mediazuela
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Luis Mariano Fau lleva toda su vida volcado en las artes escénicas y la enseñanza. Lo que empezó como un proyecto pedagógico en la zona Sur de Jerez, se convirtió en un grupo teatral por el que han pasado más 90 de integrantes y entre 200 y 300 alumnos en todo este tiempo. Este viernes actúan en Guadalcacín.

Fue a principios de los 80. Ni siquiera recuerda bien la fecha, correría el año 81 o 82 del siglo pasado. Sí señala que surgió en un barrio marginal de Jerez, donde todavía había calles sin asfaltar y viviendas en barracones. Fue con un grupo de antiguos alumnos de San Telmo. Lo que empezó con "a ver si montamos alguna cosita", se fue complicando hasta que nació un grupo estable que descubrió el veneno del teatro. Así nació Teatro Mediazuela, casi por casualidad. Hace tres décadas y media de aquello. A Luis Mariano Fau, a sus 63 años, su alma mater, le pueden bailar las fechas pero lo recuerda como si fuera ayer. Este zaragozano que llegó a Jerez con 14 años, cuando su padre fue trasladado a trabajar en una de las azucareras que existían en la comarca, no ha entendido nunca su vida sin el teatro y sin la docencia, llegando a entremezclar ambas cosas en su día a día casi como si fuese un juego. "Fui hijo único y estaba acostumbrado a jugar solo, mi vida era el juego". Tras estudiar Magisterio, empezó a trabajar en un colegio de la zona Sur de Jerez casi en paralelo a la conformación de Mediazuela, que precisamente impulsó con chavales de esas barriadas de extrarradio. 35 años después, "no hay quién saque este veneno", confiesa, a punto de volver a subirse a los escenarios de su tierra adoptiva —"una de las cosas más maravillosas que me han ocurrido en mi vida ha sido Jerez, la gente que he conocido, las cosas que me han pasado..."— con su grupo de toda la vida. Será este próximo viernes, 22 de septiembre, para representar en el Teatro Municipal de Guadalcacín su última obra, Le petit cabaret.

En todo este tiempo, por el grupo han podido pasar más de 90 personas y hubo un tramo de ocho años en el que, en colaboración con el Ayuntamiento, pudieron participar entre 200 y 300 adolescentes, saltando unos 30 o 40 de ellos a estudiar Arte Dramático e incluso profesionalizándose. Años más tarde vendría el Aula Municipal de Teatro, un proyecto con muy buenas intenciones que naufragó por la desidia (qué raro) de nuestros gobernantes. "A niveles de trabajo educativo, trabajar en centros de la zona Sur para mí ha sido lo mejor, una pasada", asegura rotundo Fau al otro lado del teléfono. "En los años 80 presentamos un proyecto al Ayuntamiento y montamos una experiencia en San Telmo mediante la que el teatro se convirtió en una asignatura permanente en segunda etapa; durante la semana, cada curso tenía dos horas de teatro. Lo coordinaba Carlos Aladro (pedágogo, escritor e investigador teatral jerezano ya fallecido), al que conocí en un curso que impartió para profesores y que me enseñó que el teatro es una forma de vivir, aparte de subirte y bajarte del escenario". Junto con Aladro, "hicimos ferias por los pueblos, pasacalles, happenings... y al final, me he encontrado con los años a alumnos y alumnas de colegios como San Telmo o Torresoto que, por encima de todo, siempre se acuerdan del teatro y de aquellas experiencias".

