Un director de un colegio de Jerez, ante el caos de la vuelta a las aulas: "¡Así no se pueden hacer las cosas!"

Raúl Pizarro, responsable del CEIP San Juan de Dios, un centro de compensatoria en una zona vulnerable, y padre de dos alumnas, pide más recursos. El docente no garantiza que "ante una situación crítica lleve a mis niñas" a clase

Raúl Pizarro, en una de las entradas del CEIP San Juan de Dios, en días pasados. FOTO: MANU GARCÍA
Raúl Pizarro, en una de las entradas del CEIP San Juan de Dios, en días pasados. FOTO: MANU GARCÍA

"Soy director de un colegio y llevo cinco meses con las carnes abiertas... ya no me queda mucha más capacidad de resistencia. Mi cabeza es una olla a presión a punto de estallar, ahora más que nunca. ¡Así no se pueden hacer las cosas! A estas alturas ni lágrimas me quedan, no puedo seguir esperando. Si sigo es por los chicos y chicas, por las familias, por los compañeros que confían en mi... ¿cuánto tiempo podré resistir la incertidumbre?" Fue un desahogo en la red social Facebook, pero este texto personal, escrito por Raúl Pizarro, jerezano y director del CEIP San Juan de Dios, resume muchas de las sensaciones e inquietudes que embargan a día de hoy, a apenas unas semanas para el regreso a las aulas en tiempos de pandemia, a la comunidad educativa andaluza.

Entre una cosa y otra, Pizarro acumula cuatro años en la dirección de un colegio público de compensatoria, junto a una de las barriadas más desfavorecidas de Jerez. Su perspectiva ante el inicio del curso no es sencilla. Habla como director, pero "también como maestro y como padre de dos niñas que también tienen que ir a otro colegio público de la ciudad". "Respeto el miedo y la preocupación de los padres porque yo también los sufro; por mucho que sea legalmente obligatorio traer a los niños al colegio, si la ley provoca desconcierto habrá que ajustar la ley a lo humano, no que esté por encima de las personas. Mi mujer también es docente y no te puedo garantizar que ante una situación crítica llevemos a las niñas, yo como padre también lo haría...".

En medio de la bronca política, de los dimes y diretes, de la amenaza de huelga, de los padres que se declaran en rebeldía si no hay seguridad en las aulas, del inusitado interés de la Junta de Andalucía por renunciar a las competencias en materia educativa para ponerlas en manos de un mando único estatal, Pizarro insiste: cada colegio es un mundo. En el suyo, por ejemplo, no hay problema de ratios, ni de espacio. Sobre todo, es un problema de recursos. "Lo que me gustaría es que hubiera recursos y medios para tener un curso seguro. No quiero ver a un niño que no se cambia la mascarilla en tres días y no tener otra que darle, o que los maestros acaben sacándolas de su bolsillo. Hemos aportado equipos tecnológicos y digitales durante el confinamiento porque nos dieron tabletas en mayo, la respuesta siempre parece que es tardía".

Sobre qué administración debe tener las competencias, el director del San Juan de Dios lo tiene claro: "Da igual el que gestione, lo que hace falta es poner recursos sobre la mesa. En mi caso, por ejemplo, solicité invertir en programas en temas de material tecnológico, pero no me puedo gastar más de un 10% de los gastos en recursos no fungibles... hay muchas posibilidades pero no hay recursos". Todo eso, en un colegio de especial atención por la zona en la que se encuentra."¿Somos conscientes del gasto en mascarillas que tienen las familias de nuestro entorno?, ¿qué recursos vamos a tener, cómo vamos a poder colaborar? Este gasto en una familia de cuatro niños es un gasto enorme... No todo el alumnado, pero un porcentaje es de origen inmigrante, refugiados sirios, o son familias atendidas por servicios sociales y con una problemática muy particular...".

Un aula del centro de la zona Noroeste de Jerez. FOTO: MANU GARCÍA

"Aquí no hay los mismos problemas de otros colegios, son pocos alumnos (unos 120), y es un centro de matrícula viva, unos entran y salen, por las condiciones especiales del colegio, en un zona de especial vulnerabilidad, con migración...", cuenta el responsable de un colegio en transformación en comunidad de aprendizaje. Esto no es cualquier cosa. Aquí en el aula también participan los padres y madres, y en general la comunidad educativa tiene una fuerte vinculación con el proyecto educativo del centro. La presencialidad, obviamente, es insustituible. "El que dice que se está haciendo demagogia con el temor de los padres y docentes a la vuelta a las aulas presencial, que es algo que queremos todos, pero con seguridad, creo que conoce muy poco la realidad de los centros educativos y no ha pisado más que de visita un colegio. No es lo mismo conocerlo por dentro que por informes o de oídas. El día a día es muy particular", relata Pizarro.

