"El feminismo es una apuesta para transformar la sociedad"

La periodista Ana Requena, cofundadora de eldiario.es, es redactora jefa de Género del periódico desde 2018 y creadora del blog 'Micromachismos' y del libro homónimo. Su trayectoria está marcada por el activismo en la lucha de los derechos de las mujeres

Ana Requena, jefa de Género de eldiario.es, tras la entrevista con lavozdelsur.es. FOTO: MANU GARCÍA
Ana Requena, jefa de Género de eldiario.es, tras la entrevista con lavozdelsur.es. FOTO: MANU GARCÍA

Ana Requena es cofundadora de eldiario.es y redactora jefa de Género desde 2018. Creadora del blog Micromachismos y del libro homónimo, su trayectoria ha estado marcada por el activismo en la lucha de los derechos de las mujeres, realizando crónicas y reportajes internacionales sobre la trata de mujeres y los ataques con ácido en Bangladesh, los feminicidios en México, o la violencia de género en Gaza. Recientemente ha sido galardonada con el premio Mujer Imparable que concede el Gobierno de Castilla La Mancha por su labor periodística de compromiso y promoción de la igualdad.

La función de redactora jefa de Género o editora de Género es una figura reciente en el periodismo. Surgió por primera vez en The New York Times hace un par de años y, actualmente, no es algo aún habitual en todas las redacciones. ¿Cuál es su papel como redactora jefa de Género?

El papel de editora de Género o redactora jefa de Género es un papel que estamos construyendo aún porque, como dices, es algo nuevo y por lo tanto no es una figura de la que tengamos referentes anteriores. Creo que cada una en su medio está tratando de abrir camino y definir qué es esta figura. En mi caso, intento que sea una figura transversal que ayude a aplicar la perspectiva de género en nuestro medio de comunicación y en el periodismo que hacemos. No se trata de coordinar una sección sino de ir más allá. En ese sentido sí que considero que parte de mi cometido es coordinar e impulsar determinadas coberturas y enfoques sobre algunos temas pero también poder ser una referencia dentro de la redacción para tener debates, resolver dudas y pensar nuevas formas de incluir cuestiones que nos interesan en todas las secciones. También trato de buscar herramientas para mejorar esa perspectiva de género a nivel estructural, por ejemplo: iniciativas que estamos poniendo en marcha para que nuestros espacios de opinión sean equilibrados, para darle una pensada al lenguaje que utilizamos, para tener algunas instrucciones sobre cómo cubrir la violencia machista, etc.

Es fundadora del blog 'Micromachismos' y autora del libro con el mismo nombre. Actualmente es un concepto que reconoce mucha gente pero esto no era así hace algunos años: la labor de nombrar y visibilizar ha sido clave para lograrlo, sin duda. Con la perspectiva de estos seis años de andadura del blog identificando micromachismos en lo cotidiano ¿cuál es su percepción actual? ¿Progresa la sociedad en este sentido?

Creo que hemos progresado mucho. Cuando lanzamos el blog en 2014 cogimos ese concepto que estaba empezando a despegar pero que aún no era muy popular y nos pareció que tenía mucha potencia. Con ese concepto nombramos a un blog en el que queríamos hablar del machismo cotidiano, de situaciones que condicionan la vida de las mujeres pero que no solían llegar a los grandes medios de comunicación. Creo que la evolución en estos seis años ha sido espectacular. Este machismo cotidiano ha ido introduciéndose poco a poco en la conversación diaria de la gente y también en la conversación de la agenda política y social. Si antes estábamos bastante solas en esa cobertura, poco a poco, los medios de comunicación también han dado espacio y cabida a este tipo de enfoques. Sin duda estamos en un escenario muy distinto al de 2014, marcado por el avance y por la ruptura del silencio acerca de estos temas.