A medio camino siempre entre lo amateur y lo profesional, "estuvimos a punto de dar ese salto" —rememora—, el trabajo didáctico de Fau, ya fuese en sus clases en el aula o en Mediazuela, siempre iba más enfocado al juego que a otra cosa. "Yo creo que a un niño subirlo a un escenario es romperle su espontaneidad, por eso yo siempre jugaba al teatro, subíamos mesas encimas de otras para imaginar un castillo, era un juego dramático, como la puerta al teatro. Y luego ya vendría con el tiempo la técnica, el maquillaje, la escenografía... pero lo importante era que disfrutasen. El mejor actor es un niño y lo he comprobado, y es que se lo cree de verdad". En los colegios en los que trabajó, el teatro siempre ha estado presente y siempre dejó huella en el alumnado. "Lo he utilizado como metodología de aprendizaje, siempre pensé que la escuela tenía que ser un sitio lúdico, con una metodología activa. Hay una disciplina del deber y otra del deseo, el camino de entrada al conocimiento es la emoción y las cosas se aprenden si las deseas. A partir de ahí, intentas conocer e intenté que en la escuela nos lo pasáramos bien aprendiendo, y creo que aprendimos todos porque ellos también me enseñaron a mí".

Un inmenso trabajo que le ha llevado, como él mismo reconoce, "a grandes satisfacciones pero también a darme de bruces con la realidad". Jubilado como docente tras una grave enfermedad, ahora también es miembro del movimiento pro escuela pública de la Marea Verde en Jerez, por lo que nunca ha parado de luchar contra los corsés y las grietas del sistema educativo español. "No voy a dejar de ser educador nunca. Creo en la escuela y en la educación y ahora lo que teenemos es una portería; tiene que cambiar y hay que luchar por ello". Una pelea que, en muchos casos, se libra contra gigantes. "Estamos en un proceso involutivo a niveles culturales, a la gente no le interesa la cultura porque tampoco se le hace llegar. Ahora actuamos en Guadalcacín, es una pedanía de Jerez donde todos los viernes y sábados hay programadas cosas culturales durante todo el año. ¿Y en Jerez por qué no? No tengo ni idea. Hoy si a la gente la sacas de las fiestas y el bar, no hay nada más. La cultura está llegando a los niveles más bajos que hemos conocido. La televisión solo muestra reality shows y la cultura está muy dejada de la mano de Dios, si es que existe".

Después de muchos años en activo, con parones, otras épocas con mayor pulso, Mediazuela vuelve a tener signos de vida. Ahí sigue Luis Mariano Fau al pie del cañón, acordándose de su maestro Carlos Aladro y de otra "gente maravillosa con la que me he cruzado en la vida como Juan de La Zaranda, que me precipitaron también a que el teatro fuese lo más importante para mí". "Ha habido vacíos en Mediazuela, en los que he estado solo o con más gente, pero parados muy poco, tres o cuatro años. Y ahora mismo tenemos esto y pensamos seguir haciendo cosas". ¿Y qué es Le petit Cabaret? Lo explica su autor: "Es un espectáculo que hemos hecho rememorando el ambiente de los antiguos cabaret, y también es un homenaje al teatro de variedades de Manolita Chen, y aquel sitio maravilloso que es El Plata en Zaragoza. Esto tiene ese puntito de lo prohibido, de cuando eras joven o adolescente y estabas ante puertas cerradas por las que no podías pasar, lo que siempre tiene magia".
En el montaje hay música, diversos sketchs, ilusionismo, un monólogo interpretado por una vedette... "Hablamos de todo e incluso de lo que hay detrás de bambalinas, donde no todo es risa... Lo hicimos tres veces en una nave en Jerez para 500 o 600 personas y funcionó muy bien, con un toque íntimo, con el aspecto de un cabaret con sus mesas, sus velas...", explica el director de Mediazuela. Una compañía por amor al arte en la que, como reconoce Fau, "aquí prácticamente no ganamos nada, sino que, como el veneno del teatro no sale del cuerpo, pues qué vamos a hacer si no sabemos hacer otra cosa". "Si fuese por lo económico, desde que empecé con el teatro estaría siempre en pérdidas, pero esto hay que hacerlo. Tengo claro que siempre he necesitado hacer teatro y también que, aunque me encantaría montar a Shakespeare, hay que hacerlo siempre con mucho amor y dignidad, en función de lo que tienes, con quiénes cuentas. Salvo cuando mi cuerpo fue maltratado por la enfermedad, que aun así hacía cosas, no hay manera de que deje esto".

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