La hora más oscura de la Plaza: "Aquí no viene nadie, pero el autónomo lo tengo que pagar igual"

Un puñado de quince detallistas resisten en el mercado central de abastos de Jerez en pleno estado de alarma. Golpeados por la crisis social y económica que acompaña a la pandemia de COVID-19, no saben qué va a ser de sus puestos. "Esto está siendo muy duro, pero seguimos abiertos", recuerdan

Un pescadero en La Plaza durante la pandemia. FOTO: MANU GARCÍA
Un pescadero en La Plaza durante la pandemia. FOTO: MANU GARCÍA

La epidemia mundial de COVID-19 está haciendo estragos a nivel sanitario, pero también hay una cascada de efectos negativos de índole social y económica. A las miles de muertes y afectados por la plaga del coronavirus se suma la gran depresión que sufren muchos pequeños y grandes negocios por el parón en seco que ha impuesto el estado de alarma y sus restricciones de desplazamientos fuera del domicilio particular. El mercado central de abastos de Jerez, la conocida Plaza, es un claro ejemplo de la angustiosa situación que afrontan muchos hogares, con sus sustentos congelados y la soga al cuello de la incertidumbre por lo que sucederá en los próximos meses. Si hay quince puestos de detallistas abiertos en este momento en la Plaza muchos son.

Los pasillos viven ajenos al murmullo habitual, al trasiego de mozos de almacén, de amas de casa, de pensionistas, de clientes habituales que son llamados por su nombre en cada puesto. En la nave del pescado, con un aspecto sombrío y desolador estos días, apenas resisten unos seis mostradores con género fresco. Y seguirán cayendo. Los pescadores ya anuncian que dejarán de faenar, pues la mayoría de los barcos no tienen espacio para cumplir con las medidas de seguridad.

Clientes en la Plaza, esta semana. FOTO: MANU GARCÍA

Esa cadena también romperá lo poco que va quedando en el mercado en la nave de los pescaderos. Nadie es optimista si se le pregunta. “Aquí no viene nadie”, espeta Alonso Méndez, uno de los veteranos, mientras despacha medio kilo de salmonetes. Él, con suerte, desagua el temporal con los encargos a domicilio, que “llevamos a partir de la una y media de la tarde, y con los que vamos tirando”.

En el otro pasillo, Manuel Durán, uno de los más jóvenes en la zona de pescadería, trasluce tras la mascarilla su desazón. Con 32 años, lleva doce vendiendo en el mercado de Jerez. Nunca vio esta depresión. “Esto está fatal, fatal; y por el camino que vamos tendremos que cerrar. No viene nadie. La gente no coge el autobús y si viene, la Policía pide justificante para saber dónde va y entonces la gente tiene miedo y no viene”. La pescadilla que se muerde la cola, nunca mejor dicho. Aunque, eso sí, en su puesto solo hay merluza fresca. “Se está haciendo el esfuerzo por decir que la gente venga a la Plaza, pero las autoridades se contradicen porque, por un lado, dicen que hay que venir a la Plaza, pero después de la Policía pone pegas”, lamenta.

El puesto de encurtidos, como el de especias, sigue operativo. FOTO: MANU GARCÍA

Si se sale del pescado y se accede a la zona de carne y recova, la cosa pinta igual. Mané Cordero y Rocío Raposo, que hasta hace poco buscaban mascarillas para poder atender a sus clientes, también van sobreviviendo como pueden. “La alimentación no está obligada a cerrar, pero si no vendemos ya me dirás qué hacemos. No es rentable”, lamenta esta sanluqueña que regenta desde hace unos años La nueva recova, dos puestos con obrador propio donde lo mismo venden pollos rellenos que precocinados. “Al final los pequeños autónomos pagamos el pato. Todo es muy confuso ahora mismo, no sabemos cómo nos ayudarán, ni tampoco cuándo”, expresa Mané.

Algunos clientes del mercado, en plena cuarentena. FOTO: MANU GARCÍA

La confusión por las ayudas anunciadas a los autónomos y la incertidumbre por saber cuánto se prolongará el confinamiento son comunes a los últimos mohicanos de la Plaza. Antonio Domínguez, un cuarto de siglo vendiendo frutas y hortalizas en el mercado jerezano, manifiesta esta inquietud con toda crudeza: “Esto se está haciendo muy difícil, es muy duro: desde las cuatro de la mañana, levantado, y llegan las tres de la tarde y no ves dinero en el cajón y la mercancía sigue ahí; es muy triste”.

En su puesto hay tres generaciones de detallistas de la Plaza. Ni con la gran recesión que arrancó en 2008 recuerdan tal bajón. “Las ventas han bajado más de un 75%, estamos trabajando con unos márgenes de un 25% de lo que estábamos ganando. A la vista está que solo de frutas y verduras hay cinco puestos abiertos; los demás han tenido que cerrar porque se les estropeaba el género, y en el pescado igual, estamos medio aguantando con un servicio mínimo para que la gente no deje de venir porque aquí hay calidad y es lo tradicional”, defiende”.

Algunos pescaderos mantienen sus puestos con mucho género. FOTO: MANU GARCÍA

Un buen día Manuel Durán puede vender 200 kilos de pescado. Ahora si llega a 30 es un milagro. Hace una semana eran diez en la nave del pescado, ahora apenas resisten “cinco o seis”. “Todos somos autónomos, han cesado la actividad y ahora a ver qué requisitos piden y a ver qué ayuda dan, algunos estarán aguantando porque sus mujeres estarán trabajando o no sé. Yo tengo que pagar ahora el autónomo y estoy ingresando nada y menos porque aquí no viene nadie, pero lo tengo que pagar igual”, lamenta. También Antonio Domínguez, que atiende a clientes a cuentagotas, pide flexibilidad a la Policía para que “no desaconseje venir a la Plaza. Tenemos que comer todos, e igual que la gente se desplaza a las grandes superficies, que venga a la Plaza, que seguimos abiertos”.

Cuando recoja a las tres, Domínguez almorzará algo e irá al campo a por la mercancía del día siguiente. Él ni siquiera tiene tiempo para llevar compras a domicilios. “Tengo que recoger la mercancía porque los trabajadores se han negado a ir al campo, no pueden arriesgarse porque tienen familia delicada en sus casas, así que desde por la mañana sin parar. Esto está siendo muy duro. Bastante, pero bastante; y es lo que toca”.

Los mercados de abastos de la ciudad permanecen abiertos a la ciudadanía, en los horarios de 9 a 14 horas de lunes a sábado, para que los consumidores puedan realizar la adquisición de alimentos y productos de primera necesidad.

Los mercados de abastos del Centro, de la Zona Sur y la Plata se mantienen abiertos (en su horarios tradicionales) al serestablecimientos de adquisición de alimentos, tal y como recoge el Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, por el que se declara el estado de alarma para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19.

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