Al hilo lo de anterior, el docente denuncia que "hay muchos papeles, circulares, instrucciones, mucho humo, pero no está escuchándose bien la realidad de cada centro. Me preocupa mucho el tema de la higiene, el plan de contingencia. Considero, y creo que todos los maestros, que la educación debe ser presencial, pero si tuviéramos que cerrar el colegio, aquí y en otros colegios de compensatoria, la brecha cultural y digital sería enorme, habría una pandemia educativa, es imposible continuar los procesos de manera normal porque no hay recursos, no basta con mandar tareítas, la educación es una raíz, un sustrato que necesita mucho más. Mi desolación es total, tengo mucha energía y fuerza pero esta incertidumbre y desconcierto es absoluta".

¿Ha pensado en renunciar? "Se me pasa por la cabeza renunciar, pero también sería eludir responsabilidad. Un director no es nadie sin los maestros, los alumnos y las familias, y todo ha variado tanto que claro he pensado en la dimisión, pero sin ser héroe, porque no tengo madera de héroe, no puedo eludir responsabilidades". Entonces, asegura que lo primero que hará nada más regresen, si pueden, los pequeños al San Juan De Dios es "preguntarles cómo están, qué quieren de nosotros, cómo se sienten después de medio año sin ver a los compañeros y pisar un colegio. Eso lo tengo claro. Y todo van a ser nuevas normas, va a ser muy complicado para ellos. Es un choque muy gordo para ellos, esto ha sido muy duro. Imagínate los niños viviendo en los pisos de San Juan de Dios... si ya de por si había dificultades, imagínate con esto. Y digo San Juan de Dios porque me toca de cerca, pero ocurre en muchos otros barrios. A lo mejor los niños necesitan otro tipo de colegio, no el modelo que llevábamos hasta ahora".

Interior del CEIP San Juan de Dios. FOTO: MANU GARCÍA

Pizarro insiste: "Yo puedo tomar decisiones educativas, las sanitarias deben tomarlas los sanitarios". No conocen a la fecha en la que estamos el enlace sanitario, es casi imposible mantener a los niños y niñas en burbujas educativas que suenan muy bien en papel pero que no son reales, es difícil pensar en un pequeño de ocho años con mascarilla durante cinco horas seguidas, ¿de qué EPI se van a disponer?, ¿se refuerza la limpieza del centro?, cómo gestionar si hay un caso en el aula, "¿y si tiene hermanos o primos? Aquí tenemos muchos lazos familiares...". La incertidumbre es total. "¿Si un niño tiene fiebre qué se hace, se comunica al resto de las familias? Si se dice se crea una alarma extraordinaria... hasta que se diga si es o no covid se genera un estado de alarma peligrosísimo, y todo eso recae en nosotros", lamenta con máxima preocupación.

"Desde los equipos directivos —recalca— es imposible dar una respuesta si no la da la administración pública, somos los cojinetes. La ley nos obliga a asistir pero aquí habrá que ser comprensivos porque no hay respuesta por ahora, debería primar el sentido común y el sentido humano". Porque hay otra cuestión fundamental que él mismo expone: "La realidad es más humana y no tiene nada que ver con recomendaciones". Pone un caso con el que se emocionó en junio pasado. Un pequeño de cinco años entra en el colegio con su madre y, meses después de no ver a su maestra, se abalanza hacia ella para abrazarla. "El afecto, la socialización, la parte emocional, eso cómo se va a gestionar, eso desconcierta. Aquí hay maestros que son referentes para sus alumnos, cómo se frena ese contacto. Esto no es solo aprender a leer o a sumar, y eso no entra en protocolos ni en recomendaciones".

Más recursos, casi suplica. "Nos dijeron en mayo pasado que dotarían a los centros con material de protección, pero me dieron una caja con 50 mascarillas y dos botecitos de gel de 400 mililitros. A las maestras que se les niega la consideración de vulnerables, se les dice que deben tener sus propios EPI. Hemos hecho acopio básico para arrancar, porque los gastos de funcionamiento son limitados...", expresa sin tapujos un director que afirma sin temor que "nadie está haciendo nada para preparar los colegios. Veremos el hachazo y las lagunas que hay en los colegios nada más arrancar el curso. No se cuida lo más importante de esta sociedad, ya lo vimos con la sanidad pública".

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