Ramón Márquez y Ana Fernández llevan cada día a sus dos hijos, de 5 y 7 años, al colegio público Al-Ándalus, situado en la calle Arroyo de la capital andaluza. Nunca saben si a media mañana los llamarán del centro porque a sus retoños les ha dado un golpe de calor, han tenido una hemorragia nasal o un desmayo, están aquejados de un fuerte dolor de cabeza o sufren mareos que hacen imposible que atiendan con normalidad a las explicaciones de la profesora. En este centro, situado en un barrio obrero de Sevilla, no ha llegado el plan de climatización que dice la Junta de Andalucía que ha puesto en marcha. O bueno sí, ha llegado pero “los ventiladores están estropeados y la dirección del centro ha puesto quejas a la Consejería sin que hagan mucho caso”, cuenta el padre de los dos niños.

En abril de este año, dos meses después de que fuera admitida a trámite la ley de bioclimatización, elaborada por la plataforma ‘Escuelas de Calor’, registrada por el grupo parlamentario de Podemos y apoyada por todos los grupos menos por el PSOE-A, la Consejería de Educación presentó un plan de climatización valorado en 25 millones de euros en el que se detallaban 150 “intervenciones para mejorar la climatización de centros docentes”.

Ese plan, que la Junta presentó a regañadientes, obligada por la presión y para recomponerse del varapalo político que le supuso quedarse en soledad votando en contra en el Parlamento andaluz de una ley elaborada por las AMPAS, se ha mostrado claramente insuficiente porque ni ha llegado a todos los centros ni cumple con las necesidades de los centros educativos. El departamento de la consejera Sonia Gaya ha instalado toldos, ventiladores de techo y árboles en algunos centros dentro de este plan de actuación.

Ana y Ramón con sus hijos, alumnos del CEIP Al-Ándalus de Sevilla. FOTO: R.S.

Bloqueo de la ley de bioclimatización

La diputada de Podemos Libertad Benítez, ponente de la ley bloqueada por el PSOE en el Parlamento, denuncia que, de los 6.000 edificios educativos públicos existentes en Andalucía –colegios, institutos, conservatorios y universidades públicas-, la Junta sólo ha intervenido “más o menos en 200”. El Gobierno andaluz, por su parte, admite que en sus planes “no incluyen de manera genérica la refrigeración”, siendo esta una de las demandas de muchos padres y madres mientras se arbolan los perímetros de los centros, se colocan toldos y medidas bioclimáticas sostenibles que sirvan para refrigerar los espacios educativos.

Ante la inacción de la Junta y las altas temperaturas, que superan hasta en 10 grados lo que recomienda la legislación, algunos padres han optado por comprar máquinas refrigeradoras o ventiladores de mano. Así ocurrió en el colegio público Cruz del Campo de Sevilla, donde el padre de un niño que se mareó en clase optó por aclimatar la clase de su propio bolsillo comprando un aparato de los que no necesitan instalación. En este colegio sevillano, el AMPA estaría dispuesto a poner un aire acondicionado en cada aula pero “la Junta nos ha denegado los permisos”, afirma Ana Amigó, la mamá de Natalia, una niña que estudia cuarto de primaria y que dice que ella y sus compañeros “estamos todo el día abanicándonos con los libros”.

33 grados en las aulas a las 9 de la mañana

CCOO denunció el año pasado a la Inspección de Trabajo las temperaturas de los centros educativos andaluces que “a las 9 de la mañana es muchos días de 33 grados”, seis grados por encima de lo máximo permitido por la legislación. La maestra Pepa Bermudo señala que en la mayoría de los centros las ventanas tienen láminas metálicas que recalientan el sol. “La situación después del recreo es insufrible. Niños y niñas con hemorragias a diario. Mi oficio, más que maestra, es ser taponadora de narices”, subraya esta docente que considera urgente que se apruebe la ley de bioclimatización antes de que se convoquen elecciones, lo que obligaría a la Consejería de Educación a acometer las reformas e inversiones necesarias para adaptar los centros educativos a las temperaturas extremas que se alcanzan en Andalucía desde hace ya varios años, fruto del cambio climático que cada vez es más perceptible y durante más tiempo, especialmente en las provincias más del interior como Córdoba, Sevilla y Jaén.

A esto se suma que hay centros que fueron construidos hace 30 o 40 años y tienen una instalación eléctrica que no soporta los ventiladores que llevan los padres y madres de manera voluntaria y generosa. Esto ocurre en el colegio público de El Cuervo (Sevilla), donde Eva Fernández y Elizabeth Ruz, mamás de dos alumnos de Infantil, aseguran que los niños salen “con las cabecitas chorreando” y “en cuanto enchufas cuatro ventiladores salta la luz”. Estas dos madres denuncian que la semana pasada se desmayaron tres niños en el instituto del pueblo.

La maestra Rafaela Velarde achaca a las altas temperaturas, especialmente altas después del recreo, que a las 10 de la mañana haya niños que “no tienen ganas de trabajar porque no pueden con su cuerpo”. Esta semana ha sido muy dura en su centro: “Hemos tenido varios niños sangrando por la nariz, dolores de cabeza y un niño con golpe de calor que tuvo que venir la ambulancia a por él”, apostilla Velarde, docente en el colegio público Juan Ramón Jiménez de Tomares.

Maestras del CEIP Juan Ramón Jiménez del municipio sevillano de Tomares. FOTO: R.S.

Una semana sin ir a clase por la calor

Macarena Ruth, mamá de un alumno de segundo de bachillerato en un instituto público de Alcalá de Guadaíra, se queja amargamente del calor que hace en el centro donde estudia su hijo. “Llevan una semana sin ir a clase porque es imposible estudiar a 35 grados”, afirma esta madre que dice estar muy harta de la “pasividad” de la Consejería de Educación. “Cuando empiecen las lluvias del otoño nos olvidamos y en marzo abril o mayo, vuelta a empezar. Necesitamos una solución ya y la necesitamos para siempre”, dice indignada la mujer que este domingo se ha concentrado en Sevilla con las ‘Escuelas de Calor’, el colectivo de padres y madres que reclaman a Susana Díaz que no convoque elecciones sin que antes se vote en el Cámara andaluza la ley de bioclimatización que lleva arrumbada en la Mesa del Parlamento, presidida por el socialista Juan Pablo Durán, desde febrero. “Mi cole es una sauna”, espeta Natalia, una niña de cuarto de primaria que está cansada de abanicarse con libros y que puede ser la próxima alumna que tenga que ser atendida por una ambulancia tras sufrir un golpe de calor.

 

 

 

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