Vuelven los cupones a las calles: "Parece que sea el lunes después de aquel viernes que cerró todo"

La madre de Conchi pasó el coronavius; Inma era enfermera hasta que comenzó a vender, aunque le habría gustado ayudar en primera línea... La recuperación de los sorteos llenan las calles de historias

Conchi, en Diego Fernández Herrera, vendiendo para los primeros sorteos del coronavirus. FOTO: MANU GARCÍA
Conchi, en Diego Fernández Herrera, vendiendo para los primeros sorteos del coronavirus. FOTO: MANU GARCÍA

Cuando el 14 de marzo la rutina se fue al garete, poca gente levantó la voz en favor de los cuponeros. Todo tiene explicación. Porque cuentan que han seguido dados de alta, y acaso han perdido el complemento por las ventas, la comisión, pero no sus salarios. A otros trabajadores de ONCE sí les afectó un ERTE. Los cuponeros, este lunes, volvían a la normalidad. Aún no están todos los que estaban en aquellos primeros días de marzo de la antigua normalidad, pero el dibujo de las calles se va completando con los rascas, los saludos y los números recordados, los de siempre.

Inma, en su kiosko de la ONCE. FOTO: MANU GARCÍA

Pepi Diosdado tiene su puesto a los pies del Minotauro, la rotonda junto a la estación de trenes, y en el habitáculo del kiosko (antes verde, ahora marrones) comparte espacio con su marido, que la ayuda con la labor diaria. Ella es ciega de nacimiento, y lleva 20 años en el oficio. "Gracias a Dios estamos todos sanitos en casa". Es de Jerez, y quienes aparecen los primeros días son los de siempre. "¿Los turistas? Qué va". Ni de otras provincias. "Hoy sale el siete". Dice que este confinamiento ha sido por una cosa muy "fuerte" para toda España y toda Europa. Lo importante era la salud, aunque echaba de menos repartir premios. "Ya se ve la gente con alegría", dice.

A unos metros, en Diego Fernández Herrera, confluyen tres cuponeros. No paran. La gente tenía ganas. Ha sido un día bueno. Los saludos después de tanto tiempo pasan a un "te he echado mucho de menos" para Conchi Racionero, conquense establecida en Jerez, que sitúa su puesto portátil delante de una consulta sanitaria, la de los antiguos ATS. Choca los codos con una mujer entre septuagenaria y nonagenaria acompañada por su cuidadora. "Llevo 13 años. Desde que te asignan un sitio, pasa un tiempo. Por la tarde estoy en un kiosko, en Santo Domingo, al principio de calle Sevilla". Ella está muy contenta de volver. "La gente se activa, me da mucha alegría, tenía ganas de volver".

Conchi ha pasado un confinamiento, como poco, delicado. Su madre, en un pueblo de Cuenca, se infectó. "Me decía que si había sobrevivido a que la trasladaran en helicóptero, seguro que sobrevivía a esto". Y lo hizo, no sin angustias vividas por la hija en la distancia. El diagnóstico llegó al segundo día del estado de alarma. "Tuvo seis días muy mal, pero luego ya...". Le interrumpe una compradora. "Tienes monedas ahorradas de estos meses de no comprar, hay que volver a comprar, ¿eh?". Hay dos tipos de cuponeros: los que no han dado nunca un gran premio y los que ya lo han dado. Hay un tercer grupo que no hay que mencionar. Ella es de los primeros. Por ahora, no hay que darle importancia. Es joven, ya llegará. "Me ha dado mucha alegría ir a desayunar donde siempre, ver a la gente... Yo vengo a trabajar con alegría, porque si no...". No paran de llegar apostadores con sorteos por comprobar de hace semanas. También se están devolviendo los comprados no jugados. Una mujer, con el trajín, entrega para comprobar un cupón de 2014. Éste o llevas por la Virgen", le dice Conchi. "Ay, es verdad, la Virgen guapa".

Los primeros sorteos del coronavirus, este lunes. FOTO: MANU GARCÍA

A una esquina de la plaza de las Angustias, Inma, que no es invidente sino que tiene problemas de espalda. Un tumor benigno en la columna con el que nació y que le fue detectado antes de los 30. Era enfermera, pero aquello creció y creció y cuenta que no se le nota mucho porque lo lleva con alegría. "Sí, me habría gustado estar ayudando. Yo estaba dispuesta si me llamaban, aunque ya en la lista estaré muy atrás", dice. Anoche le costó dormir, "con el miedo a que no viniera. Llevo toda la semana como si hubiera cerrado aquel viernes y hoy fuera el lunes". Dentro del kiosko se siente segura. "Me sabe mal por los compañeros que están en la calle, pero la ONCE nos da de todo, guantes, mascarillas, geles, una pantalla...". Cuenta que aquel viernes estuvo a punto de dar el cuponazo. Por un número, "el de en medio". Habría sido otra historia la de Jerez. Los mismos problemas sanitarios, alguna familia un poco más curada en lo económico. A los de confianza -y a los periodistas- les da el 15, "que es el que va a tocar". Sin paga.

Frente al monumento de La Chati, cantaora fallecida que preside Madre de Dios, está Julia Poley. Lleva 23 años. Roteña, ha pasado por Ubrique, Setenil y Zahara de la Sierra hasta llegar a Jerez. La gente tiene ganas de que se abran los kioskos, dice. Ella lleva el 14. De todos los números que ha vendido , el suyo, el preferido, porque es de números bajitos. Lo máximo que ha dado es 600 euros. Está contenta, porque quiere que le toque a sus fijos, bien repartido. El confinamiento lo ha llevado mal, porque estaba acostumbrada a salir. "La calle, la gente, ir a desayunar cada mañana... Eso se echa de menos". El confinamiento lo fue viendo venir, mejor que muchos que hoy presumen de ellos. "Bajó, bajó un poquito esa semana". Y la gente tiene ganas. "La gente estaba acostumbrada a pasar, charlar, ver el número... Lo de ver los kioskos cerrados no les ha gustado, te lo digo".  Y que no falten.  Ronda la hora del sorteo. Quizá ésta sea la última crónica. Que salga el 15. O el siete. Si no, habrá que seguir con la normalidad. La nueva, que desde este lunes, se parece un poco más a la antigua. Vuelven los cupones.

Si has llegado hasta aquí y te gusta nuestro trabajo, apoya lavozdelsur.es, periodismo libre, independiente y en andaluz.

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Ahora en portada
Lo más leído