La familia que lleva 36 años en la plaza del Arenal endulzando la Semana Santa de Jerez

El oficio de vendedor ambulante no es fácil, exige constancia, buen trato al cliente y conocer los gustos del público. José e Iván López, padre e hijo, nos explican los entresijos de un trabajo que vienen desarrollando desde hace tres décadas

José López es ya parte del paisaje de la plaza del Arenal. 36 años allí trabajando. FOTO: MANU GARCÍA
José López es ya parte del paisaje de la plaza del Arenal. 36 años allí trabajando. FOTO: MANU GARCÍA

Es la Semana Santa una época en la que los fieles salen a procesionar y los menos religiosos se toman un respiro en sus ajetreadas vidas, aminorando el ritmo de trabajo habitual. Pero en esta semana de rezo y de pasión también hay gente que se dedica a sacar sus familias adelante y trabajar para los demás. José López permanece, cada Semana Santa, y desde hace 36 años en la plaza del Arenal con su carrito ambulante endulzando la vida de quienes viven in situ esta celebración. Su imagen es casi más antigua que la de los propios palcos: “Empecé porque me lo propuso mi suegra. Mi mujer estaba embarazada de nuestro hijo, yo estaba parao y me lo insinuó  ¿por qué no montas un puestecito de chucherías en la Semana Santa, probé y aquí estamos, más de treinta años después vendiendo almendras, patatas, juguetes, refrescos... tenemos de todo”.

La de José es la historia del Jerez más profundo, de la gente modesta que se buscaba la vida antes de que se conociera la palabra emprendedor y que, a su modo, siguen ayudando a que nuestras fiestas sean lo que son; puro pueblo, algo universal. “Este es mi agosto. Para mí, la mejor época del año y cuando puedo ganar algo de dinero”, comenta José, Pepe para los amigos. Cobra durante el año un subsidio de algo más de 400 euros con el que no le alcanza para los gastos de toda una casa: “Hay que salir a la calle y trabajar, no queda otra”, dice.

José López, colocando los juguetes de su carrito en la plaza del Arenal. FOTO: MANU GARCÍA

Acompañado durante más de tres décadas de su inseparable mujer acude a todos los festejos importantes de la ciudad: la Feria, la Semana Santa, el Carnaval… También llega cada domingo al rastro de la Alameda Vieja y ubica su puesto en las inmediaciones de El Alcázar. Es uno de esos vendedores ambulantes que trabajan cuando los demás disfrutan: “Nosotros pagamos una tasa por autorización al Ayuntamiento de 152 euros por toda la Semana Santa más el seguro de responsabilidad civil. Tenemos que vender bastante para cubrir gastos”, relata. “Los Domingos de Ramos y los Jueves y Viernes Santos son los mejores días. En un día bueno podemos hacer una buena caja, pero ten en cuenta que echamos al menos diez u once horas por jornadas, más el montaje. Montar este carrito nos ocupa al menos hora y media”.

Es el mismo carrito con el que empezó su andadura. “Al principio era más pequeño, pero con el tiempo le he ido haciendo varias reformas. El tiempo cambia mucho las cosas. Al principio, vendíamos roscos, pan de picos de esos largos… Pero los gustos del consumidor van cambiando y van saliendo otras novedades”, explica con añoranza. “Yo me ponía aquí cuando la plaza del Arenal no era peatonal. Por aquí alrededor circulaban los coches y yo estaba en el centro de la plazuela. Nos iba muy bien”.

Iván López dispensa chucherías, frutos secos y juguetes a escasos metros de su padre. FOTO: MANU GARCÍA

A su lado, hoy figura otro carro, pero no es de la competencia. Es el de su hijo Iván, un afable treintañero que se dedica a la venta ambulante gracias a José: “Me comentó que quería dedicarse a esto, como yo, y le pusimos un puestecito cerca”. De padre a hijo, como los oficios antiguos, han ido transmitiéndose los saberes de la atención al público: “Yo siempre estaba con él desde chiquitito, siempre, correteando por aquí. Recién nacido estuve debajo del carro. Mi padre me ha enseñado a tener de todo en el carro y a tratar bien a los clientes”, nos cuenta Iván y se sincera: “Me ha enseñado muy buenos valores, a ser una persona honrada y optimista. Él siempre es optimista, tiene buen humor y dice que ser negativo no trae nada bueno. Además le gustan mucho las bromas. Así todo es mejor”.

Tres décadas en las que la Semana Santa ha cambiado mucho

En tantísimo tiempo esta familia ha visto de todo, no solo la transformación de la ciudad, sino la de la Semana Santa, hoy más turistificada que nunca. Sus ojos han contemplado cambiar a la clientela, mucha de la cual permanece fiel: “Son la gente de los palcos. Conocimos a los abuelos que nos trajeron a sus hijos y estos traen a sus nietos. También los transeúntes que pasan por aquí y nos compran cosas. La gente sabe que estamos aquí siempre, para lo que quieran”.

Esta peculiar familia también ha conocido a decenas de compañeros de la venta ambulante, con los que se llevan bien: “Respetamos el lugar de cada uno. Yo no he tenido problemas con nadie, Jerez es muy grande. Conozco a Carlos, Paquito, Rafael… a muchos compañeros. También hemos visto morir a unos pocos: Emilio, que se murió hace poco, el Canario, el Lechuga… Eran buena gente”, recuerda melancólico José.

José e Ivan, padre e hijo, juntos en la plaza del Arenal: FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ

Pero, ¿es José creyente? “Sí, sí, soy creyente, muy capillita. Me gustan todas las hermandades. Cuando no trabajo, voy a los besapies o escucho las marchas. La banda del Rosario me gusta mucho. Mis imágenes preferidas son el Cristo de la Expiración y Jesús el Nazareno”, dice convencido. 

Anécdotas ha vivido de todo tipo, desde un tremendo chaparrón que le dejó totalmente empapado y sin material, a una noche de recogida en la que se le partió el carro por la mitad: “Puse demasiado peso delante e hizo ‘bum’. Se me cayó todo al suelo. Fue un desmadre”, sonríe al rememorar. José, su hijo Iván y su mujer seguirán ahí toda la semana, otro año más, dispensando enseres a los fieles y a los turistas. Es la otra cara de una Semana Santa jerezana que no sería lo mismo sin esos trabajadores infatigables que ponen su grano de arena en una fiesta universal: "Este año parece que la gente está comprando un poquito más después de la crisis. A ver si va mejorando todo", concluye. 

Sobre el autor:

Alejandro López Menacho

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