"En el franquismo no sabíamos nada de feminismo, ni el nombre"

Pilar Aguilar Carrasco, ensayista, investigadora, escritora y crítica de cine y televisión de género, acaba de publicar 'Feminismo o barbarie', una colección de 25 artículos de actualidad feminista escritos con la misma pasión con la que luchó por la democracia

Pilar Aguilar Carrasco, antes de conversar con lavozdelsur.es
Pilar Aguilar Carrasco, antes de conversar con lavozdelsur.es

Pilar Aguilar Carrasco (1946, Siles, Jaén) nació en un pueblo de la Andalucía profunda en los años más oscuros del franquismo, en el seno de una familia de clase media venida a menos y sin ganas de revolución. Mayo del 68 la pilló estudiando Filología Francesa en la Universidad de Sevilla, donde se enfrentó al decano de la Facultad de Letras, quien mandó a un conserje para que fuera cazando por los pasillos a la media docena de alumnas rebeldes que llevaban pantalones. La cazaron. En 1972, a los pocos meses de salir de la cárcel en libertad condicional por su militancia antifranquista, se enteró de que la Guardia Civil merodeaba su pueblo, adonde había ido a visitar a su familia, con la intención de detenerla de nuevo: “Hija, que la Guardia Civil te está buscando por el pueblo”, le dijo su padre con lágrimas espesas. “Tenía fiebre y se me quitó de golpe”, recuerda, muerta de risa.

Se escondió en un corral contiguo a la casa de sus padres y consiguió escapar por la noche en el maletero del coche de su hermano, que la llevó hasta Cádiz donde estaban sus camaradas del Partido de los Trabajadores (PT) que le dieron a elegir entre clandestinidad o exilio. Eligió lo segundo: “La clandestinidad me parecía durísima”, asegura. Fue la mejor decisión de su vida. Llegó a un piso franco en Barcelona, después de cruzar toda España por las carreteras de la época, y de allí la ayudaron a cruzar la frontera, ocultada en un coche, con destino París, ciudad en la que siguió militando por la democracia hasta que se pudo acoger a la amnistía parcial de 1976, la primera tras la muerte del dictador. Ahora vive a caballo entre Francia y su pueblo, de donde tenía la misma necesidad de escapar como ahora tiene de volver.

Socióloga por la Universidad René Descartes y licenciada en Ciencias Cinematográficas por la Universidad Denis Diderot, es una de las críticas de cine más destacadas y respetadas del feminismo actual, Premio Meridiana del Instituto Andaluz de la Mujer (IAM), Premio Dones Progressistes de la Universidad Politécnica de Valencia y Comadre de Oro por la Tertulia Feminista de Gijón, colectivo de mujeres donde surgió la idea del Tren de la Libertad que acabó con la carrera política del exministro Alberto Ruiz Gallardón y con su reforma del aborto que enviaba a las mujeres al tiempo de donde se escapó Pilar.

Menuda, irónica, tajante y vehemente, acaba de publicar el libro Feminismo o barbarie, una colección de 25 artículos de actualidad feminista, escritos con la misma pasión con la que luchó por la democracia enfrentándose al franquismo y con la que ahora analiza el cine y las series con gafas violetas y mira de frente al patriarcado en pro de la libertad y la igualdad de las mujeres.

¿Cómo era la vida de una niña en un pueblo de la Sierra de Jaén en pleno franquismo?

Fatal. Estábamos ahí encerrados en un modelo único, sin alternativas. Era todo muy triste y muy siniestro.

Pero usted fue de las primeras en ponerse pantalones, que también era algo que estaba vetado a las mujeres.

Sí, pero eso fue estando ya en la Universidad de Sevilla, ni siquiera de niña. De niña era inconcebible. Bueno (risas), una llegó al pueblo, hecha toda una señorita, con su vespa y todo y el cura mandó al municipal a decirle que se quitara los pantalones, pero ella, que no era del pueblo y era un señorita, no se los quitó. Le dijo al policía municipal que si se los quitaba se quedaría en bragas (risas). Si llega a haber sido una pobre, la hubieran mandado detener.

¿Cómo era ser universitaria en el franquismo siendo de pueblo profundo?

Éramos unos pobres desgraciados que sólo leíamos la prensa del movimiento, la tele y la radio estaban controladas y no teníamos información ni contacto con el mundo.

"Yo ya no creo en la toma del Palacio de Invierno, no creo que sea sólo una batalla, sino muchas y continuas"

¿Qué se sabía de feminismo en el franquismo?

