Manuel Rubiales Perdigones ha fallecido a la edad de 93 años, a punto de cumplir los 94. Rubiales, que se jubiló en 1996, fue tonelero de profesión, y era una persona muy conocida en Jerez al dedicarse hasta edad muy avanzada a divulgar distintos aspectos del vino y la tonelería en documentales.
Rubiales ganó tres veces el concurso de tonelero que se organizaba por las antiguas Fiestas de la Vendimia (eran los llamados concursos laborales: también los había de otros oficios del sector, caso del arrumbador o venenciador, sin ir más lejos) y que, "cansados de que ganara", le pidieron desde la organización que fuera jurado del premio, afirmó en su día a lavozdelsur.es, entre bromas.
En noviembre de 2024 presentó un libro en el Consejo Regulador que es todo un homenaje a su oficio, a los 50 años que dedicó a la tonelería, a la belleza y la dureza de un oficio en el que tan presentes siguen estando el fuego y el agua para domeñar la madera. Ese libro, por distintas razones, estuvo 31 años sin publicarse, 'dormido' en un cajón. Su legado. "El libro se lo dicté a mi hija Cristina, que fue la que lo pasó a máquina y le dio también el estilo", dijo durante la presentación. Fue su nieto Rubén el que se interesó por su contenido hace unos años y el que dio impulso para que finalmente se publicara. En dicho acto en el Consejo estuvo arropado por su familia, entre la que se encuentra el reconocido venenciador Jesús Rubiales, uno de sus hijos.
A Manuel le parecía bien que hoy, en parte, su oficio sea objeto de interés turístico, tal vez consciente de que su plástica, antes o después, tendría que ser apreciada por gente profana al mundo de las bodegas. "Si no hay toneles, no hay negocio, no hay vino, no hay nada. Eso es lo primero, los toneles, las botas", afirmaba. Manuel conocía el auge del 'sherry cask', la importancia que ha alcanzado para el sector eso de "envinar botas para que se las lleven para el whisky, ¿no?", decía de manera socarrona.
Manuel Rubiales ha sido, como él decía, "más bien de fino", para confesar que a él, lo que le gustaba de verdad, era el mosto. Una o dos copitas diarias. Hasta el final... D.E.P.



