Antonio, trasplantado de riñón en plena pandemia: "Siempre estaré en deuda con el personal sanitario"

El Hospital Puerta del Mar de Cádiz realiza siete trasplantes en el mismo periodo en el que hizo 25 el año anterior. La precaución se extrema para prevenir contagios en la lenta vuelta a la "normalidad"

Antonio, mostrando la cicatriz fruto el trasplante de riñón al que se ha sometido. FOTO: MANU GARCÍA
Antonio, mostrando la cicatriz fruto el trasplante de riñón al que se ha sometido. FOTO: MANU GARCÍA

Antonio ingresó en el Hospital Puerta del Mar de Cádiz el pasado 22 de abril porque le tenían que crear una fístula arteriovenosa, una conexión que le serviría luego para las sesiones de hemodiálisis a las que tendría que someterse por sus problemas renales. Dos días después estaba en casa, pero a los 20 minutos de llegar, a mediodía, sonó el teléfono. “Ha surgido una buena oportunidad y no queremos desaprovecharla, vente para hacerte pruebas de compatibilidad”, le dijo su doctor. Había llegado un riñón que podía servirle para poner fin a sus complicaciones renales. Esa misma noche le confirmaron que era compatible, y a la mañana siguiente pasó por quirófano, convirtiéndose en el primer trasplantado del centro hospitalario desde el inicio del confinamiento decretado por la pandemia del coronavirus. Más de un mes después, el servicio de Nefrología recuperaba cierta normalidad.

“Cuando me despertaron me tuve que tocar para saber que me habían hecho algo, porque no tenía ni dolor, ni molestias. Me encontraba perfectamente”, relata Antonio Guillén a lavozdelsur.es. El suyo fue el primero de los cinco trasplantes renales realizados en el Puerta del Mar en apenas tres días. Luego llegaron otros dos. Entre mediados de marzo y mediados de mayo de 2019 se realizaron 25 trasplantes de riñón en el centro hospitalario, que recibió 15 donaciones de órganos en ese tiempo. En el mismo periodo de este 2020, ha habido siete trasplantes renales y ocho donaciones. “La situación derivada de la pandemia con la alta ocupación de las Unidades de Cuidados Intensivos con pacientes positivos de coronavirus ha motivado una reducción del número de trasplantes realizados, por lo que todos los esfuerzos de los equipos de coordinación se han dirigido hacia aquellos de carácter urgente”, explicaba el hospital en una nota de prensa.

Durante los tres días posteriores a la operación, Antonio estuvo aislado, sin poder ver a sus familiares, para minimizar el riesgo de contagio. Nefrología se encontraba en la octava planta del hospital —que se utiliza para pacientes con Covid-19—, pero se reubicó a la séptima para asegurar circuitos seguros para pacientes y profesionales, y donde hicieron un seguimiento a Antonio, que recibió el alta diez días después. “La verdad es que he tenido una evolución magnífica”, relata, “he tenido una tranquilidad absoluta porque el personal sanitario está preparadísimo. Dan demasiado para lo poco que le devolvemos. Siempre estaré en deuda con ellos”.

Antonio Guillén, de 58 años, trabaja como vigilante de seguridad. El pasado mes de diciembre se dio de baja tras estar ingresado unos días por complicaciones renales. El personal médico le informó de que tenía que someterse a hemodiálisis, un tratamiento con el que se filtran las toxinas y el agua de la sangre, sustituyendo la función de los riñones, y que ayuda a pacientes con problemas renales a llevar una mejor vida mientras espera la ansiada llamada que le informa de que hay un órgano compatible. Fue en 2013 cuando, tras una analítica rutinaria, le detectaron las primeras complicaciones. La solución estaba clara: someterse a sesiones de diálisis —en un primer momento— y, cuando fuera posible, el trasplante. “No me impactó, lo asumí perfectamente”, expresa.