Sigo detectando que a las mujeres se les interrumpe más. También que cuando una cosa la dice una mujer se le escucha menos que cuando dice lo mismo un hombre"

¿Algún ejemplo de micromahismo detectado recientemente? Dicen que una vez incorporadas “las gafas” ya es imposible quitárselas…

Sí, aunque a veces también me anestesio para poder vivir… (risas). Sigo detectando, por ejemplo, que a las mujeres se les interrumpe más. También que cuando una cosa la dice una mujer se le escucha menos que cuando dice lo mismo un hombre. Es algo que sigo viendo en muchos espacios distintos, tanto informales como profesionales, y que está muy interiorizado.

A menudo define el feminismo como una apuesta de transformación social en todos los ámbitos. En contraposición a una visión reduccionista del movimiento señala la necesidad de un cambio estructural. ¿Por dónde pasan las principales claves de este cambio?

Me gusta hablar de transformación porque creo que el feminismo es una apuesta para transformar la sociedad. Claro que el feminismo tiene como eje la igualdad y el avance de los derechos de las mujeres, sin duda, pero para que eso suceda tenemos que entender que se tienen que producir otra serie de cambios estructurales y simbólicos que atañen a muchísimas otras cosas. Podemos hablar de violencia machista, de violencia sexual, de discriminación laboral… pero eso hay que relacionarlo con otras muchas cosas que suceden y que tienen que ver con los cuidados, con la manera en la que se construye la masculinidad y la femineidad, con los problemas de vivienda y cómo eso está relacionado también con la dificultad de emanciparse para muchas mujeres… Muchas de estas piezas están conectadas y tienen que ver con un sistema en el que vivimos, y el feminismo tiene que ser capaz de abordarlas y hacer una propuesta lo más integral posible para ese cambio. De nada sirve que estemos hablando de cuotas y de llegar a ser consejeras del Ibex si no hablamos de todo lo demás, porque por muchas consejeras del Ibex que tengamos y por muy importante que sea -que lo es- no podemos olvidar todo lo que hay debajo, porque queremos mejorar la vida no sólo de unas pocas sino de todas.

La periodista Ana Requena, posando tras la entrevista. FOTO: MANU GARCÍA

El movimiento feminista ha adquirido bastante fuerza en los últimos años. Hubo algo muy potente y detonante en el 'Me Too', también en el 8M de 2018. ¿Cómo valoraría la evolución del movimiento feminista en los últimos años? ¿Cuáles cree que son actualmente las principales fortalezas y amenazas del feminismo?

Está claro que la huelga feminista del 8M de 2018 fue un punto de inflexión que ha marcado el auge del feminismo y lo ha llevado a ser uno de los principales actores de nuestra sociedad. Y eso es algo muy bueno e importante porque muchas mujeres y hombres jóvenes se están socializando con el feminismo como algo normal y muy presente en sus vidas. Eso es algo que, tanto para el presente como para el futuro, tiene muchísima importancia. También hay que destacar que lo que sucedió en ese 8M de 2018 no fue fruto de la casualidad ni espontáneo, fue fruto de un trabajo de años por parte de organizaciones y colectivos feministas que han trabajado todo tipo de temas, desde los derechos reproductivos hasta la violencia machista. Tenemos antecedentes importantes: el tren de la libertad, el 7M, lo que estaba sucediendo con La manada… todo eso desembocó en ese punto de inflexión definitivo y a partir de entonces el feminismo ha estado en efervescencia pura.

Creo que una de las fortalezas ahora mismo es la intergeneracionalidad: tanta gente joven viendo el feminismo como algo normal y presente en sus vidas. También es una fortaleza haber conseguido cierta transversalidad en determinados asuntos y demandas. Amenazas tenemos, una muy clara que es la extrema derecha. Una extrema derecha presente en el congreso que tiene un discurso claramente machista, misógino, xenófobo pero que sabe también conectar con cierto tipo de descontento y de personas a las que ese discurso les puede cuadrar, y tenemos que saber cómo combatirlo y situarnos ante esto. También me preocupan mucho las divisiones internas, la virulencia de determinados debates. Creo que el feminismo debe poder debatir sin partirse y sin atacar ni usar la violencia, aunque sea verbal y en redes, que se usa en otros contextos.

