Va por las abuelas de El Torno

Una exposición fotográfica, impulsada por Vacas & Ratones y financiada por Diputación de Cádiz, recoge una treintena de imágenes de mujeres del primer pueblo de la nueva colonización de España

Rosa Melgar, Antonio Macías, Pepa Sánchez y Carmen Fernández, vecinas de El Torno.
Rosa Melgar, Antonio Macías, Pepa Sánchez y Carmen Fernández, vecinas de El Torno. Autor: Manu García

Con una revista en las manos, apoyada en una pared de ladrillos vistos, y vestida con camisa oscura y falda gris, aparece Josefa Sánchez Mendoza en una fotografía realizada en 1960, en pleno franquismo. La imagen es la elegida para la portada de una exposición que quiere homenajear a las mujeres de la Entidad Local Autónoma de El Torno, situada a poco menos de 20 kilómetros del núcleo urbano de Jerez. “Me he enterado que salía en la portada cuando estaba todo montado”, dice Josefa, a la que todos llaman Pepa. “Yo mandaba fotos mías al alcalde, pero al principio me daba vergüenza, porque soy muy mala para hablar”, comenta al inicio de una charla durante la que se desmiente esta afirmación.

El edificio que alberga el actual Ayuntamiento de El Torno fue el primero completo de nueva planta que edificó a partir de 1939 el Instituto Nacional de Colonización (INC), un instrumento de la política agraria franquista que sustituyó la redistribución de la tierra impulsada por la República. Con la muestra Abuelas de El Torno en clave covid. Siete décadas de torneras en imágenes se quiere destacar la labor de las mujeres de la ELA, a las que se puede ver en una treintena de fotografías en las que aparecen en chozas, disfrazadas por carnaval, de romería, recibiendo a un ministro franquista de visita en El Torno o embutiendo chorizo, por poner algunos ejemplos.

“Vivíamos en chozas”, recuerda Pepa Sánchez, nacida en 1948 y criada en El Torno. “No recuerdo mucho la choza”, confiesa, “porque era muy pequeña”, aunque sus primeros años de vida los pasó en una. Su infancia, de la que tiene “buenos” recuerdos, estuvo marcada por el fallecimiento de su madre, cuando ella tenía apenas doce años. “Mi abuela y mi tía se vinieron a vivir con nosotros”, explica. Su padre, criador de cerdos, hacía matanzas todos los años, por lo que asegura que nunca llegaron a pasar hambre. 

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Pepa Sánchez con su marido, al fondo, y Rosa Melgar, en primer término, durante la charla. Autor: Manu García

“Nos daban el subsidio, con eso comprábamos tela para la ropa, que mi hermana y mi tía cosían”, añade Pepa. Ella, la cuarta de ocho hermanos, cuenta con orgullo que fue la primera persona que se bautizó en la iglesia de la pedanía jerezana, y que ha trabajado mucho en el campo —“me gusta más que la casa”—, después de dejar sus estudios con catorce años. “Antiguamente estudiaba el hombre, a la mujer no le hacía falta estudiar”, agrega con pena. Además, recuerda con nitidez las dos visitas que hizo el dictador Franco a El Torno. 

Esas visitas también las recuerda Rosa Melgar, nacida en 1940, y vecina de El Torno. “En la primera tenía siete años y en la segunda, doce. Me acuerdo hasta el vestido que llevaba, que lo estaba estrenando”. Ella comenzó a trabajar muy joven, con doce años, en la tienda familiar que luego se reconvirtió en bar y que ahora regenta uno de sus hijos. Rosa es una enamorada de la ELA. “El INC hizo muchos pueblos, pero El Torno es único”, asegura. “Hicieron las calles anchas porque pensaron en poner jardines y llamarle Ciudad Jardín, pero había otros pueblos con nombres parecidos. Eso lo cuenta mi hermano en un libro que publicó hace años”, asegura.

