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El pasado viernes se celebraba el 75 aniversario del nacimiento de John Lennon. Resulta paradójico que la mayor figura musical del siglo XX, junto a Bob Dylan, hoy día sea tan olvidada. Lennon queda al hospicio de una marca, se ha vuelvo un santo muerto, una camiseta, un símbolo de paz. ¿Y su obra? Menospreciada. Esta broma macabra de los tiempos nos lleva a constatar una certeza: a los músicos populares en activo únicamente se les pregunta por política, sociedad y demás cotilleos. No hay espacio para difundir su trabajo. Apenas quedan publicaciones capacitadas para analizar sus lanzamientos.

Tampoco ayuda demasiado que en el mundo del arte (o mejor dicho, en sus mentideros) haya tanto navajeo, tanta envidia y tantos hipócritas más ocupados en ver quién la tiene más larga que en currar. Conductas especialmente execrables en literatura. Un ejemplo: la generación de Javier Marías era profundamente antiumbraliana y para Umbral éstos eran escritores angloaburridos.

Por otro lado, en este ambiente de 28.000 puñaladas que dirían los Marea, la relación laboral no inspira confianza. No creo que exista en la historia un escritor que no abrigue la sospecha de que su editor se está enriqueciendo a sus espaldas. Por igual, detestan a los críticos. Al respecto, Jack London en su Martin Eden dejó estas estimables palabras sobre los eunucos de la literatura en un pasaje memorable: "Los directores de suplementos culturales, los que reseñan libros, esos son los que quisieron ser escritores y no llevaban el fuego divino de la creación en sus venas y, por eso, vigilan celosamente las puertas de la literatura como cancerberos para que nadie de valor se cuele en ellas".

Todo torna a final de tragedia griega. Nada es tan tragicómico como ver danzar a las marionetas representando personajes de Sófocles. No olvidemos que en el mito de Tristán e Iseo se hablaba del amor como un elixir que lleva esencias de muerte. Para José Ortega y Gasset el amor venía a ser una invención de los poetas. Fernando Arrabal llegó a decir que "los hombres buscan el peligro y el juego. Por ello quieren a la mujer: el más peligroso de los juegos. Frente a ellos el justo desea morir de amor. Yo mismo deseo morir de amor".

No es de extrañar que Lennon fuese asesinado por un fan a las puertas de su casa. Al fin y al cabo, ya saben, “ni siquiera Jesús convenció a todos a quienes conoció, y era Dios”.

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