Antonio Guillén, leyendo, en el salón de su casa. FOTO: MANU GARCÍA

Hace un año que surgieron problemas. Una peritonitis —inflamación del peritoneo, el tejido delgado que recubre la pared interna del abdomen— le hizo pasar a la hemodiálisis, por lo que tenía que desplazarse tres días en semana al hospital, tres o cuatro horas cada vez. “El doctor me decía que iba a estar poco tiempo en hemodiálisis, para mi grupo sanguíneo suele haber órganos disponibles para trasplantes”, cuenta. Así ha sido. En los próximos días tiene que ir al Puerta del Mar para que le quiten el catéter implantado para someterse a las sesiones de hemodiálisis. “No sabes las ganas que tengo de que me quiten el catéter del pecho, así no me puedo ni meter en la ducha. Ahora se da cuenta uno de que las pequeñas cosas son las que tienen importancia”, relata.

“No he descubierto a los sanitarios españoles ahora —agrega Antonio—, hace 30 años operaron a mi hija cuando tenía 17 días de vida, estuvo ocho horas en quirófano, y ahí está mi hija. Así me lo tomé, con la tranquilidad de saber que estaba en muy buenas manos”. Eso sí, “la vida cambia”. “Yo soy un vicioso del agua, me encanta beber, y tenía que estar con el agua reducida, hay alimentos que no puedes tomar… pero ahora ya puedo comer lo que quiera, y beber,”, agrega. “Me acostaba todas las noches pensando en beberme una botella de agua fría entera cuando saliera del hospital. Un simple yogur, que lo tenía limitado, se convertía en un manjar. O un trozo de sandía”.

Antonio asegura que estará “eternamente agradecido” al personal sanitario, y también a la familia del donante de su nuevo riñón. “Nunca podré pagarle lo que han hecho por mí”, dice. Por eso espera que los aplausos desde los balcones durante el estado de alarma se traduzcan en “respeto” y que los profesionales de la Sanidad pública “no sean agredidos ni insultados”. La coordinación de Trasplantes del Hospital Universitario Puerta del Mar agradeció, tras anunciar los primeros cinco trasplantes en plena pandemia, “el esfuerzo realizado por los numerosos profesionales, de todas las categorías y unidades asistenciales del centro, implicados en esta tarea, y que, a pesar de las dificultades añadidas por la pandemia, han posibilitado la realización de estas donaciones y los consiguientes trasplantes”.

Antonio Gordillo, médico en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del centro hospitalario desde 1997 y coordinador provincial de trasplantes en Cádiz desde hace cuatro años, lleva toda su vida laboral en el hospital gaditano. “Situaciones difíciles tenemos todos los días, porque a veces hay que dar noticias muy desagradables, es el pan nuestro de cada día, pero esta situación es de lo peor que he tenido estos años, sobre todo por la incertidumbre”, expresa en conversación con lavozdelsur.es. La presión asistencial, tras 70 días de confinamiento, ha bajado, aunque siguen en alerta. “El riesgo de transmisión a un posible trasplantado es alto. Cuando se trasplanta a una persona se le ponen fármacos para impedir el rechazo del órgano, lo que baja las defensas y aumenta el riesgo de infecciones”, relata.

Antonio Guillén, tras la entrevista con lavozdelsur.es. FOTO: MANU GARCÍA

“Han cambiado los circuitos del hospital”, explica Gordillo, “buscamos alojamiento para estos pacientes fuera de las zonas de riesgo, nos vestimos con mucha protección, se les hace la prueba a los donantes y a los trasplantados para asegurarnos de que no tienen el virus…”. “No hay constancia de que el coronavirus se haya transmitido a través de una donación”, agrega, pero toda precaución es poca. La donación de donantes vivos sigue suspendida, por lo que los órganos recibidos por el Hospital Puerta del Mar son de personas fallecidas durante estos días. La prioridad ahora son las intervenciones de órganos vitales, como pulmones o corazón. “Todos vivimos esta situación con temor a lo desconocido”, asegura.

