El cementerio de Jerez, de reapertura tras tres meses: "Mientras esté yo, no dejaré solos a mis padres"

Los trabajadores explican los temores durante los peores días de la pandemia y revelan que entre sospechosos y confirmados, "ha habido más de 42 muertes en Jerez"

Dos personas al fondo, junto a los nichos, en el cementerio de Jerez.
Dos personas al fondo, junto a los nichos, en el cementerio de Jerez. MANU GARCÍA

Los cementerios no son un lugar querido por la mayoría, pero allí acaban casi siempre los más queridos, y el destino final para el reposo eterno. El de Jerez no ha sido el de la ciudad más golpeada del país, aunque los trabajadores reconocen en corrillo que ha habido alguna muerte más por coronavirus de la que aparece en las cifras. Al menos, de casos sospechosos. Oficialmente, a 8 de junio, 42 muertes, gran parte de ellas en residencias de ancianos. El cementerio de Jerez es uno de los más grandes de la zona. Y ha permanecido cerrado hasta este lunes, sólo habilitado para algunos entierros. En la mañana se congregaban algunos de los habituales, que saludan al entrar. Al cementerio de Jerez le han faltado muchas de las lágrimas y las comunicaciones de una sola voz que reparan las tristezas. A los seres queridos se les llama "el pobrecito" o "la pobrecita". Los hay que van desde hace poco. Otros, que tienen rutina de acudir desde hace décadas.

Chico es como le conocen. Venía cada sábado desde el barrio de San Mateo caminando (cinco kilómetros a la ida, otros cinco a la vuelta), y este lunes, por ser el primer día de apertura, no falla. Tiene a su padre. "Todos abrieron en la provincia menos el de Jerez". Lamenta que "si dejas abiertas terrazas, aglomeraciones de gente... Mira yo, con mi mascarilla, aquí no hay nadie". Es un espacio abierto, claro. No hay necesariamente aglomeraciones. Quizá una o dos personas que vienen juntas por cada dos o tres plazas o zonas habilitadas a eso del mediodía. "Yo lo que vengo es a limpiarle al pobrecito la tumba, hablar un ratito con él, y para casa. Estoy descontento por eso, no me han dejado entrar hasta hoy. Lo que vengo es a ponerle unas flores, y luego ves los centros comerciales, que vale, que están abiertos, pero no hay nadie aquí, sin aglomeración. No me entra en la cabeza. Podría haberse abierto desde fase 1 o fase 2".

El cementerio de Jerez, la mañana de este lunes. FOTO: MANU GARCÍA

Los trabajadores cuentan que se reclamaron EPIS al comienzo de la pandemia. Como en su trabajo, en otros muchos, marzo y abril fue especialmente complicado ante las muchas dudas. Siempre han sido esenciales los enterradores y, en general, todos los que trabajan en un cementerio. Ha habido brotes en estos espacios de Madrid y Barcelona que han obligado al cierre. Cuentan los profesionales que tienen constancia de incineraciones obligadas por la falta de personal, realizadas incluso en Jerez para enviar los restos posteriormente de vuelta a Madrid. Los casos de entierros que se reportaban como fallecimientos como coronavirus, o sospechoso, se ha desinfectado posteriormente la zona, y se tomaban mayores precauciones. "Con el mono puesto hasta arriba, hasta la cabeza", cuentan. Creen que la apertura más tardía se ha debido a que "se han lavado las manos esperando que lo obligara el Gobierno". Eso ha llegado con la fase 3. Ahora, sí cuentan con mascarillas, se recomienda a los visitantes que incluso entren con guantes, aunque no es obligatorio. "Nos gustaría que pudiéramos abrir las puertas por lo menos dos horas más tarde, a las diez, para que nos diera tiempo a nosotros a organizar los entierros antes de que llegaran la gente que viene cada día".

Cuatro veces al año, quizás alguno más, cuentan, suelen venir Cristina y Encarni, hija una y esposa la otra de un hombre fallecido hace más de una década, 17 años. Uno de esos días del calendario en los que venían siempre es su cumpleaños, que fue el domingo, un día antes. "Estaba esto cerrado. Necesitaba venir. Pero bueno, lo he tenido que dejar parado. Ya hoy gracias hemos conseguido la apertura. No sabía que estaba esto cerrado". Las medidas de seguridad les han parecido correctas. "La gente todavía no se habrán podido desplazar, vendrán más por la tarde...".

Los cementerios son el lugar del silencio tras décadas de ruidos, palabras. Son el descanso de los guerreros, dicen los de las metáforas belicistas. A unos metros de una tumba de la Guerra Civil, está Antonia, trabajando sobre una grieta en el suelo junto a los nichos de sus padres que no le gusta. Suele venir con frecuencia. "Para mí es reciente, pero son tres años" desde la primera de las dos despedidas. Sus razones tendrán para no haber abierto antes, señala, pero cree que sí, que se podría haber hecho. "Cada vez que vengo me gusta arreglar esa grieta, que no me gusta. Sé que sale por la calor, que cede, pero no me gusta. Cuando salga otra vez, le pondré cemento". La próxima vez, mientras le dejen venir, que según se vea en plena pandemia puede ser mucho decir. "Mientras esté yo, vendré, no lo voy a dejar. Cuando no esté, no lo sé, pero no lo voy a dejar".

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