La mayor reserva del caballo cartujano del mundo: "Si esto estuviera en EEUU, sería Disney"

La Yeguada de la Cartuja-Hierro del Bocado cuenta con más de 250 ejemplares y es, por tanto, la mayor reserva de ejemplares de una estirpe que se mantiene desde mediados del siglo XV

Hierro original de la yeguada.
Hierro original de la yeguada.
Hierro con la C añadida por la familia Zapata.
Hierro con la C añadida por la familia Zapata.
Hierros de madera propiedad de los cartujos.
Hierros de madera propiedad de los cartujos.
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Uno de los pura raza de la Yeguada Cartujana.
Uno de los pura raza de la Yeguada Cartujana. MANU GARCÍA

A escasos kilómetros de Jerez, en dirección a Medina, hay que desviarse a la derecha en la salida número 4 de la autovía A-381 para, adentrándose un kilómetro y medio, llegar hasta el acceso a la finca Fuente del Suero, de 212 hectáreas de superficie. En estos terrenos se encuentra la reserva de caballos cartujanos más importante del mundo, entre 260 y 300 ejemplares que preservan la pureza de la estirpe cartujana en unas instalaciones que, desde mediados de los años 80 del siglo pasado, pertenecen al Estado.

En la puerta espera a lavozdelsur.es la responsable de Relaciones Externas de la Yeguada de la Cartuja-Hierro del Bocado, Patricia Sibajas, que conoce el recinto a la perfección, y que hace de guía durante el particular tour realizado por este periódico. “¿Por qué tiene el Estado una ganadería? Principalmente por motivos históricos”, señala Sibajas nada más comenzar, “porque está considerada una de las ganaderías más antiguas del mundo”. De hecho, los primeros datos escritos, que dan idea de la fundación de la yeguada, son de 1484, poco después de concluir la Edad Media. Los monjes cartujos del monasterio de Santa María de la Defensión, situado a poco más de un kilómetro y medio de la actual yeguada en línea recta, se convierten en los principales criadores de caballos de la época, de los más apreciados del mundo, además.

“De la cría de caballos en la zona no hay datos fijos, pero se sabe que en 1484 se trajeron yeguas desde el monasterio de la Cartuja de Sevilla al de Jerez, y ese año se toma como referencia”, explica Sibajas. “Los cartujos eran como una empresa, necesitaban dinero de diferentes líneas de negocio y una de las que eligieron fue la cría de caballos, porque había ganado y de calidad. Tenían mano de obra, tiempo y dinero, para qué más”. “Lo más sencillo para entender cómo funcionaba todo en esa época es ver la película de Los pilares de la tierra”, agrega.

La responsable de Relaciones Externas de la yeguada realiza estas explicaciones mientras se encuentra en el guadarnés de lujo, donde hay numerosos arneses, sillas y guarniciones con cientos de años de antigüedad. En otro edificio anexo están los coches de caballos que presentan a concurso y exhibiciones. “Este es el que utilizó Ainhoa Arteta en su boda”, explica Patricia Sibajas, señalando uno de ellos. “Pero que quede claro que no alquilamos coches de caballos, eso fue algo excepcional”, agrega. Todos los que se encuentran en la estancia datan del último tercio del siglo XVIII, e incluso hay una tartana que utilizaban los monjes para labores agrícolas a mediados de los 50 del siglo pasado.

Durante cuatro siglos, los monjes se encargaron de la cría de caballos cartujanos, hasta comienzos del XIX, cuando la Guerra de la Independencia originó el expolio del monasterio y los monjes tuvieron que huir, dejando a muchos de los ejemplares de la yeguada abandonados a su suerte, cayendo en manos de los franceses o de vecinos de la zona. Durante su paso a Portugal, donde pidieron refugio, les fueron requisados los caballos. “Hay varias fuentes que dicen que el origen del caballo lusitano viene de ahí”, apunta.

Uno de los coches del guadarnés de lujo. FOTO: MANU GARCÍA

Los monjes, sin embargo, lograron salvar medio centenar, que vendieron a Pedro José Zapata, un ganadero de Arcos que se hizo con los mejores ejemplares y que logró preservar la estirpe. Él fue quien introdujo un nuevo hierro a la yeguada, un bocado, que da nombre a la actual. Vicente Romero, hacia mediados del siglo XIX, compró parte de la ganadería a la familia Zapata y le añadió la C al Hierro del Bocado. “Lo hace francamente bien, él fue quien empieza a hacer visible el caballo de estirpe cartujana, presentándolo a concursos”, cuenta la responsable de Relaciones Externas.

Tras el fallecimiento de Romero, la yeguada pasó por diversas manos, desde el vizconde de Montesina, pasando por Roberto Osborne, Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio o Fernando C. de Terry y del Cuvillo e Isabel Merello —viuda de Terry—, hasta llegar a Rumasa, quien compró la bodega de Terry en 1981. Solo dos años después, tras la expropiación, pasó a manos del Estado. Desde 1990 la gestiona la empresa pública Expasa Agricultura y Ganadería, SA, que tiene en su poder desde 1998 el hierro original con forma de campana con el que se herraban los caballos en el siglo XV, cedido por los monjes cartujos.