El Hospital Puerta del Mar realizó 99 trasplantes renales en 2019. Este año, la cifra será sensiblemente inferior, “pero poco a poco se va volviendo a la normalidad”, cuenta Gordillo, que anima a la población a hacerse donante de órganos, en vísperas del Día Nacional del Donante de Órganos y Tejidos, que se celebra el próximo 3 de junio. “Las donaciones se han mantenido, hay una dinámica muy buena, se ha parado por precaución y porque se ha hecho sitio en las UCI para los contagiados por coronavirus”, cuenta Auxiliadora Mazuecos, responsable de trasplantes renales en el servicio de Nefrología del Puerta del Mar.

Los datos respaldan sus palabras: Andalucía, con 51,5 donantes de órganos por millón de habitantes en 2019, superó el objetivo de 50 donantes por millón de población establecido por la Organización Nacional de Trasplantes para 2022. El 89% de los andaluces dicen sí a la donación. Gracias a 430 donantes, se realizaron 889 trasplantes en la comunidad el año pasado. Desde mediados de marzo, cuando se decretó el estado de alarma, si en toda España se realizaban cada semana entre 90 y 130 trasplantes de órganos, se pasó a realizar como mucha una docena, cuenta Mazuecos. “Solo intervenimos a pacientes urgentes”, señala.

Su forma de trabajar ha cambiado totalmente. “Tenemos a pacientes muy delicados, desde antes del estado de alarma empezamos con las consultas telefónicas para que vinieran lo menos posible”, reseña. “Te acostumbras a funcionar de otra forma”, añade, y confiesa que “los primeros días fueron angustiosos”, porque “no sabes si el hospital va a aguantar la presión asistencial”. Pero aguantó el pico de la curva. Auxiliadora dice que, durante estos meses, ha habido más compañerismo “que en ninguna etapa de mi vida”. Para ella, “los aplausos son emocionantes, y se agradecen, pero parece como si se hubiera descubierto ahora la importancia de la Sanidad. Tenemos una Sanidad pública de gran calidad y muchas veces no nos damos cuenta”, dice. El trasplante de Antonio Guillén lo recuerda con “ilusión”, porque fue como “ver la luz al final del túnel”, aunque todavía queda camino por recorrer.

Unos 850.000 andaluces padecen enfermedad renal crónica, de los cuales más de 10.400 son pacientes que precisan tratamiento renal sustitutivo (diálisis). Andalucía está por debajo de la media nacional, con una prevalencia de 1.241 personas por millón de población —frente a las 1.304 de España— según datos de 2018 de la Sociedad Española de Nefrología (SEN). La media anual de incidencia —nuevos pacientes— también es inferior a la del país en su conjunto, con 140 personas por millón de población frente a 147. Unos siete millones de españoles padecen enfermedad renal crónica, de los que 61.000 tienen que someterse a diálisis.

Esta dolencia ha crecido casi un 30% en el país en la última década, según los últimos datos del Registro Español de Enfermos Renales, por lo que si sigue con este ritmo de crecimiento se puede convertir en la segunda causa de muerte en España en pocos años. La “epidemia silenciosa”, como se conoce a esta patología —al tener un infradiagnóstico del 40%, y un 25% de afectados que desconoce su situación en las fases iniciales—, se puede evitar llevando hábitos de vida saludables, limitando el consumo de alimentos procesados o el tabaco.

“La percepción social es que llegamos a mayores con las funciones renales necesariamente disminuidas, como si el deterioro renal fuera exclusivamente fisiológico y no estuviera inducido por factores de riesgo como la dieta, el sedentarismo, el tabaco o el consumo de alcohol”, explica María Dolores del Pino, presidenta de la Sociedad Española de Nefrología, quien remata: “Queremos cambiar radicalmente esta falsa creencia, llevando a toda la población, y particularmente a los mayores, la idea de que el deterioro renal puede evitarse y que la función renal puede preservarse en estado óptimo con buenos hábitos y particularmente con una alimentación saludable”.

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