Begoña, la lavandera del hospital Punta de Europa de Algeciras que gana premios con sus versos

La jienense ha sido galardonada con el premio Hiperión por 'Servicio de lavandería', un poemario que refleja su trabajo en pandemia al que se dedica desde que abandonó su carrera por necesidades económicas

Begoña M. Rueda. ELCLUBDELOSIMBERBES
Begoña M. Rueda. ELCLUBDELOSIMBERBES

La poeta Begoña M. Rueda trabaja como lavandera-planchadora en el Hospital Punta de Europa de Algeciras. Desde allí ha escrito su poemario Servicio de lavandería, que se ha alzado con el premio Hiperión. La joven de 29 años, natural de Jaen, no tuvo más remedio que, en 2019, mudarse a la provincia gaditana por necesidades económicas para acabar entre batas sucias y lavadoras industriales. Dejó apartada su carrera de Filología Hispánica y se dedicó a este trabajo del que habla en su última obra.

En su obra explica que los médicos no saludan a las lavanderas y otras condiciones a las que se enfrenta en su día a día, agravado por la pandemia. Desde que la crisis se asentó en el mundo, la joven no ha podido evitar no reflejar la dureza de esta realidad en sus versos. “Junto a las mascarillas nos entregan los guantes. / Ya no me daré cuenta de las sábanas / que llegan todavía calientes / a mis manos”. Rueda ha visto el hospital colapsado, la pérdida de compañeros y la falta de recursos, sensaciones de temor que ha plasmado en su poemario.

No es la primera vez que una publicación de la jienense resulta exitosa. Acumula 7 libros, todos gracias a un premio. En 2016, Princesa Leia (La Isla de Siltolá), basado en Stars Wars, ganó el II Premio de Poesía Joven Antonio Colinas y tres años más tarde, Reencarnación (Ediciones Complutenses) logró el Primer Premio de Poesía de la Universidad Complutense de Madrid, y Error 404 (Visor) cautivó al jurado del Premio de Poesía Ciudad de Burgos. Begoña intenta que haya "variedad" en sus creaciones, un mundo poético por el que lucha a pesar de todo.

Para sobrevivir, la poeta compagina su puesto en el hospital con su pasión por los versos. La poesía no está bien valorada, aunque muchas personas no están de acuerdo con lo que hace. “Hay gente que me ha dicho que se siente decepcionada conmigo: no entienden, ‘con lo lista que eres’, ‘con lo bien que escribes’, que siga en trabajos como el mío”, ha contado a El País. Ha tenido que trabajar de camarera o pizzera porque, pese a su éxito en la poesía, eso no es suficiente. “Escribir poemarios es un trabajo que lleva su tiempo y su esfuerzo, lo ideal sería que estuviera bien remunerado, que yo pudiera regresar a estudiar mi carrera”, añade. 

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