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La líder de Ciudadanos en Cataluña, con permiso de Rivera, reparte besos, sonrisas y consignas en un acto político en su tierra natal, con un Hotel Jerez abarrotado de seguidores muy variopintos, y apelando a la "unidad nacional" y a un voto "con ilusión" y "sin venganza": “Queremos que la gente vote con ilusión, que cuando salga de votar a Ciudadanos lo haga con una sonrisa”.

Salón del Hotel Jerez, abarrotado de público y medios. Casi ecuador de campaña para las generales del 20-D. Militantes, simpatizantes y curiosos de todas las edades. Clase media-media y acomodada entre los presentes. También hay, claro está, advenedizos que desembarcan en la formación al ruido de los medios y oliendo poder. Hay sitio para todos. Un conocido, que hasta hace poco enarbolaba la bandera del partido de la gaviota en Jerez, dice ahora: “Toda mi familia va a votar a Ciudadanos. Yo voy a colaborar con ellos. Me caen bien, me gusta lo que dicen antes que otros mamarrachos”. “Pedimos que los nuevos afiliados estén seis meses de prueba, queremos ser serios a la hora de admitir a nuestra militancia”, comenta en la previa del acto político una persona afín a la organización.

Por los pasillos se cuelan antiguas andalucistas, rostros muy conocidos del mundo político, social y empresarial de la ciudad, e incluso la ex jefa de prensa de Pelayo en el último mandato. Es el secreto a voces de la fórmula centralista, moderada y conciliadora de Ciudadanos: es capaz de atraer a gente de agujeros negros y lugares recónditos de la masa electoral que está en juego en la próxima semana. Lo que luego pueda dar de sí el batiburrillo, ya se verá. El momento es tan dulce que parece no importarles las críticas feroces, las “difamaciones, los insultos”, asegura Juan Marín, líder del partido en Andalucía y un viejo rockero de la política provincial que ha tonteado con prácticamente todos los colores políticos posibles hasta quedarse con el naranja. “¿Os acordáis cuando nos llamaban naranjitos?”, bromea. Y saca pecho: "Con 9 diputados en el Parlamento andaluz hemos logrado más que el PP con el triple en 35 años". Hasta la dimisión del alcalde imputado de Espartinas les sirve para exprimir su diferencial frente a otras marcas: "Ha dimitido inmediatamente, hacemos lo que nadie hace". 

Juan Marín: "Con 9 diputados en el Parlamento andaluz hemos logrado más que el PP con el triple en 35 años"

Llega Inés Arrimadas como una aparición mariana, entre flashes y levitando. Sonrisa de oreja a oreja, sobria y exquisita. Es el partido del buenrrollismo, nada de ceño fruncido contra la casta, nada de retórica preñada de terminología belicista. Mucho marketing. Está por ver si hay algo más tras el decorado impecable. Arrimadas es una metáfora en sí misma que le sienta como un guante a la formación que lidera sin fisuras (al menos que se palpen) Albert Rivera. Jerezana (por ende, andaluza) de padres castellanos y líder de la oposición en el Parlamento de Cataluña. No puede ser una combinación más idonea para transmitir el mensaje al electorado potencial. ¿Es una pose, es un artificio? Cuestión de tiempo para saberlo. Por ahora, imposible reprocharle nada a esta pizpireta treintañera licenciada en Derecho y Administración y Dirección de Empresas. Hecha a sí misma. “Tiene usted con su edad la misma experiencia laboral en la empresa privada que yo con 34 años”, sostiene que le dijo a Artur Mas sin palidecer.

Trae dos consignas rotundas bajo el brazo: “Queremos la unidad nacional” y “queremos que la gente vote con ilusión, que cuando salga de votar a Ciudadanos lo haga con una sonrisa”. Unión, progreso y democracia pero en el momento justo y en el lugar adecuado. Arrimadas, estrella pop, no esconde "la ilusión que me hace estar en mi casa y hacerlo en este momento histórico". No habrá más alusiones a Jerez. Inés, que asegura que su discurso es el mismo en el Parlament, en catalán, que en un mitin en su ciudad natal, en castellano, exclama que votar a su partido "no es pedir venganza; es pensar en el futuro de este país". "Ahora estamos de rebajas electorales, pero nosotros somos responsables y para mentir están ya otros partidos. No necesitamos promesas sino reformas estructurales". Aplauso atronador en la sala. La metáfora de Ciudadanos recurre a la metáfora del partido: "España es un edificio que no necesita la mano de pintura que proponen PP y PSOE, pero tampoco dinamitarlo como quiere Podemos. Nosotros queremos hacer una gran reforma estructural".

Arrimadas: "España es un edificio que no necesita la mano de pintura que proponen PP y PSOE, pero tampoco dinamitarlo como quiere Podemos. Nosotros queremos hacer una gran reforma"

Tras el acto, la dirigente jerezanocatalana reparte besos y sonrisas como un cura obleas ante un rosario de comulgantes. Antes o después, en algún momento del mitin (que viene del inglés meeting, encuentro, reclamo), Arrimadas conoce a Rafael Gil -si no lo conocía ya-, que se autodefine como el primer jerezano -si me apuran el primer andaluz- militante de Ciudadanos en su forma embrionaria fuera de Cataluña. Antes de que la bella Inés flirteara con la política, que surgiera ese proyecto que dice "estaba buscando", ya estaba Rafael pendiente de las tesis de Albert Boadella y la plataforma cívica Ciutadans de Catalunya. Con 58 años, 35 de ellos dedicado a la enseñanza (imparte clases de Historia en un instituto de Medina), milita desde hace siete años en C's, cuando el gurú de Els Joglars abrió la plataforma a toda España. Desde entonces, lo tiene claro: "Ni tengo cargo ni lo quiero. Nunca había estado en política y llegó la hora de participar. A mí me parece una buena noticia que también exista Podemos, creo que son dos cauces de regeneración distintos pero unidos por la participación ciudadana". Lo suyo todavía es más alegórico que lo de Arrimadas. 

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