Las lluvias no han dado tregua en gran parte de Andalucía y España durante casi dos meses —y especialmente en las últimas tres semanas—. El resultado se repite en miles de casas: patios resbaladizos, muros con manchas verdes y suelos exteriores cubiertos de una capa viscosa. El temido verdín ha aparecido de golpe.
Y no es solo una cuestión estética. También es peligrosa: basta un descuido para sufrir un resbalón en la entrada de casa. La buena noticia es que no hace falta comprar productos caros ni usar químicos agresivos para eliminarlo. Existen remedios caseros eficaces, baratos y bastante seguros.
El truco inmediato que muchos están probando
El método más rápido consiste en algo tan simple como agua caliente y cepillo. Verter agua caliente sobre la zona —con cuidado al manipularla— ayuda a desprender las algas y el musgo incrustado. Después basta frotar con un cepillo de cerdas duras o una escoba. Funciona mejor en verdín reciente y superficies resistentes a la temperatura. Es, además, un sistema sin químicos.
El favorito: el bicarbonato
El remedio más recomendado está en cualquier cocina: bicarbonato de sodio. Primero se humedece la zona, luego se espolvorea generosamente y se deja actuar entre 15 y 30 minutos antes de frotar y aclarar. Este abrasivo suave rompe las células del moho y ayuda a prevenir que vuelva. Es económico, no tóxico y válido para la mayoría de superficies. Muchos lo usan incluso de forma preventiva en zonas húmedas.
Soluciones suaves para patios y paredes
Otra opción habitual es una mezcla de vinagre blanco y agua a partes iguales. Se pulveriza, se espera media hora y se cepilla. Sirve para baldosas y muros, pero no para mármol ni piedra caliza porque el ácido puede dañarlos. Tampoco conviene rociar plantas sensibles.
Más suave todavía: agua tibia con jabón neutro, que elimina la película de humedad donde se adhieren las algas. En zonas sin vegetación puede utilizarse sal disuelta en agua caliente, que deshidrata el verdín por ósmosis, aunque puede estropear césped y plantas cercanas.
Cómo evitar que vuelva
El mantenimiento es clave: barrer con frecuencia y favorecer el sol reduce mucho su aparición. Lo ideal es limpiar en un día seco tras 24–48 horas sin lluvia, usando guantes, cepillo duro y abundante agua.