Algunos de los potros nacidos en la yeguada en el último año. FOTO: MANU GARCÍA

“Somos centro de referencia, investigación y reproducción”, apunta Patricia Sibajas. “Hay que mantener la estirpe cartujana para no perder a esta familia”, dice. La Yeguada de la Cartuja-Hierro del Bocado, tras el parón por el confinamiento, retomará las visitas el 1 de agosto, con las pertinentes medidas de seguridad, aunque de momento hay “poca demanda”, cuenta la responsable de Relaciones Externas de las instalaciones. “Viene poca gente de la zona, el grueso de las visitas proceden de turistas extranjeros”. “El jerezano —añade— no es consciente de lo que tenemos aquí”.

Entre los más de 250 caballos cartujanos que hay en estas instalaciones se encuentra Animoso XXXI, el más veterano, nacido en 1995, “el abuelete”, lo llama Sibajas, “pero está en un estado físico estupendo”. A él y al resto de ejemplares masculinos se encarga de tenerlos en forma Samuel López, jinete jefe de la yeguada. “Hago las rutinas de entrenamiento, reparto el ganado entre los jinetes, preparo a los animales para concursos…”, relata. “Gracias al día a día vemos si la actitud de los caballos tiende a que sean sementales, o a prepararlos para competiciones”, explica, que pueden ser enganche, montura vaquera, doma clásica o pruebas deportivas. “Trabajar en esta yeguada es lo máximo, por historia, por la calidad de sus caballos, es un honor”, dice López, quien cuenta que los caballos cartujanos ya han vuelto a las competiciones tras el confinamiento, con muy buenos resultados.

Un jinete monta a un caballo en el picadero. FOTO: MANU GARCÍA

“Un cuadro de Velázquez está catalogado igual, administrativamente, que un caballo que nace aquí”, cuenta el jinete jefe de la yeguada, que tiene a tres ejemplares clasificados entre los 140 que aspiran a hacerse con el campeonato del mundo del caballo de Pura Raza Española que tiene previsto celebrarse el próximo mes de octubre. “Estamos mejorando al caballo y al sector”, expresa López, quien asegura que “todo el mundo se sirve de esta pureza para mejorar su yeguada, por eso el veterinario tiene que hacer encaje de bolillos, porque hay una consanguinidad muy importante”, explica. Y remata: “Las puertas están abiertas para todo el mundo que quiera conocerla, porque esto es de todos”.

La Yeguada de la Cartuja-Hierro del Bocado tiene varías fuentes de ingresos, que pasan por la venta de ganado, la venta de esperma o embriones, pero también por transferencias embrionarias para exportar crías. Los programas desarrollados en ella cuentan con la última tecnología y medidas sanitarias preventivas para garantizar el control y la máxima calidad del proceso de gestación, manteniendo así la pureza del caballo cartujano.

“Como tesoro étnico esta ganadería es insustituible. Es factor determinante para mantener el prestigio del caballo español en el exterior y para dotar de garantía de pureza a las ganaderías nacionales”, explica la propia yeguada en su dossier de prensa. “Todo está calculado en la Fuente del Suero para que estos caballos y yeguas sigan siendo animales de prestigio, característicos en su equilibrio formal y en la elegancia de sus movimientos, en el carácter noble y dócil, en las reacciones justas, resistencia, suavidad y energía que le son propias”.

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Un picadero en la Yeguada.   MANU GARCÍA
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Ejemplares en la Yeguada.   MANU GARCÍA

El prestigio ganadero del sur del país se remonta a la antigüedad clásica, ya que desde el siglo I a.C. hay evidencias de que poetas como Virgilio quedaron fascinados por los caballos sureños, así como el cónsul Publio Cornelio Escipión, que tuvo a varios ejemplares. Anibal, Calígula, Ricardo Corazón de León, Federico El Grande o Napoleón Bonaparte también tuvieron caballos de esta región.

El caballo andaluz también cruzó el charco con el descubrimiento de América y está en los orígenes genéticos de importantes yeguadas europeas, como las de Lipizza (Austria), Kladrub (República Checa) o Fredericksborg (Dinamarca). Luego llegaron los cartujos y comenzó la estirpe de los caballos cartujanos. “Es una fuente de ingresos y un escaparate para el país”, comenta Patricia Sibajas, responsable de Relaciones Externas de la yeguada, quien zanja: “Si esto estuviera en EEUU tendríamos a Donald Trump dos veces al mes tomando café aquí, sería Disney. Pero como está en España…”.

Sobre el autor:

Francisco Romero

Francisco Romero

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Antes de terminar la carrera, empecé mi trayectoria, primero como becario y luego en plantilla, en Diario de Jerez. Con 25 años participé en la fundación de un periódico, El Independiente de Cádiz, que a pesar de su corta trayectoria obtuvo el Premio Andalucía de Periodismo en 2014 por la gran calidad de su suplemento dominical. Desde 2014 escribo en lavozdelsur.es, un periódico digital andaluz del que formé parte de su fundación, y con el que obtuve en 2019 una mención especial del Premio Cádiz de Periodismo.

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