No sabíamos nada, otra cosa es que las chicas que militábamos fuéramos una avanzadilla y en la práctica tuviéramos intenciones feministas, pero no sabíamos ni el nombre. En cualquier caso, nos llamaban al orden enseguida. Los partidos entonces eran muy moralistas, cuanto más izquierdosos más moralistas, muy poco permisivos y muy dogmáticos. Todo lo que no fuera la revolución socialista y antifranquista, eran distracciones pequeño-burguesas.

¿Tiene motivos el feminismo para ser optimista?

Sí, yo siempre digo que el pesimismo es reaccionario. Yo ya no creo en la toma del Palacio de Invierno, no creo que sea sólo una batalla, sino muchas y continuas. Yo en mi vida he visto como las mujeres hemos ganado muchas batallas.

¿Cómo viviste el 8M?

Emocionada, aunque yo estaba en París, allí no fue tan emocionante.

¿No?

Allí el  feminismo no ha conseguido despegar como movimiento de masas. Está el movimiento feminista de los años 70, alguna gente joven se ha incorporado, pero se ha renovado poco. No se ha roto la barrera de círculos restringidos.

La socióloga e investigadora posa con un ejemplar de su último libro.

¿A qué cree que se debe el éxito del movimiento feminista en España?

Aunque está tan denostado el feminismo institucional y suene mal, creo que lo que hizo Zapatero, institucionalizar el feminismo, ha sido muy importante. Es verdad que son asociaciones de amas de casa, de macramé, sí, pero ahí están, se juntan y crean una red, convocan jornadas, comentan una película… También ha sido fundamental la lucha contra la Ley Gallardón, eso movilizó a muchísimas mujeres jóvenes que hasta entonces no habían dado la batalla. .

¿Está el feminismo de moda?

No aplicaría la palabra moda, otra cosa es que la moda lo aproveche. Estamos ante un fenómeno mucho más serio que una moda, estamos ante un montón de mujeres, incluso de hombres, que se han sensibilizado.

"Estamos ante un fenómeno mucho más serio que una moda, estamos ante un montón de mujeres, incluso de hombres, que se han sensibilizado"

¿Hay mucho machismo en nombre del feminismo?

Antes, a nadie se le ocurría en pro del feminismo decir: ¡Viva la prostitución! Eso era inconcebible. Ni defiendo la prostitución porque soy feminista o soy feminista y me prostituyo. Ahora venden la ideología reaccionaria de siempre con la etiqueta de feminista. Hasta un putero puede decirte que se va de putas porque es feminista.

¿No puede existir feminismo en espacios conservadores?

El feminismo, si lo entiendes de la manera más radical, supone un cambio de paradigma total de la sociedad, no puede convivir con la desigualdad de ningún tipo. No se trata sólo de decir somos iguales, que las mujeres pobres vivan machacadas y estupendamente las mujeres ricas. El feminismo es una ideología profundamente revolucionaria. Ahora bien, ¿se puede ser feminista y no ser revolucionaria? Pues depende, lo que hay que plantearse son objetivos feministas. No soy partidaria de demasiadas etiquetas y dividir, porque entonces te dejas atrás a cantidad de gente.

¿Fue Margaret Thatcher un símbolo feminista?

No, cómo va a ser Margaret Thatcher un símbolo feminista. Hay un mecanismo implícito, y a veces explícito, que impide el paso a las mujeres y entonces te preguntas por qué, incluso en la burguesía, no hay el mismo número de mujeres que de hombres en los puestos de poder. A mí, como feminista, me parece bien que las mujeres accedan a gobernar aunque no me gusten. Es como si me dices, ¿una mujer puede ser teniente coronel? Pues si quiere, que lo sea; otra cosa es que yo sea antimilitarista

En su último libro hay un artículo muy duro contra Amarna Miller, ¿qué le ha hecho?

(Risas). Amarna Miller vive de la prostitución y del porno. Ella dice que lo hace por feminismo, no me lo creo. No sé si es consciente de su oportunismo. No me creo que una persona que se gana la vida haciendo porno pueda ser feminista, porque está haciendo una cosa que objetivamente está ligada a la cosificación de las mujeres, a un brutalidad espantosa. Yo vi un trozo de una película porno de ella, a un tío que la cogía del cuello y casi la ahogaba. Para mí, Amarna Miller es la clásica que se aprovecha del feminismo porque mola.

"Somos las que proponemos un cambio radical en la concepción de la sexualidad, las que reivindicamos el placer para las mujeres"

¿No se puede ser feminista y defender la prostitución o el porno?

