Este 27 de abril se han cumplido cinco años de uno de los casos de violencia vicaria más espeluznantes de los últimos años en España. Olivia y Anna, dos hermanas de uno y seis años, desaparecieron en Tenerife junto a su padre, Tomás Gimeno, de 37 años de edad. La búsqueda de las pequeñas y de su progenitor mantuvo durante más de un mes con una angustia a las personas que conocieron el caso.
Finalmente, el 10 de junio, un buque localizó en el océano el cuerpo de Olivia. El de Anna nunca fue encontrado ni tampoco el de su padre. Cinco años después, recordar esta historia todavía conmociona por la terrible crueldad del padre de las pequeñas.
"El caso nos enseñó el valor del amor de una madre"
El presidente de SOS Desparecidos, Joaquín Amills, que fue portavoz de Beatriz Zimmermann, la madre de Anna y Olivia, durante la búsqueda, ha señalado en este quinto aniversario que las medidas adoptadas no han sido suficientes: “Esta es una fecha, más allá del recuerdo, para pensar en el propósito de lo ocurrido y lograr que la sociedad cambie. El caso nos enseñó el valor del amor de una madre. Un amor puro en Beatriz, que se impuso al odio y a la venganza, llegando a todos los que compartimos su dolor, la incertidumbre y la esperanza”.
Las dos hermanas quedaron inmortalizadas en una escultura situada frente al mar en pleno centro de Santa Cruz de Tenerife en un homenaje que recuerda a las pequeñas y que muestra la crueldad de la violencia más cruel que se ejerce sobre la mujer para mantener de por vida el trágico recuerdo de la pérdida de, en este caso, dos hijas.
La reconstrucción del doble asesinato
El Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 2 de Santa Cruz de Tenerife archivó en marzo de 2022 el caso de Anna y Olivia. En el auto judicial se recoge que los investigadores sostienen con un 99% de probabilidad que Tomás Gimeno se suicidó tras cometer los crímenes.
Según las conclusiones de la investigación, Gimeno asesinó a sus hijas en su domicilio durante la tarde. Posteriormente, se dirigió a su embarcación y trasladó los cuerpos, ocultos en bolsas de deporte, para arrojarlos al mar. Tras esa acción, regresó a tierra firme. La reconstrucción de los hechos señala que, una vez en tierra, adquirió un cargador de teléfono y realizó una última llamada a su expareja antes de quitarse la vida. En esa conversación, le dijo que no volvería a ver a sus hijas ni tampoco a él.
Las cámaras de seguridad del puerto captaron el momento en que Gimeno zarpó por última vez, una secuencia que resultó clave para esclarecer el recorrido previo a su desaparición.
