Este jueves 29 de octubre, cuando España vive sumergida en un dolor profundo por el accidente ferroviario que le ha costado la vida al menos a 69 personas en la provincia de Toledo, se cumplen dos años de otra catástrofe, en este caso medioambiental, como la dana de Valencia, que segó la vida de 233 personas, además de dejar 2.000 heridos y centenares de miles de damnificados en la Comunidad Valenciana.
Dos años después, las familias de Elisabeth Gil, de 38 años, y de Francisco Ruiz, de 64, siguen sin poder cerrar las heridas de la tragedia. Sus cuerpos no han aparecido y sus seres queridos no han podido cerrar el duelo.
Arrastrados por la riada
A Francisco se le perdió la pista en Montserrat tras ser arrastrado por la corriente tras caer del techo de su coche, donde había estado junto a sus nietos, de cinco y diez años, a los que había subido encima del vehículo ante la crecida del agua.
Elisabeth iba en coche junto a su madre, cuyo cuerpo apareció varios días después, cuando les sorprendió la riada en Cheste. El vehículo sería encontrado en el barranco del Poyo meses después.
Actos en recuerdo de las víctimas
El año pasado, en el primer aniversario, se celebró un funeral de Estado en el Museo de las Ciencias de Valencia en recuerdo de las víctimas. En este segundo año tras la tragedia, asociaciones de víctimas y afectados por la dana han organizado diferentes actos conmemorativos –que se han aplazado para los próximos días en señal de respeto por los tres días de luto nacional por la tragedia de Urda– para reivindicar la memoria de los fallecidos, además de agradecer la solidaridad que recibieron de una gran parte de la población española.
La Asociación de Víctimas Mortales del 29 de octubre ha pospuesto para el 5 de noviembre un homenaje a las víctimas en la zona cero, junto a la zona cero del barranco del Poyo. "Seguimos sin poder cerrar un duelo y ni siquiera a veces empezarlo”, ha confesado Carmina Gil, miembro de la citada asociación. Dos años después, las familias siguen luchando por superar las pérdidas, tanto familiares como materiales, mientras que hay municipios que continúan tratando de componer los devastadores efectos del temporal.
Este jueves 29 de octubre, cuando España vive sumergida en un dolor profundo por el accidente ferroviario que le ha costado la vida al menos a 69 personas en la provincia de Toledo, se cumplen dos años de otra catástrofe, en este caso medioambiental, como la dana de Valencia, que segó la vida de 233 personas, además de dejar 2.000 heridos y centenares de miles de damnificados en la Comunidad Valenciana.
Dos años después, las familias de Elisabeth Gil, de 38 años, y de Francisco Ruiz, de 64, siguen sin poder cerrar las heridas de la tragedia. Sus cuerpos no han aparecido y sus seres queridos no han podido cerrar el duelo.
Arrastrados por la riada
A Francisco se le perdió la pista en Montserrat tras ser arrastrado por la corriente tras caer del techo de su coche, donde había estado junto a sus nietos, de cinco y diez años, a los que había subido encima del vehículo ante la crecida del agua.
Elisabeth iba en coche junto a su madre, cuyo cuerpo apareció varios días después, cuando les sorprendió la riada en Cheste. El vehículo sería encontrado en el barranco del Poyo meses después.
Actos en recuerdo de las víctimas
El año pasado, en el primer aniversario, se celebró un funeral de Estado en el Museo de las Ciencias de Valencia en recuerdo de las víctimas. En este segundo año tras la tragedia, asociaciones de víctimas y afectados por la dana han organizado diferentes actos conmemorativos –que se han aplazado para los próximos días en señal de respeto por los tres días de luto nacional por la tragedia de Urda– para reivindicar la memoria de los fallecidos, además de agradecer la solidaridad que recibieron de una gran parte de la población española.
La Asociación de Víctimas Mortales del 29 de octubre ha pospuesto para el 5 de noviembre un homenaje a las víctimas en la zona cero, junto a la zona cero del barranco del Poyo. "Seguimos sin poder cerrar un duelo y ni siquiera a veces empezarlo”, ha confesado Carmina Gil, miembro de la citada asociación. Dos años después, las familias siguen luchando por superar las pérdidas, tanto familiares como materiales, mientras que hay municipios que continúan tratando de componer los devastadores efectos del temporal.
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