S.O.S. del viñedo de Jerez

Asaja-Cádiz alerta de la baja rentabilidad de la uva y propone, entre otras medidas, que los productos complementarios (alcohol vínico, mostos concentrados y vino de color) provengan del Marco

Un vendimiador recogiendo uva en un pago del Marco de Jerez
Un vendimiador recogiendo uva en un pago del Marco de Jerez

En Rioja se paga la uva entre 80 y los 90 céntimos de euro el kilo (unos 10 céntimos menos las varietales blancas); en Rías Baixas, la albariño va sobre 1,5 euros y en Ribera de Duero la uva supera los 2 euros. Estos son los precios a los que se cotiza la uva en algunas de las principales denominaciones de origen (D.O.) españolas, cifras que contrastan poderosamente con el precio medio al que se paga en las D.O. Jerez-Xérès-Sherry y Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda: 36 céntimos el kilo. Es cierto que con las comparaciones se tiende por lo general a simplificar ya que al final con lo que nos quedamos es con la cifra pura y dura y no con los múltiples factores que la rodean –desde los rendimientos por hectárea autorizados, al pago en función del grado de la uva y no solo del volumen o, incluso, al pago de tasas de todo tipo (desde planes estratégicos a compensaciones acordadas)- pero no es menos cierto que las cifras de estas importantes D.O. están muy por encima de lo que se paga hoy por hoy en el Marco de Jerez.

Hace años que este tema, la escasa –por no decir nula- rentabilidad de la viña en el Marco, está encima de la mesa, sin que se hayan establecido soluciones, tampoco atendiendo a razones meramente coyunturales: ni tan siquiera la fuerte caída de la producción de esta campaña, que se sitúa en torno a un 30%, va a tirar hacia arriba de los precios por la acción de la oferta y la demanda, ya que las bodegas pueden cubrir perfectamente sus necesidades de reposición a partir de los excedentes que hay de campañas anteriores.

Vendimia en el Marco de Jerez. FOTO: MANU GARCÍA.

Desde Asaja-Cádiz se han hecho –otra vez- distintos llamamientos en las últimas semanas que se pueden resumir en un sentir generalizado entre los viticultores, un sentir muy taxativo: o se adoptan ya medidas encaminadas a devolver a la viña a la senda de la rentabilidad o el Marco de Jerez abordará inexorablemente en los próximos años una nueva reducción en su viñedo, que en la actualidad es solo de 6.500 hectáreas, ya que califican la situación abiertamente como insostenible desde un punto de vista económico.

En este contexto de búsqueda de más rentabilidad, Asaja-Cádiz ha propuesto nuevos usos para la uva palomino que se produce en la D.O., como que se utilice para el aprovisionamiento de los llamados productos complementarios (básicamente el mosto concentrado rectificado, alcohol vínico y vino de color) que entran en una botella de vino de Jerez y que, salvo excepciones, no se producen en origen, se suelen traer de Castilla-La Mancha. Para que se implementara una medida de este alcance sería necesario llevar a cabo modificaciones de importante calado en el pliego de condiciones de la D.O., en definitiva.

En esta ocasión, desde Asaja-Cádiz (atienda el lector que se está hablando de Asaja-Cádiz, no de Asevi-Asaja, la sectorial de viñas de esta organización profesional agraria) se ha ido más lejos de lo habitual y en declaraciones a Diario de Jerez se han dirigido las críticas hacia el Consejo Regulador (aunque esta institución no tiene capacidad alguna interprofesional para entrar en el tema de los precios). “El Consejo nunca habla de viña, es como si al vino se le echaran unos polvos y ya está, pero para hablar de calidad hay que empezar por la uva”, declaró su secretario provincial, Luis Ramírez.

Insistiendo en el tema de los productos secundarios, hay que decir que se trata de una idea que no es la primera vez que se pone sobre la mesa, ya que se viene hablando desde hace años como una posibilidad para dar salida a los excedentes y tirar de la rentabilidad de la viña, cuyo umbral se estima, con las actuales reglas del juego, precisamente a partir de los 36 céntimos de euro en una vendimia con una producción normal. En este sentido, se habla de los 40-42 céntimos de euro/kilo como un precio digno para conseguir una rentabilidad que también hace falta para afrontar las necesarias inversiones en la propia viña, inversiones que se van retrasando campaña tras campaña.

Un momento de la vendimia en las viñas de Barbadillo.

En su estrategia, Asaja-Cádiz habría buscado esta vez recabar también el apoyo de algunas de las bodegas del Marco que a su vez son grandes propietarias de viñedo –y que incluso gestionan frecuentemente dichos activos a través de empresas ad hoc- sin que por ahora estos contactos hayan fructificado en ninguna iniciativa conjunta concreta, algo que parece complicado, ya que varias de estas bodegas tienen interés directo en que no se modifique la actual situación al contar con destilerías en La Mancha que utilizan para aprovisionarse de alcohol vínico a buen precio. Aunque no todas las grandes bodegas coinciden: hay que recordar que José Estévez SA desde hace ya varias campañas viene trabajando de manera interna bajo la premisa de ‘todo origen’, incluidos los productos complementarios, por lo que todo el ‘líquido’ que embotella en sus marcas de vino de Jerez proviene del Marco.

El de las cooperativas vitivinícolas es el otro gran apoyo que estaría buscando Asaja-Cádiz, el apoyo de los ‘otros’ viticultores. Aquí los contactos con las siete cooperativas se vienen produciendo desde hace ya tiempo, con distintas propuestas encima de la mesa, todas encaminadas a aumentar la rentabilidad de la materia prima. Las iniciativas de las que se ha ido hablando tampoco acaban de cristalizar, caso de establecer, por ejemplo, un órgano conjunto centralizador de ventas con el que ejercer más presión a las bodegas. Incluso Asaja-Cádiz plantea la necesidad de que las cooperativas evolucionen hacia generar (en mayor medida) productos ya elaborados, mostos alcoholizados como son los vinos sobretablas, tal y como se los conoce en el sector, sin que esa propuesta se haya comenzado a trabajar en el interior del movimiento cooperativista. En realidad, hay que enfatizar que estas medidas se podrían comenzar a tomar per se por el sector productor, no necesitarían consenso o debate en el seno del Consejo Regulador.

Bien… no es la primera vez que los viticultores salen al paso de la baja rentabilidad de la viña y proponen distintas medidas. Está por ver si el clamor conseguido se encauza –ahora sí- en los necesarios apoyos sectoriales para sacar adelante estas medidas o al menos todos los viticultores, independientes y cooperativistas, son capaces de articular alianzas entre ellos para defender sus intereses.

Sobre el autor:

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Carlos Piedras

Periodista.

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