Carlos, trabajador en los Astilleros, recibe el alta médica a pesar de tener secuelas del cáncer que padece

Carlos Bohórquez, empleado de Buqueland, una empresa auxiliar de Navantia, denuncia que ha recibido el alta médica a pesar de sufrir los efectos físicos y psicológicos del linfoma de Hodgkin que ha pasado

Carlos Bohórquez, inspector de calidad de Buqueland, dado de alta siendo paciente oncológico.
Carlos Bohórquez, inspector de calidad de Buqueland, dado de alta siendo paciente oncológico.

Durante varios días consecutivos del verano de 2019, a Carlos Bohórquez le subía la fiebre llegando las seis de la tarde, más o menos. Hasta la mañana siguiente permanecía con fiebre alta. Luego se le inflamaron los ganglios. Después de varias visitas a Urgencias y algunas pruebas, tuvo el diagnóstico: linfoma de Hodgkin, un cáncer de una parte del sistema inmunitario (sistema linfático) que puede afectar a los pulmones, el hígado o a la médula ósea.

Carlos, que trabaja como inspector de control de calidad de soldadura para Buqueland, una empresa auxiliar de Navantia en los Astilleros gaditanos, empezó en marzo de 2020, un par de días antes de decretarse el confinamiento, las sesiones de quimioterapia —a consecuencia de ella padece diabetes—, a las que luego tuvo que sumar la radioterapia, en verano de ese año. Después de estar 18 meses de baja, el tiempo máximo para la baja médica, recibió un SMS que no esperaba: el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) le comunicó el alta, con fecha del pasado 28 de mayo.

“Se me quedó el cuerpo cortado”, confiesa Carlos cuando atiende a lavozdelsur.es. “Con el trabajo que tengo y el esfuerzo que requiere, soy el primero que sabe que no puede”, dice. La abogada de Bohórquez, en su nombre, ha interpuesto una reclamación para pedir que se prolongue su baja y se le reconozca la incapacidad temporal mientras reciba asistencia sanitaria, y se encuentre impedido para trabajar, o en su defecto se declare su incapacidad permanente. Su empresa, mientras tanto, le ha dado vacaciones en espera de que se solucione su situación.

No quieren que ocurra una desgracia”, cuenta Carlos en referencia a su empresa. Él, como inspector de control de calidad de soldadura, anda “unos 11 o 12 kilómetros diarios”, ataviado con botas de seguridad, y entrando y saliendo de barcos. “Ahora mismo mi vida diaria se limita a andar 200 metros a velocidad ligera y se me quedan las piernas sin fuerza”, relata. "Si hubiera un incendio, que los hay, no estoy para salir corriendo", agrega. 

Carlos Bohórquez, que además de su trabajo en los Astilleros, es miembro del cuerpo técnico de la cantera del Cádiz CF, ha cambiado sus rutinas por completo. "El cáncer me ha destrozado la vida", dice. A sus 35 años, ha pasado de salir de casa a las seis de la mañana para trabajar y volver, en ocasiones, a las once de la noche tras encadenar entrenamientos y ensayos con su comparsa, a estar días sin salir y casi sin poder andar. "Físicamente estoy muy limitado. No puedo hacer deporte, no puedo subir escalones... me fallan las piernas", agrega.

El escrito remitido por la abogada de Bohórquez recoge que "la función del inspector de soldadura es juzgar la calidad de un producto soldado en relación a una especificación escrita o código de fabricación, presenciar la calificación de los procedimientos de soldadura y verificar que se cumpla con todas las variables esenciales", algo para lo que se "requiere de una buena condición física y psíquica de la que carece en la actualidad". El suyo es "un trabajo de gran precisión y responsabilidad", ya que "una mala inspección puede suponer un gran riesgo para la salud y la vida de las personas que luego utilizaran el trabajo final realizado". 

Un informe del pasado 24 de mayo, apenas cuatro días antes de recibir el alta, refleja que Carlos "continúa con mucho cansancio, que limita su actividad diaria y dolor a nivel de región inguinal derecho que en ocasiones limita la deambulación". "Resulta incongruente que un informe emitido por su especialista el 24 de mayo, en el que se deja claro la situación del paciente y sus limitaciones, pues estima que tiene dolores limitantes para su actividad básica, que está en revisiones, a la espera de pruebas médicas, continúa con dolores y adenopatías, sea dado de alta, cumpliendo con todos lo requisitos establecidos para estar en incapacidad temporal", reseña la abogada de Bohórquez en la reclamación enviada al INSS.

"El enfermo no puede desempeñar el trabajo que venía realizando antes de la enfermedad…. Tiene que realizar muchos kilómetros al día y visitar tanques para inspeccionar, así como para subir escaleras en exceso para las secuelas de algias en las piernas por ganglios. Ha perdido flexibilidad de miembro inferior derecho y déficit de elevación en flexión, cansancio después de 200 metros andando y subir pequeñas escaleras, por lo que considero no puede desempeñar su trabajo habitual", describe el escrito, del que todavía no tiene contestación. "No duermo", confiesa Carlos, pensando en la idea de que se acaben sus vacaciones y siga dado de alta.

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