La soledad y la tristeza entre los adolescentes se han disparado en apenas cuatro años, mientras disminuye su capacidad para mantener la atención y concentrarse. Así lo refleja un barómetro de Unicef España, que constata un deterioro del bienestar emocional entre los jóvenes de 12 a 16 años y advierte de una caída sin precedentes en los indicadores analizados.
El porcentaje de adolescentes que dicen sentirse solos pasó del 7 % en 2018 al 13,6 % en 2022, mientras que quienes manifiestan sentirse tristes aumentaron del 11,9 % al 19,5 %. En paralelo, la proporción de quienes aseguran poder prestar atención y concentrarse siempre o casi siempre cayó del 55 % al 40,1 %. Los datos forman parte del informe "La salud mental sí es cosa de adolescentes. Hablemos de bienestar y estigma", elaborado por Unicef España en colaboración con la Universidad de Sevilla y presentado este jueves en la capital andaluza.
El estudio señala que, aunque el bienestar emocional se mantuvo relativamente estable entre 2006 y 2018, en 2022 empeoraron todos los indicadores. La caída fue especialmente pronunciada entre las chicas: su bienestar descendió 0,41 puntos entre 2018 y 2022, frente a los 0,14 puntos registrados entre los chicos. Según el barómetro, el deterioro entre las adolescentes se ha triplicado respecto al observado en ellos.
"Que la soledad y la tristeza aumenten entre adolescentes de 12 a 16 años es algo que debe preocuparnos y apelarnos a actuar", ha advertido María Ángeles Espinosa, presidenta de Unicef España. La responsable ha pedido no caer en el alarmismo ni simplificar el problema, pero tampoco ignorar una situación que condiciona tanto el presente como el futuro de los jóvenes.
La importancia del nivel económico
El nivel económico familiar también aparece relacionado con el bienestar. En 2022, los adolescentes de hogares con menos recursos registraron una puntuación de 3,26, por debajo de los 3,4 de quienes pertenecían a familias de nivel medio y los 3,54 de aquellos con un nivel alto. Pilar Ramos, profesora de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla y directora del barómetro, ha destacado el descenso en la percepción que los propios adolescentes tienen de su bienestar emocional.
El informe analiza además el estigma asociado a los problemas de salud mental, entendido como actitudes de rechazo, prejuicio, distanciamiento o paternalismo. Uno de cada tres adolescentes presenta niveles elevados de estigma, especialmente entre los chicos. Cuanto mayor es este, menor es la capacidad para reconocer los problemas y las experiencias perjudiciales, así como la disposición a solicitar ayuda profesional. Por el contrario, quienes muestran menos estigma identifican con más frecuencia dificultades de salud mental en familiares y amistades.
Ante estos resultados, Unicef España reclama situar la salud mental adolescente en el centro de las políticas de infancia, con unidades multidisciplinares y una mayor participación de los jóvenes en las decisiones públicas. También propone reforzar la prevención del acoso en los centros educativos, facilitar el acceso a las figuras de orientación y reducir las listas de espera sanitarias, garantizando profesionales con formación específica en salud mental infantojuvenil desde la atención primaria.
La soledad y la tristeza entre los adolescentes se han disparado en apenas cuatro años, mientras disminuye su capacidad para mantener la atención y concentrarse. Así lo refleja un barómetro de Unicef España, que constata un deterioro del bienestar emocional entre los jóvenes de 12 a 16 años y advierte de una caída sin precedentes en los indicadores analizados.
El porcentaje de adolescentes que dicen sentirse solos pasó del 7 % en 2018 al 13,6 % en 2022, mientras que quienes manifiestan sentirse tristes aumentaron del 11,9 % al 19,5 %. En paralelo, la proporción de quienes aseguran poder prestar atención y concentrarse siempre o casi siempre cayó del 55 % al 40,1 %. Los datos forman parte del informe "La salud mental sí es cosa de adolescentes. Hablemos de bienestar y estigma", elaborado por Unicef España en colaboración con la Universidad de Sevilla y presentado este jueves en la capital andaluza.
El estudio señala que, aunque el bienestar emocional se mantuvo relativamente estable entre 2006 y 2018, en 2022 empeoraron todos los indicadores. La caída fue especialmente pronunciada entre las chicas: su bienestar descendió 0,41 puntos entre 2018 y 2022, frente a los 0,14 puntos registrados entre los chicos. Según el barómetro, el deterioro entre las adolescentes se ha triplicado respecto al observado en ellos.
"Que la soledad y la tristeza aumenten entre adolescentes de 12 a 16 años es algo que debe preocuparnos y apelarnos a actuar", ha advertido María Ángeles Espinosa, presidenta de Unicef España. La responsable ha pedido no caer en el alarmismo ni simplificar el problema, pero tampoco ignorar una situación que condiciona tanto el presente como el futuro de los jóvenes.
La importancia del nivel económico
El nivel económico familiar también aparece relacionado con el bienestar. En 2022, los adolescentes de hogares con menos recursos registraron una puntuación de 3,26, por debajo de los 3,4 de quienes pertenecían a familias de nivel medio y los 3,54 de aquellos con un nivel alto. Pilar Ramos, profesora de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla y directora del barómetro, ha destacado el descenso en la percepción que los propios adolescentes tienen de su bienestar emocional.
El informe analiza además el estigma asociado a los problemas de salud mental, entendido como actitudes de rechazo, prejuicio, distanciamiento o paternalismo. Uno de cada tres adolescentes presenta niveles elevados de estigma, especialmente entre los chicos. Cuanto mayor es este, menor es la capacidad para reconocer los problemas y las experiencias perjudiciales, así como la disposición a solicitar ayuda profesional. Por el contrario, quienes muestran menos estigma identifican con más frecuencia dificultades de salud mental en familiares y amistades.
Ante estos resultados, Unicef España reclama situar la salud mental adolescente en el centro de las políticas de infancia, con unidades multidisciplinares y una mayor participación de los jóvenes en las decisiones públicas. También propone reforzar la prevención del acoso en los centros educativos, facilitar el acceso a las figuras de orientación y reducir las listas de espera sanitarias, garantizando profesionales con formación específica en salud mental infantojuvenil desde la atención primaria.
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