Restos óseos en dos ánforas fenicias, "excepcional" hallazgo en la necrópolis de Carmona

Atribuyen a "colonas" fenicias o "indígenas asimiladas" dos tumbas "excepcionales" investigadas en Carmona

Restos óseos en dos ánforas fenicias, "excepcional" hallazgo en la necrópolis de Carmona. En la imagen, placa de marfil con motivos egipcios.
Restos óseos en dos ánforas fenicias, "excepcional" hallazgo en la necrópolis de Carmona. En la imagen, placa de marfil con motivos egipcios.

Un estudio acometido por investigadores de la Universidad de Sevilla atribuye a "colonas orientales" o más probablemente "indígenas asimiladas mediante matrimonios mixtos", los restos óseos depositados en dos ánforas de procedencia fenicia y de carácter "excepcional" en la Península Ibérica, rescatadas "completas y en buen estado" de conservación en la necrópolis de la Cruz del Negro, enclavada en Carmona (Sevilla).

En concreto, este estudio se titula Dos enterramientos singulares de la necrópolis de la Cruz del Negro (Carmona, Sevilla). Está firmado por los miembros del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad hispalense Francisco José García Fernández, Fernando Amores, Rocío Izquierdo de Montes y Ana María Jiménez Flores, quienes profundizan en dos inhumaciones "de cremación inéditas correspondientes a la fase más antigua" de dicho enclave carmonense.

En su investigación, estos arqueólogos exponen que la necrópolis de la Cruz del Negro se sitúa en una loma localizada a apenas un kilómetro del casco urbano de Carmona, tratándose de un yacimiento "referente para el estudio del mundo funerario en el ámbito de la llamada cultura orientalizante tartésica".

El yacimiento, en ese sentido, está caracterizado por fosas de cremación de los cadáveres acompañadas de urnas funerarias enterradas en el suelo conteniendo los huesos calcinados, según describen.

"Destrucción de parte del enclave en 1989"

En ese contexto, estos investigadores rememoran que a finales de 1989, unas obras acometidas en la loma del yacimiento "para la extracción de grava" supuso "la destrucción total de una parte de la necrópolis", cuyas primeras excavaciones arqueológicas se remontan al periodo comprendido entre 1897 y 1905.

Esta situación, según recuerdan los autores de este trabajo, "obligó a excavar de urgencia el sector menos dañado" del yacimiento, con lo que "esta desafortunada circunstancia permitió reabrir la investigación sobre la necrópolis con una metodología más depurada" que la usada en actuaciones anteriores.

Así fue, según estos investigadores, cómo las entonces nuevas intervenciones arqueológicas se sucedieron a lo largo de 1993, 1995 y 1997, siendo registradas "179 estructuras funerarias, dentro de las cuales fueron identificados 112 depósitos con restos humanos". Las 67 estructuras restantes corresponderían, según precisan, a "quemaderos o depósitos de ofrendas" relacionados con diferentes fases de los rituales funerarios.

"Dos enterramientos singulares"

Con esta base, la investigación promovida por García Fernández, Amores, Izquierdo y Jiménez Flores se centra en "dos enterramientos singulares de la necrópolis, tanto por su temprana cronología, como por su ajuar".

En primer lugar, los autores de este estudio señalan el "ánfora" funeraria asociada a la estructura número 25, un recipiente que contenía huesos de un individuo "de sexo y edad indeterminada", acompañados de "un amuleto de marfil" a modo de ajuar.

Según estos investigadores, se trataría de un ánfora "del tipo 2 de Sagona", una tipología de ánfora "poco representada en el Mediterráneo Occidental y mucho menos en contextos funerarios", siendo este ejemplar "el único completo de los conocidos en la Península Ibérica", con una cronología "que oscilaría entre mediados o más probablemente finales" del siglo VIII o inicios del siglo VII antes de la era actual, "para su uso y posterior amortización" en la necrópolis.

"Ojo de Horus"

En cuanto al amuleto de marfil, un "colgante en forma de plaquita", cuenta con motivos de tradición egipcia grabados en ambas caras de la pieza, como son el escarabajo Khepri, la pluma ma'at o el "oudjat" u Ojo de Horus. "Tanto la técnica de ejecución como la iconografía sitúan a esta plaquita entre la segunda mitad del siglo VIII y el siglo VII" previos a la era actual, según los autores de este estudio, que detectan una "coincidencia" cronológica respecto al ánfora funeraria y no apoyan la idea de que la pieza sea "una importación egipcia".

Y es que "la falta de pericia en la ejecución del 'oudjat' y su asociación a la pluma ma'at son infrecuentes en los talleres egipcios", que "rara" vez usaban el marfil para este tipo de producciones. "Es probable que estemos ante las primeras imitaciones llevadas a cabo por artesanos fenicios, en un momento muy anterior a la irrupción masiva de amuletos egiptizantes", consideran los investigadores.

Ya analizando el segundo de estos enterramientos "singulares" de la necrópolis de la Cruz del Negro, estos autores precisan que se trata de un ánfora que contenía restos óseos de dos individuos de "sexo indeterminado" y de entre 30 y 40 años en un caso y entre 20 y 30 años en el otro, además un fragmento de cristal de roca, un broche de cinturón de un garfio, un segundo broche similar al primero, un "plato revestido de engobe rojo" y una pequeña cuenta de oro, como principales elementos de ajuar.

Un ánfora "reparada" antes de su uso funerario

Se trata igualmente de un recipiente que los investigadores interpretan como "variante del mismo tipo 2 de Sagona", aunque de mayores dimensiones y con muestras de haber sido "reparado" antes de su uso funerario, con una cronología que en principio vendría a "coincidir" con la del ánfora anterior, toda vez que ambas ánforas constituyen "elementos excepcionales del tráfico de productos fenicios en Occidente".

Al respecto, los investigadores destacan que estas dos "ánforas de origen sirio palestino, destinadas al transporte de aceite o más probablemente de vino", se encuadran en un modelo de recipiente de difusión "minoritaria" en la Península Ibérica y en "la fase productora de las poblaciones fenicias extremo occidentales", siendo un hecho "excepcional" que ambos ejemplares de ánfora hayan sobrevivido "completos y bien conservados".

Para remarcar el carácter singular estos enterramientos, los autores de este estudio avisan de que "las ánforas no suelen usarse como recipientes cinerarios en las necrópolis tartésicas" y, en cualquier caso, "la reutilización de ánforas para uso funerario tampoco es muy habitual" en el ámbito del Mediterráneo Occidental.

"Una persona educada en la cultura oriental"

En cuanto a los ajuares, la investigación presta especial atención al amuleto "egiptizante" de marfil, señalando su "gran sentido simbólico" y su asociación a un ánfora de procedencia oriental, valorando la idea de que los huesos del enterramiento número 25 correspondan a "una persona educada en la cultura oriental o vinculada a las poblaciones fenicias a través" de un "matrimonio mixto", a lo que se agrega que estos amuletos "suelen estar ligados a enterramientos infantiles o de mujeres adultas".

Respecto a los dos broches de cinturón, estos autores explican que "aparecen generalmente vinculados a enterramientos femeninos" y señalan las "últimas investigaciones" según las cuales este elemento podría estar relacionado con "ritos de paso o con el acceso a un determinado estatus social, como es el matrimonio".

A tal efecto, los arqueólogos concluyen que estos enterramientos corresponderían a "colonas orientales que formaron parte de la primitiva comunidad asentada" en la actual Carmona "o más probablemente, mujeres indígenas asimiladas mediante matrimonios mixtos".

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