Emilio Calatayud: "Sin la mano dura de mis padres no hubiera sido juez"

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A Emilio Calatayud Pérez (Ciudad Real, 1955) le pasa como a la San Miguel. Donde va, triunfa. La noche de este pasado viernes llenó el auditorio del colegio jerezano El Cuco para impartir una conferencia ante unos 200 padres. Es el juez de menores más mediático de España, no solo por dictar sentencias ejemplarizantes basadas en la educación y el trabajo social, también por decir lo que piensa sin pelos en la lengua. El pasado septiembre, durante una intervención en un programa de Televisión Española, fue tachado de machista y misógino por decir que las niñas “se hacen fotos como putas”. “No me dio tiempo a decir que los niños también se las hacen como putos. Habrá que decir entonces que se hacen fotos erótico-místicas”, señala a varios periodistas, a los que atiende minutos antes de su charla.

"Ni soy psicólogo, ni educador ni nada, yo digo lo que pienso por lo que veo todos los días, y pienso que hay que decir la verdad, aunque a veces la verdad ofenda"

Calatayud afirma que lleva años “diciendo lo mismo”, por lo que prácticamente “doy siempre la misma conferencia”. Sus palabras van encaminadas a darle a entender a los padres que deben aplicar el “sentido común” a la hora de educar y tratar a sus hijos. Lo dice alguien que lleva 30 años lidiando con menores. “Ni soy psicólogo, ni educador ni nada, yo digo lo que pienso por lo que veo todos los días, y pienso que hay que decir la verdad, aunque a veces la verdad ofenda”. En este sentido, el respeto a la autoridad de los padres y profesores la considera fundamental. Así, señaló que si no hubiera sido “por la mano dura de mis padres” y por su estancia en un internado del pueblo malagueño de Campillos “no habría llegado a ser juez”. “Hay que obedecer y respetar. Y hay que tener autoridad sobre nuestros hijos, porque si un padre no tiene autoridad, ¿quién lo va a tener? Es sentido común”.

Desgraciadamente para el juez, este sentido común lo echa en falta muchas veces hasta el punto de considerar que “vamos a peor”. Esto hace que haya un “choque muy grande” entre padres e hijos. “Los niños ya no viven como niños, sino como adolescentes, y los adolescentes viven como mayores”. Sin embargo esto, considera que la madurez se retrasa cada vez más entre la juventud, de ahí que critique las voces que apuestan por adelantar a los 16 años la edad para ejercer el derecho al voto. “Lo que habría que hacer es alargar la mayoría de edad, porque con 18 años son mayores de edad, pero siguen siendo niños”. Eso, unido a que el magistrado piensa que “la generación de nuestros hijos va a vivir peor que la de sus padres” le hace ver que estamos “en un momento muy crítico” porque “no están preparados. Ahora los chavales están muy indefensos, no se les habla claro y se llevan los palos que se llevan. Y más que se van a llevar”.

La pérdida de valores, de moralidad y de ética son otros problemas que ha detectado Emilio Calatayud entre la juventud, y aquí reparte culpas a padres, profesores, clase política, sociedad en general y medios de comunicación, sobre todo las televisiones, a las que achaca “poca honestidad. Falta ética profesional y moral, aunque en estos tiempos suene mal, porque suena a facha o a católico. Pero la moralidad y la ética son fundamentales, porque se está fallando en la educación en valores. El que es una buena persona nunca va a maltratar a una mujer, ni va a explotar a sus trabajadores”.

Delitos según la clase social

Calatayud accedió a la carrera judicial en 1980, pero no se especializó en menores hasta 1987. En poco más de 30 años afirma que el perfil del menor ha cambiado radicalmente. “Antes nos llegaba clase marginal fundamentalmente, pero gracias a Dios se han equiparado las clases y nos llegan de todo tipo”. Explica también que las niñas “se han incorporado al mundo delictivo”, y si bien éstas representan solo una cuarta parte de los casos que llegan a su juzgado, las jóvenes destacan por los delitos relacionados con la violencia familiar. El juez también distingue los delitos según la clase social.

"Me parece una barbaridad es que los padres estén regalando móviles a criaturas de 8, 9 o 10 años”

“De los 30 años que llevo de juez de menores sólo he condenado a dos gitanillos por maltratar a sus padres, y sin embargo es el típico delito de la clase media-media alta". También, dice, lo son los delitos relacionados con las redes sociales y con los móviles: acoso, contra el honor, contra la intimidad, de contenido sexual, bulling... ¿Prohibiría entonces los teléfonos móviles a los menores? “Claro que sí. Y la edad mínima, cuando se los puedan pagar ellos. Yo fijaría la edad en 14 años, que es la edad mínima en la que les podemos exigir una responsabilidad penal. Pero lo que me parece una barbaridad es que los padres estén regalando móviles en las comuniones o en Navidad a criaturas de 8, 9 o 10 años”.

A pesar del paso de los años, sus sentencias siguen siendo de índole educativo y social. La que más le “duele” dictar, afirma, es la de obligar a “chavales de 16 o 17 años a que aprendan a leer. Y de esas dicto unas 25 al año”. Otra numerosa, que dicta “unas 250 veces al año” es condenar a chavales “a sacarse la enseñanza obligatoria. Y es muy triste que eso pase en un país y en una comunidad autónoma donde la enseñanza es obligatoria hasta los 16 años”. Sin embargo, reconoce que “es la sentencia que más te agradecen al cabo del tiempo”.

Porque, para Calatayud, su mayor satisfacción es conocer casos de jóvenes que de ovejas descarriadas han pasado a formar parte del redil, y recuerda una anécdota reciente, durante un viaje a Murcia para impartir otra conferencia, en la que se encontró con una enorme retención debido a un accidente. “Como tenía un autobús delante, me bajé del coche para preguntarle al chófer si veía lo que había pasado. Al bajar la ventanilla me reconoció y me dijo que hace 15 años lo había condenado a que se sacara el carné de conducir. Me dijo que se los había sacado todos y que gracias a eso ahora era conductor de autobús”. Y es que, como bien dice, “si no crees en la posibilidad de cambio de un chaval ¿en qué vas a creer?”.

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Jorge Miró

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