“Las periodistas también paramos”. Este fue sin duda un hito que marcó también una diferencia muy significativa aquel 8M. ¿Cómo lo vivió?

Uf, para mí fue una de las experiencias que más me ha marcado porque desde aquel primer email que mandé para organizar una reunión, hasta cómo fue apareciendo la gente, cómo se desbordó aquel bar en el que quedamos, ver esa Plaza de Callao desbordada, tantas compañeras en tantos lugares de España haciendo lo mismo, esa manifestación a la que muchas fuimos unidas con una sola pancarta… creo que todo eso que sucedió fue bonito y ha tenido sin duda efectos. Eso es lo que más me reconforta: fue más allá de un día. Esa movilización ha cambiado muchas cosas para muchas compañeras, ha supuesto una toma de conciencia. Sirvió para dejar claro que las periodistas y las comunicadoras podemos reunirnos en las redacciones y compartir experiencias, y los medios de comunicación han visto cómo sus trabajadoras estaban unidas y organizadas en torno a una serie de reivindicaciones. Y con todo lo que aún queda por hacer, sí que creo que todo esto ha dejado un poso que ha supuesto un punto de inflexión.

Necesitamos palabras o términos para explicarnos lo que nos sucede, sobre todo a las mujeres, porque mucha de esta realidad ha sido invisibilizada o tan naturalizada que cuesta hablar de ella"

En un artículo reciente hablaba del trabajo emocional que sufren muchas mujeres como herencia de la gestión emocional en una sociedad patriarcal. Muchas mujeres han conectado con esta idea que a menudo no se visibiliza.

Con esto sucede un poco como con los micromachismos cotidianos. A veces necesitamos palabras o términos para explicarnos lo que nos sucede, sobre todo a las mujeres, porque mucha de esta realidad ha sido invisibilizada o tan naturalizada que cuesta hablar de ella. Nos cuesta detectarla o quizá la detectamos, pero se nos escurre de las manos porque nos faltan nombres o palabras para hablar de ello o incluso no nos sentimos legitimadas para hacerlo. El concepto de trabajo emocional nos sirve para hablar de todas esas tareas invisibles que no se pueden medir pero que son constantes y muy necesarias para mantener los vínculos y el bienestar. Como las mujeres hemos sido socializadas en el cuidado cargamos con todas esas tareas emocionales que, en las parejas heterosexuales, tienen que ver con estar pendiente de que todo esté bien, preguntarle al otro, poner los temas importantes encima de la mesa… A veces incluso cargar con tareas que en realidad son del otro, como recordarle que es el cumpleaños de su madre, porque sabes que si él se olvida luego se sentirá mal… Estás anticipando una serie de necesidades emocionales y somos nosotras las que las rellenamos. También esto se repite en los grupos de amigos y en las familias. No se trata sólo de hacer la cena de Navidad, sino de recordar también qué le gusta a cada persona, saber qué va a hacer sentir bien a cada uno para ponerlo en marcha… y eso son tareas que nos cargan muchísimo, llenan nuestra mochila de carga mental de más peso y suponen un desgaste.

Recientemente reflexionaba también sobre los mensajes dirigidos a las niñas y las celebraciones como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, señalando el peligro de que la presión para el cambio recaiga siempre en una parte de la ecuación y nos olvidemos de la otra.

Me parece bien, adecuado y necesario celebrar un día como el de la mujer o la niña en la ciencia. Sí me preocupa que centremos los esfuerzos y los mensajes en cambiar la socialización de las mujeres pero no hagamos exactamente ese mismo esfuerzo ni dediquemos los mismos recursos a cambiar la socialización de los hombres, porque esto va de transformar, como dije al principio. Necesitamos transformar la masculinidad, que está asociada a esa inaccesibilidad emocional y al descuido de los cuidados, valga la redundancia. Todo eso tiene una serie de efectos que luego sufrimos las mujeres. Así que creo que hay que actuar sobre las dos partes y a los niños también les tenemos que enviar mensajes potentes.