Desde mi punto de vista, no. ¿Qué es la prostitución? Supone, en el fondo, un poder, un uso del cuerpo de las mujeres por parte de los hombres. Como institución no se puede defender, es indefendible. Lo que tenemos que defender es un nuevo  modelo de sexualidad, que quiere decir basado en el placer mutuo. ¡Si es de lo poco que se puede hacer sin dinero (risas)!

¿Sois las feministas abolicionistas una puritanas como dicen desde los sectores regulacionistas?

No, al revés. Somos las que proponemos un cambio radical en la concepción de la sexualidad, las que reivindicamos el placer para las mujeres. Lo revolucionario es entender el sexo desde el deseo y placer mutuo. Lo contrario, es la sumisión.

Hay colectivos regulacionistas que os acusan a las feministas abolicionistas de que las prostitutas no tengan derechos laborales.

El primer cinismo es ese, o las declaran como prostitutas o nada.  ¿Por qué no las dan de alta como masajistas, camareras o profesoras de idiomas? Luego te dicen que quieren derechos sanitarios, mire, yo defiendo la sanidad universal, para todo el mundo, no defiendo que haya que prostiturse para tener sanidad. El oficio de escritora no existe, Almudena Grandes no sé cómo estará dada de alta, pero como escritora no porque no se puede. Son argumentos muy cínicos y muy sinvergüenzas.

Otro momento posterior al encuentro con Pilar Aguilar Carrasco.

En otro de sus artículos afirma que el burka y la moda occidental cumplen la misma función.

Son exponentes de la manipulación y la cosificación del cuerpo de las mujeres. Lo que pasa es que Oriente y Occidente han cogido dos caminos diferentes. En Occidente, las mujeres cuanto más despelotadas, mejor; en Oriente, mejor cuanto más tapadas. También hay una diferencia importante, aquí no vas a la cárcel por llevar zapatos planos; en Arabia Saudí o en Irán no puedes llevar velo hoy y decir mañana que no lo llevas, porque te meten en la cárcel.

¿No existe un peligro de que la ultraderecha use el discurso feminista para la islamofobia?

Sí, pero se les ve el plumero, porque como son muy burros, dicen: “Nosotros defendemos a nuestras mujeres”. Eso, tus mujeres, que las mujeres son tuyas.

En Francia, incluso en España, cada cierto tiempo se reaviva el debate sobre la prohibición del velo en nombre del laicismo.

El laicismo supone que en los espacios públicos, en las escuelas, hospitales o sitios de atención al público, no puedes manifestar tu religión. Si eres médico y tienes una cadena con una cruz, te la guardas para que no se te vea en la consulta. Otra cosa es que tú por la calle luego puedes ir como te dé la gana. Si un señor puede ir con una sotana o de integrista judío, por qué una señora musulmana no puede llevar burkini en la playa o velo por la calle.

"El cine en su conjunto es una maquinaria de propaganda patriarcal y machista"

Una de sus grandes pasiones, además de su oficio, es el cine, el análisis desde una perspectiva de género. ¿Ha cambiado la mirada del cine español hacia las mujeres?

Pues no, aunque hay de todo. El cine en su conjunto es una maquinaria de propaganda patriarcal y machista. Yo creo que el cine ni siquiera refleja la realidad, sino que la deforma. En la vida real somos la mitad de la población, ¿dónde están las mujeres en el cine?

¿Qué papel ha cumplido el cine en la banalización de las violaciones y agresiones sexuales?

Esto lo he estudiado y veía que había violaciones y se trataban como una cosa liviana. En la mayoría de los casos se trataba como una cosa sin importancia. Así se refuerza la corriente mayoritaria de que ya será para menos. Y luego está que, en el cine, la sexualidad que se ve es muy androcéntrica, muy falocéntrica. Ahora se está poniendo de moda la penetración anal, sin lubricante ni nada, ¡qué dolor!, (risas). Yo no me meto en lo que la gente haga en privado, sino en el modelo violento de la sexualidad que se proyecta.

¿Cuál es el reto del feminismo más prioritario?

La agenda sigue siendo la violencia. Ante la muerte, las violencias más agresivas y la explotación laboral, es prioritario poner ahí la mirada. A mí me parecen los temas más urgentes, son los más salvajes y los más brutales. Las prostitutas y las inmigrantes también deben estar en la agenda, no puede ser que haya mujeres prostituidas que valen cinco euros.

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