Relato desde los autobuses andaluces atrapados desde el viernes en la A-4': "Un señor de otro coche nos trajo agua"

La borrasca azota no solo Madrid, sino todo el entorno, atrapando durante la madrugada a miles de vehículos en la A-4. Algunos autobuses salieron el viernes a pesar de las previsiones. "No teníamos cadenas de nieve ni siquiera"

Imagen de la nevada de Filomena desde el interior de un autobús en la A-4. FOTO: Louisa Engl
Imagen de la nevada de Filomena desde el interior de un autobús en la A-4. FOTO: Louisa Engl

La borrasca Filomena ha dejado encallados multitud de vehículos en las carreteras cuando iban camino de Madrid. Era sabido que la tormenta sería dura, pero no tanto como para colapsar la Meseta, y en especial, Madrid, una ciudad con una enorme entrada y salida de viajeros. Algunos de ellos son andaluces que iban hacia la capital en sus coches, en transportes y en autobuses, toda vez que los trenes no circulan. Han ido contando su odisea a través de las redes sociales.

Un autobús de Granada salió el viernes a primera hora de la tarde destino Madrid, un viaje largo, pero no tanto como se esperaba. Louisa Engl iba hacia la capital con unas 50 personas en el vehículo. A las cuatro de la mañana explicaban que no tenían agua, y temía ya que el motor comenzara a fallar por falta de gasolina.

Gracias a un conductor cercano, que repartió dos botellas grandes, pudieron beber algo los viajeros a eso de las ocho de la mañana, explicaba Engl. Para esa hora llevaban ya 17 horas de trayecto. Según explicaba a El País, estaban parados en Seseña, a apenas media hora del final del trayecto, pero era ya insalvable. "No teníamos cadenas de nieve ni siquiera", lamentaba. Incluso, habían llamado antes del viaje para preguntar si seguían adelante a pesar de las previsiones sobre Filomena, pero la empresa les dijo que sí. Al menos, tanto ella como su pareja, pudieron comer algo de lo que llevaba una persona en la maleta, productos para su madre comprados en el Sur.

Por su parte, desde Granada también iba en autobús el joven Pablo Sánchez a Madrid, de 25 años, que contaba al periódico Ideal que volvía tras pasar las fuestas con su familia. Los problemas comenzaron nada más pasar Despeñaperros, en la localidad de Almuradiel (Ciudad Real), a unos 200 kilómetros de la capital. En la misma provincia manchega, a medida que avanzaban, la situación iba a peor durante las últimas horas del viernes. Pudo avanzar primero porque el autobús iba cerca de una quitanieves, pero una vez que ésta se marchó, la nieve se amontaba y tuvieron que aprar.

La noche la pasaron en un restaurante, después de que la Guardia Civil les ordenase dar la vuelta unos kilómetros hacia atrás "Pude comer un bocadillo". Unas ochenta personas que tuvieron que aguantar, incluso, que en el citado establecimiento se cortara la luz. Los agentes, de hecho, les habían indicado que las quitanieves dejaban de trabajar porque un cable de alta tensión había caído sobre la vía. Por la mañana, retomaron la marcha, y de nuevo en Aranjuez se vieron obligados a parar.

Las previsiones son que la nevada se detenga en la noche de este sábado. Pero el recuerdo, desde luego, será para siempre para estos andaluces atrapados bajo Filomena.

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