Rosa es la cuarta de siete hermanos, y aunque que no han pasado “necesidades” —“lo que faltaba era porque no lo había”—, le queda la espinita de no haber podido estudiar. “He llorado mucho por ir al colegio. Mis hermanos han sido muy estudiosos, uno tiene hasta tres carreras, pero estudiaban los varones. Yo tenía que ayudar a mi madre en la casa y me quitó del colegio”, recuerda. “Nos repartíamos e íbamos un día y medio al colegio cada hermano”, cuenta. “La maestra le decía a mi madre que mi hermano iba a más a la escuela que yo. He llorado por ir. Siempre me ha gustado mucho saber”, señala. Por eso, con el paso de los años, fue a la escuela nocturna, “pero eso teníamos que pagarlo”.

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Carmen Fernández, viendo la foto en la que aparece junto a su madre. Autor: Manu García

“No lo hemos pasado mal, siempre hemos estado trabajando”, dice. Ella, al campo, no ha ido nunca. Cuando se casó, fue de viaje de novios a Barcelona. “Siempre dije que me tenía que haber quedado”, expresa, como hicieron muchos vecinos de El Torno que buscaron suerte en Cataluña o en las islas Baleares, sobre todo. “Mi madre murió y mi padre no se iba a quedar solo”, asegura Rosa. Pero volvieron porque tenía que hacerse cargo de la tienda. Así ligó su futuro a la localidad, donde ha residido toda su vida. A ella la enseñaron a coser, hacer de comer y otras tareas domésticas en las formaciones impartidas por la Sección Femenina de la Falange, que se encargaba de instruir a las mujeres en ser “buenas patriotas, buenas cristianas y buenas esposas”.

La madre de Carmen Fernández, Estrella Salido, se puede ver en dos fotografías de la exposición. En una sale con sus tres hijos, muy pequeños, y en otra embutiendo chorizo, en una imagen de los años 60. Carmen nació en El Torno en 1949 cuando sus padres apenas llevaban doce días en la ELA. Llegaron procedentes de Jaén, en un tren que tardó 24 horas en hacer el trayecto. “Mi infancia la recuerdo bien, he sido feliz”, asegura quien es la mayor de diez hermanos. “Ayudé a mi madre a criarlos”, dice sin titubear, aceptando su rol. 

Carmen fue al colegio hasta los nueve años, y no siempre, porque los hermanos se turnaban para ir a coger algodón. "Mi ilusión era ser matrona o médico”, asegura, por eso recogía todos los prospectos que se encontraba en la calle y los leía con fruición. “Me encantaba”, añade. Pero tuvo que trabajar, mucho. “Ahora veo a gente cargando camiones de remolacha, me acuerdo y digo: ¿yo he podido con eso?”, expresa Carmen, quien recuerda cómo de pequeña sus padres los dejaban solos en casa mientras trabajaban con una tableta de chocolate. “A la una os coméis una onza cada uno, metida en el pan, nos decían, y ese era el almuerzo”. El Torno, dice Carmen, no lo cambia “por nada”, “ni por un chalé en la Sierra. Vivo muy feliz. Hay buena gente, me quiere todo el mundo y yo los quiero a todos”. 

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Carmen Fernández, con Francisco Javier Fuentes, alcalde de El Torno, en el centro cultural de la localidad. Autor: Manu García

El alcalde de la ELA, Francisco Javier Fuentes, asegura que la idea de la exposición era “dar un homenaje a algunas de las primeras pobladoras de El Torno”, para así darle voz a unas mujeres que “no la tuvieron en su época”. “Merecían que se les reconociera su esfuerzo, su trabajo y que se viera la diversidad que había en aquellos tiempos”, agrega Fuentes, quien ha ido recopilando imágenes enviadas por vecinas que luego han formado parte de la muestra, que también tiene imágenes del Archivo Fotográfico del Instituto Nacional de Colonización, aunque éstas con un claro carácter propagandístico.

“No retocamos las fotos, por eso hay algunas en las que se ve la marca de haberse guardado dobladas o una que tiene escrito un nombre, todo eso cuenta cosas”, explica la periodista Sonia Arnaiz, de la agencia Vacas & Ratones, impulsora del proyecto. El centro cultural de El Torno, ubicado en la calle Real de la ELA, acoge la muestra, inaugurada con motivo del Día de la Mujer Rural, que puede visitarse con aforo limitado, y que se realiza gracias al convenio suscrito con el área de Igualdad de la Diputación de Cádiz.

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