Inmigrantes que 'quitan' el trabajo 'esclavo': 370 euros por 12 horas todos los días en una frutería de Jerez

Una joven brasileña que vino hace unos meses a España cuenta a lavozdelsur.es su experiencia buscando un trabajo extra al de 'au pair' en la barriada de La Granja: "¿Es muy poco, verdad?"

La joven, posando para lavozdelsur.es. FOTO: MANU GARCÍA.
La joven, posando para lavozdelsur.es. FOTO: MANU GARCÍA.

"Los inmigrantes nos quitan el trabajo". La frase se repite en numerosos contextos de la vida cotidiana y asociaciones como la Federación Andalucía Acoge intentan remediarlos con campañas como la de Stop Rumores. Sin embargo, al tópico xenófobo se le puede dar una vuelta de tuerca más.

Los informes y el argumentario de este colectivo no sólo ponen de manifiesto que no quitan el trabajo a los españoles, sino que sufren mayor precariedad laboral, cobran menos salarios y en la mayoría de los casos, sin contar cuando hay una situación irregular de por medio, lo hacen sin ningún tipo de seguridad. La crisis económica, de hecho, afectó más a los inmigrantes y otro de los tópicos habituales, ese que dice que el gasto social ha aumentado con la inmigración, ha sido desmentido en numerosas ocasiones por organismos como el Banco de España: los inmigrantes han hecho disminuir el déficit de la Seguridad Social.

Entre esa vorágine de números, informes, tópicos y verdades empíricamente demostrables, se encuentran situaciones de la vida real como la de ella, una brasileña que tras haber vivido en Australia hace unos meses recaló en España. Como au pair dice cobrar "lo normal" o, mejor dicho, "lo que se cobra en todos sitios", explica a lavozdelsur.es como puede, ya que aún está aprendiendo español. 60 euros semanales, unos 240 euros mensuales, en un horario laboral flexible y reducido, pocos días a la semana y con una "buena familia", que entra dentro de lo "habitual". Sin embargo, lo que no se imaginaba la brasileña era que al buscar un segundo trabajo para poder no tener ya un ingreso extra, sino un ingreso sólido, se iba a encontrar con una oferta de explotación laboral.

La joven, durante el encuentro con este medio. FOTO: MANU GARCÍA.

"Eran muchas horas y no pagaban nada", dice tajantemente, sobre uno de los pocos puestos de trabajo que le ofrecieron: una frutería en la barriada de La Granja, en una de sus zonas anexas al Carrefour Norte. De lunes a domingo, todos los días, con un sólo día de descanso, lunes o martes y cada dos semanas. Horario de mañana, desde primera hora hasta al almuerzo más horario de tarde hasta las nueve y media. "Una parada para la siesta", comenta tímidamente. ¿El salario? 370 euros al mes. Ni uno más, ni uno menos. Poco más de un euro la hora. 

La joven, que prefiere mantenerse en el anonimato, tiene visado y que no está en situación "ilegal", no era plenamente consciente de que la oferta de esta frutería era un despropósito hasta que un amigo español que recientemente ha conocido se lo hizo saber. "Es muy poco, ¿verdad?", dice que le preguntó. "Muy poco, sí, muy poco", le respondió.  "Ella me decía que quería una persona que hablara español mejor pero no es cierto, yo lo sé, lo que estaba buscando era una persona que no tuviera papeles", explica la joven, que cree que la propietaria del negocio quería utilizar su situación para aprovecharse de ella. 

La joven brasileña, que ha intentado buscar más trabajos en la cuarta ciudad con más desempleo de Andalucía no ha podido encontrarlo. "Esta señora quería una persona ilegal, que no pudiera trabajar", cuenta sin pelos en la lengua. La chica no sabe si la oferta laboral de esta frutería jerezana llegó a buen puerto, pero se imagina que sí, y pone sobre la mesa lo que ha escuchado en las clases de español para inmigrantes a las que ella misma ha ido. "He conocido a muchos chicos de Marruecos, hay muchas personas con la misma situación porque cualquier trabajo que sea lo necesitan para tener un poco de dinero; al final lo aceptan", explica, sintiéndose algo más "afortunada" que el resto. Ella ya tiene claro que tendrá que buscar otro lugar donde prosperar, fuera de Jerez, dada la situación socioeconómica del municipio. En el camino otras personas migrantes seguirán su paso y ocultas, mientras pesan un kilo de tomates, pasarán desapercibidas por la mayor parte de sus vecinos. Luego, por si fuera poco, soportarán el qué dirán. El rumor como paradigma.

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