Ana Requena, periodista y creadora del blog 'Micromachismos'. FOTO: MANU GARCÍA

En relación a esto, decía en su reciente participación en el Encuentro de Masculinidades Igualitarias para Relaciones Equitativas, en Jerez, que los referentes femeninos deben ser referentes no sólo para las niñas, también para los niños.

Claro, porque nosotras hemos crecido llenas de referentes masculinos en todos los ámbitos, nos hemos querido parecer a ellos o les hemos admirado, y eso está bien. Entonces necesitamos generar referentes femeninos para que no sólo las niñas sino también los niños quieran ser como esas mujeres. Un niño tiene que poder admirar a mujeres referentes y querer ser como ellas, identificarlas como figuras admirables, que generan conocimiento, que generan ilusión, o que se dedican a algo en lo que son especialmente buenas. Los hombres necesitan esa referencia femenina para saber que nosotras también somos figuras centrales para la sociedad.

En los últimos años se ha hecho patente la importancia que tiene el lenguaje como transformador social y se ha puesto sobre la mesa la necesidad de evolucionar hacia un lenguaje inclusivo. No obstante emergen propuestas diversas y no parecen existir criterios comunes que permitan un consenso en este tema. Como comunicadora y referente en el periodismo de género ¿cuáles serían sus indicaciones en este sentido?

Este tema es complicado y da para mucho. Como periodista apegada al día a día de una redacción, soy consciente de que el lenguaje no sexista o lenguaje inclusivo es una de las tareas con más dificultad que se nos presenta. Tenemos que reflexionar y pensar que el lenguaje inclusivo no sexista va más allá de las sílabas o los masculinos genéricos neutros, va también sobre cómo usamos algunas palabras y expresiones, con qué connotaciones, cómo hablamos cuando hablamos de violencias machistas, qué términos usamos… Creo que lo que tenemos que hacer es una reflexión más amplia y en algún momento sí que tenemos que ser audaces como para ser capaces de utilizar pequeños mecanismos que combaten el masculino genérico y que no suponen ningún exabrupto tampoco para nuestra lengua. Esto de manera muy resumida, porque podríamos hacer sobre este tema un taller de una hora.

Necesitamos generar referentes femeninos para que no sólo las niñas sino también los niños quieran ser como esas mujeres. Un niño tiene que poder admirar a mujeres referentes y querer ser como ellas"

Próximamente y con motivo del sexto aniversario de 'Micromachismos', presentará el encuentro 'Feminismo y placer' donde participarán María Hesse, ilustradora y autora del libro 'El placer' y Marta García Peris, psicóloga, sexóloga y fundadora del proyecto Khalo ¿nos puede hacer algún adelanto de este encuentro?

Este año he querido centrar el aniversario en hablar de feminismo y placer porque me parece muy importante incluir otros temas en la agenda feminista y creo que el tema de las mujeres como sujetos de placer y de deseo es importante, porque de él se derivan otras cosas: la violencia sexual, el cambio necesario de paradigma en el sexo y en cómo nos hemos relacionado hombres y mujeres. Tenemos que saber y poder situar ahí nuestros deseos y nuestros placeres. El patriarcado nos prefiere calladas, fingiendo orgasmos, cumpliendo una serie de patrones afectivo-sexuales… y el feminismo tiene que proponer una forma de cambiar eso en la que las mujeres podamos disfrutar y erigirnos como sujetos de deseo.

¿Tiene algún proyecto profesional nuevo a la vista?

Precisamente estoy escribiendo un libro que va sobre este tema: feminismo y placer o feminismo del goce. Es un tema del que se está hablando mucho en América Latina y yo quería traerlo a España. Si todo va bien estará en librerías a finales de mayo o comienzos de junio.

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