Una jerezana, tres meses sin tarjeta de aparcamiento por movilidad reducida: "Estoy cansada, me da autonomía"

Tras sufrir la polio de pequeña, conduce un coche automático para desplazarse, pero la burocracia está complicando su situación

La imagen de una señal de aparcamiento para personas con movilidad reducida. FOTO: NOS MOVEMOS JUNTOS
La imagen de una señal de aparcamiento para personas con movilidad reducida. FOTO: NOS MOVEMOS JUNTOS

Una jerezana, de nombre Silvia, ha denunciado que lleva tres meses esperando la renovación de su tarjeta de aparcamiento para personas con movilidad reducida. Se trata de un mero trámite que simplemente deja constancia de que, en tanto sus circunstancias personales no han cambiado, sigue siendo beneficiaria de esta tarjera. Sin embargo, la Junta de Andalucía está tardando mucho más de lo habitual, con los perjuicios que le genera.

Silvia es una vecina de Jerez que sufre las consecuencias de la polio, una enfermedad que tuvo de pequeña, y que le genera cojera. De hecho, explica que tiene reconocida una discapacidad del 41%. Con todo, no conduce un coche adaptado, pues no lo necesita, sino que con su carné de conducir decidió adquirir en su día un coche automático, lo que le facilita mucho la marcha. 

Con el paso de los años, las secuelas han ido empeorando, como es lógico en este tipo de situaciones. La tarjeta de aparcamiento PMR (personas de movilidad reducida) le permite utilizar plazas que están por lo general ubicadas mucho más cerca de las entradas de las instalaciones. Así, trámites habituales que para cualquier persona son sencillos, en su caso son más complicados.

"Te quitan la tarjeta y no te dan ni siquiera un papel que te reconozca que tienes derecho a ella entre tanto. Llevo desde abril intentando que me la den y ya estoy cansada, porque esa tarjeta me da autonomía", cuenta. 

En concreto, acudió hace tres meses a las oficinas de la Junta de Andalucía en Jerez. Lo que parecía un trámite sencillo se ha ido alargando. Ha llegado a ir a Cádiz para solventar el problema, pero siempre, asegura, se lleva la negativa por respuesta. Las dilaciones burocráticas no tienen como fondo, en principio, que se le fuera a retirar el derecho a su uso, toda vez que ya se le concedió y no es más que una renovación lo que necesita. Multitud de llamadas a oficinas, desplazamientos... Y sigue a la espera.

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