"El rechazo al enfermo de VIH sigue existiendo, si no habríamos cerrado"

La presidenta de Siloé, Rosalía Bejarano, repasa los 25 años de trabajo en la asociación, los proyectos en Mozambique y reconoce que premios como el Ciudad de Jerez "hacen que todo merezca la pena"

Rosalía Bejarano, presidenta de Siloé. FOTO: MANU GARCÍA
Rosalía Bejarano, presidenta de Siloé. FOTO: MANU GARCÍA

En 1994 un grupo de personas pertenecientes al entorno de la fe católica y profesionales de la Sanidad, preocupados por el alarmante crecimiento del número de infectados de VIH, decidieron abrir un espacio para ayudar a su cuidado: Siloé. El próximo 9 de octubre, tras 25 años de labor, el Ayuntamiento de Jerez les otorga el Premio Ciudad de Jerez a la Solidaridad.

Desde sus inicios Siloé no solo se preocupó por atender los cuidados sanitarios que los enfermos necesitaban, sino que también estuvo siempre al tanto de cuál era la situación social de cada enfermo ayudándolos a integrarse en la sociedad. “Nos encontramos situaciones muy duras, de personas a las que incluso su familia había dado la espalda y, en algunos casos, era casi legítimo y lógico”, cuenta Rosalía Bejarano, presidenta de Siloé. A pesar de los empeños que ponían, en aquella época lo más común era que muchos casos acabaran en muerte. “Nuestra idea era crear una casa familiar, por eso era importante que no hubiera muchas personas para sustituir la parte afectivo-familiar de estas personas que no tenían hogar”.

Bejarano cuenta que, a pesar de no recordar el número de personas enfermas de VIH que había en Jerez en aquellos inicios, sabían que eran muchísimos, pues en el hogar tenían listas de espera de entre 20 y 30 personas, además de las 16 que ellos tenían. “Siempre estábamos a tope pero, desgraciadamente, había una entrada y salida grande porque el fallecimiento era una cosa habitual. Algunos duraban unos días porque eran enfermos prácticamente terminales”.

Rosalía Bejarano durante la entrevista. FOTO: MANU GARCÍA

Durante sus 25 años de trabajo Bejarano, ha vivido situaciones de todo tipo con los enfermos e, incluso, ha llegado a tener varios accidentes biológicos. “Tenemos muchísimos medios para que no ocurran, pero son cosas que a veces pasan. Me he pinchado con agujas después de extraer sangre a una persona con alta carga del virus. Se pasa muy mal, pero existen tratamientos perfectos para que no pase nada. Esas situaciones te ayudan a meterte en el pellejo y entender mejor a los enfermos”. Además, reconoce, que los tratamientos han cambiado mucho en los últimos años. “Cuando empezábamos los enfermos tenían que tomarse hasta 20 pastillas diarias, pero ya está todo concentrado en un solo comprimido”.

Según la presidenta de Siloé, otra de las cosas que ha variado en todos estos años es el aspecto de las personas que llegan al hogar. “Existe algo más de aceptación. Las personas que ahora mismo se infectan no tienen el mismo aspecto que las personas de antes, que eran muy delgados y venían hechas un desastre. A pesar de todo sigue habiendo rechazo, porque si no lo hubiera tendríamos que dejar de existir”. Durante los últimos 25 años se ha conseguido que la enfermedad deje de extenderse, algo que Bejarano considera normal. “Sería para darnos dos tiros si con los avances que ha habido siguiéramos igual” y apuesta por seguir hablando, concienciando e informando a la sociedad sobre ella.

Hoy, en el día a día en Siloé, trabajan multitud de voluntarios cuidando a los enfermos, cocinando para ellos y recuperando las relaciones de éstos con sus familias para reintegrarlos. “Es un trabajo constante, especialmente cuando tratamos de conocerlos, y es digno de ser reconocido, sobre todo por la ciudad de Jerez”, dice una presidenta preocupada porque la edad media de personas atendidas hoy en el hogar no supera los 30 años. “Hemos puesto en marcha un programa de detección precoz para los jóvenes que tienen más miedo a un embarazo que a una enfermedad de transmisión sexual”. Este programa, además de ofrecer talleres en institutos, consiste en hacer gratuitamente una prueba anónima para la detección del VIH y la sífilis.

Un proyecto en Mozambique

Otro de los proyectos que está llevando a cabo la asociación es el Lar Siloé, en Mozambique, donde hace aproximadamente 15 años se construyó un orfanato para niños de tres a 16 años. “Allí es muy común ver cómo, tras la muerte de la madre, los padres se van a otras ciudades a buscar trabajo y abandonan a los niños”. En el Lar se acoge a unos 80 niños con los que trabajan unas 25 personas. Además, se tiende a que los niños mayores se vayan haciendo cargo de los niños pequeños.

Bejarano, además, reconoce que la asociación llegó a Mozambique prácticamente de casualidad, porque en un primer momento iban a involucrarse en un proyecto en el Congo. “La Junta de Andalucía aprobó una subvención para el proyecto allí, pero no se pudo llevar a cabo por la guerra que se estaba produciendo. Fue entonces cuando decidimos ir a Mozambique”.

siloe_mozambique_1.jpg Algunos de los niños del Lar Siloé en Mozambique.

Hace unos meses un huracán azotó el país y el Lar, aunque parece que las aguas van volviendo a su cauce. “Según nos cuentan desde allí ha sido horrible, aún hay árboles por las calles que no se han podido retirar, casas sin techo… pero se están haciendo reformas y se va recuperando”. Además, tras el huracán, el precio de la comida y el material para la construcción ha subido y, en ocasiones, lo tienen que llevar desde Sudáfrica.

Durante todos estos años, Siloé ha recibido diferentes premios y reconocimientos a niveles local, provincial y andaluz, pero la presidenta habla del Premio Ciudad de Jerez como “el mejor, porque nos dice que esta locura de cuatro o cinco personas hace 25 años ha merecido la pena”.

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