las explicaciones que doy, siempre lo hago en relación a personajes en los que soy yo mismo, pero el personaje de Albert  y el personaje de Boadella a veces discuten uno con otro. Me desdoblo en dos personalidades distintas.

¿Y qué diferencia hay entre Albert y Boadella?

Albert es el personaje que yo considero la parte de mí más vinculada a la infancia, a la idea de juego en la vida, a esos aspectos más picarescos y vinculados a los años de infancia y juventud. Boadella sería el hombre de muchos años que ha reflexionado sobre ciertas cosas y escoge más lo que hace, no tiene seguramente ya la facilidad de meterse en todos los berenjenales, selecciona más a las personas, las situaciones, y mira a veces con cierta crítica y crueldad cosas que ha hecho en la juventud.

Sin embargo, menudo berenjenal en el que se ha metido con Tabarnia...

Pero eso ya forma parte, diríamos, de las medidas de urgencia que hay que tomar en el territorio donde yo nací. Medidas higiénicas y preventivas. En Cataluña hoy, si te quedas silencioso y en casa, dejas que la epidemia avance. Hay que hacer algo forzosamente y, cada uno en la medida de sus posibilidades, y yo como hombre de teatro aprovecho para defenderme y defender una sociedad en Cataluña democrática contra el régimen que nos quieren imponer.

En la obra se dirige al público desde un púlpito. ¿En muchos momentos pareciera que habla como presidente de Tabarnia?

Hay cosas de actualidad que a veces coloco en la obra y tengo referencias de Tabarnia, pero eso son cosas más anecdóticas. Básicamente cuento con tanta franqueza y con tanta profundidad como puedo las cosas que han sido esenciales en mi vida, desde mi infancia hasta ahora, y que han marcado la vida de un artista que ha tenido sus enfrentamientos con determinadas instituciones de la sociedad, a veces con instituciones militares, religiosas, políticas, cuento el porqué de todo eso y lo cuento a través de las proyecciones de los mejores momentos de mis mejores obras y que construí para Els Joglars.

Entre esas cosas esenciales de la vida a las que se refiere, también hace mención a su fuga a Francia, tras ser sometido a un consejo de guerra por presuntas injurias al Ejército. ¿Cómo recuerda aquel capítulo?

Efectivamente cuento cuando fui encarcelado por una obra de teatro y cuento cómo escapé. Fue bastante espectacular, porque los militares me pedían seis años y medio de cárcel y yo no estaba dispuesto a pasarlos. Primero fingí una enfermedad y luego me fugué. Cuando uno se encuentra en una situación de esas, la adrenalina funciona al máximo y el ingenio se agudiza. No podía concebir pasarme seis años en la cárcel. Antes querría pegarme un tiro a estar en la cárcel.

Hablaba antes de su parodia de Pujol. ¿Y una de Puigdemont?

Puigdemont aparece solo un momento en la obra, pero es un hombre que no es ni un personaje, es una especie de creación artificial, un hombre sin una personalidad muy definida y sin ideología, porque hoy está en el nacionalismo, pero mañana puede estarlo en otra cosa. Es un aprovechado, un frescales, no tiene dimensión de personaje. Pujol ha sido un hombre nefasto para Cataluña, pero tenía una personalidad, un personaje algo perverso, pero era algo. Puigdemont no es nada, es un instrumento del nacionalismo.

Boadella, gesticulando durante la obra. FOTO: JAIME VILLANUEVA.

¿Gustaría esta obra en la Cataluña de hoy?

Supongo que a una parte del público sí, pero otra se acordaría de mis antepasados. Yo no actúo desde 2006 en Cataluña y dejé de tener toda clase de conexión con los medios de comunicación catalanes, no he hecho ni una sola entrevista a ningún medio catalán ni he ido a ningún acto público. Me hicieron el boicot y después el boicot lo he hecho yo. Habría gente que supongo que me maldeciría. Hay cosas que son muy duras para el nacionalismo catalán.

¿Se ha perdido el sentido del humor en Cataluña?

Cuando hay un régimen nacionalista, cuando se sustituye la religión católica por una laica que es el nacionalismo, y eso lo sabemos también por el País Vasco, el sentido del humor no abunda, porque es una sacralización de todos los fetiches del nacionalismo. Hay sentido del humor para ridiculizar a España, pero no para ridiculizarlos a ellos.

¿Es separatista la cultura catalana?

La cultura es lo más separatista. El 90 por ciento es independentista. Y mi gremio, el teatral, el 99 por ciento, porque siempre va buscando las subvenciones. ¿Y quién es la repartidora? Pues el gobierno catalán…

¿Sigue diciendo usted que es de Murcia cuando sale de España?

A veces lo sigo diciendo, o que soy de Extremadura… Me da cierta vergüenza, porque en los últimos años se ha hecho el ridículo en Cataluña.

Recientemente estuvo en Bélgica. ¿Qué imagen ven de España y de la situación catalana?

La mirada sobre España en cualquier país extranjero en general es una mirada tópica, y uno de los tópicos es la de la dictadura. Salvo gente que ha estado aquí, el conjunto de los ciudadanos, sobre todo los alemanes, belgas, holandeses, incluso los ingleses, tienen una mirada de España completamente desviada y falsa. Francia ya es distinto, se acerca más a lo que es España, como Italia, lo comprenden con más facilidad.

Parece que estuviera más cómodo fuera de su tierra.

Hay una parte de mi vida que la paso en mi tierra, pero ahora que estoy en Jerez puedo decir que me gusta más estar en Jerez que en Gerona. Yo disfruto de los lugares de España y en la Cataluña actual no me siento cómodo y prácticamente ni paseo y, si lo hago, desde el jardín de mi casa hasta la estación del Ave.

Es triste que se haya radicalizado todo tanto.

A mí hasta me cortan árboles del jardín. Esto es lógico. Esta gente, como ven que no pueden salirse con la suya, cada vez se ponen más histéricos y obviamente se van a radicalizar más. Están viendo que no pueden realizar sus proyectos. A unos los meten en la cárcel y a otros les impiden hacer las cosas y responden con violencia. Eso va a seguir y a aumentar, pienso que deben sentir una cierta desesperación, porque creían que la república llegaría en octubre y ahora no son capaces ni de hacer un gobierno.

Oiga, ¿qué opina de otro catalán universal como Guardiola y de su acérrima defensa del procés?

Guardiola es un hombre educado nacido entre unas generaciones ordenadas. No hay que olvidar que esto le da una relevancia y que es jaleado por los nacionalistas. No tiene suficiente con haber sido un buen jugador de fútbol y un buen entrenador que ahora además quiere ser una gloria nacional. Su posición es la de un hombre que ha sido domado para eso, porque en Cataluña los han estado adoctrinado.

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