Crianza del jerez: de triángulo a eneágono

Varias consideraciones – y algunas elucubraciones – sobre la apertura del uso de Jerez-Xérès-Sherry a la zona de producción

Cata magistral Bodegas Fundador, en Jerez. Crianza del Jerez.

No veo en la prensa de Jerez ni en la provincial que se haya dado la importancia que tiene la publicación en el BOJA del cambio en la zona de crianza para el vino de Jerez que se ha producido y que permitirá, a partir de ahora, que el vino criado en Chiclana, Chipiona, Puerto Real (¿?), Rota, Trebujena e incluso Lebrija –la llamada hasta ahora zona de producción- pueda ser etiquetado y, en consecuencia, embotellado y comercializado como vino de la denominación de origen (DO) Jerez-Xérès-Sherry, ‘privilegio’ del que hasta ahora gozaban solo Jerez, El Puerto y Sanlúcar, por lo que el conocido como ‘Triángulo’ del Marco se transforma de hecho, por seguir con la frase hecha, en ‘Eneágono’. 

¿Y esa falta de relevancia? Pues ni idea... Tal vez porque, al fin y al cabo, hace ya meses que este tema se aprobó muy holgadamente en el pleno del Consejo Regulador y, hasta su publicación esta semana en el BOJA, no se han tenido noticias de que la Consejería de Agricultura de la Junta de Andalucía pusiera ningún ‘pero’ al respecto, es decir, se estaba nada más que a la espera de un mero trámite administrativo que nada reseñable ha venido a aportar, añadir o restringir a lo decidido por el sector; además, hace al menos quince años que se viene hablando en el Marco de Jerez (estos son los tiempos que se manejan) de esta posibilidad, tiempo más que suficiente para decir –o callar- cualquier cosa que hubiera que decir al respecto. Otra posibilidad que se le ocurre a este cronista es la inmediatez con la que hoy en día se trabaja en la prensa, lo que a veces no deja tiempo para el análisis, para pararse un momento a ver el alcance real de lo que estamos publicando. Y lo que estamos publicando –la apertura a toda la zona de producción a elaborar y embotellar con pleno derecho vino de Jerez- se merece, aunque sea eso, pararse un momento, ver los pros… y también, haciendo un poco de abogado del diablo, si quieren, de los contras. Vamos…

Jerez –y en menor medida El Puerto y Sanlúcar- abren a los municipios de la zona de producción unos derechos que dicho ‘Triángulo’ ha ostentado de manera secular y que ha venido modelando la reglamentación de la DO a lo largo del pasado siglo XX. Personalmente, para romper el fuego, este cronista piensa que un tema de este calado merecería unas palabras del Ayuntamiento de Jerez –aunque si no se sabe qué decir, lo mejor es quedarse callado, eso sí-, palabras que estoy seguro que en su día otro alcalde de la ciudad hubiera dicho (ya saben cuál), lo que no sé es si hubieran sido de ‘bienvenida’ a la zona de producción –tampoco aquí sé si habrá sido con o sin un punto de ironía- o de ‘advertencia’ a las instituciones del Marco e incluso sus bodegas… no necesariamente ahora, ya a estas alturas, claro, sino durante este largo proceso. Porque… ¿se dañan los intereses de Jerez? ¿Se pierde algo que podríamos considerar similar a la palabra ‘patrimonio’? A ver, en principio no, pero tampoco la ciudad saca nada. Caso extremo y un pelín absurdo: no se espera a corto plazo, ni a medio -ni nunca- que González Byass o Fundador se muden a Chiclana o a Puerto Real, un poner, pero con la modificación en la mano son muy libres de hacerlo y la vida –ah, la vida- da muuuuchas vueltas.

No viene al caso hacer comparaciones, siempre odiosas, pero el Ayuntamiento de Sanlúcar está siempre presto a la declaración sectorial, poniéndose habitualmente del lado de sus bodegas a defender los intereses de la Manzanilla –o lo que entiende que lo son-, mientras que en Jerez, Ayuntamiento y bodegas llevan muchos años que son mundos aparte, al menos institucionalmente. Por ejemplo, en la reciente negociación del Convenio de la Vid del gobierno municipal de Jerez no ha salido ni una sola palabra, mientras que el de Sanlúcar sí se pronunció abiertamente a favor del preacuerdo al que llegaron las bodegas de dicha localidad con los sindicatos antes de que se llegara al acuerdo definitivo. ¿Hubiera dicho algo Sanlúcar? Bueno, en este tema no, el ancla de la manzanilla a la ciudad es muy fuerte…

Llegados a este punto, hay que decir rápidamente que nadie quiera ver aquí un posicionamiento del cronista en contra de esta medida, totalmente neutral a la misma y a sus posibles efectos. Por eso corro a afirmar que, desde luego, lo que no tenía sentido es que el vino que se cría en las bodegas de la zona de producción pudiera entrar en cualquier momento en el circuito Jerez-Xérès-Sherry siempre que lo adquiriera y terminara comercializando una bodega del Triángulo y que exactamente el mismo producto, de salir al mercado embotellado en la zona de producción, no tuviera el derecho a usar dicho nombre… una situación peculiar, muy peculiar que, bien mirado, ahora viene a subsanarse.

¿Pero qué ha ocurrido para que la propia patronal bodeguera Fedejerez, muy concentrada en Jerez y El Puerto en cuanto a asociados, haya sido precisamente impulsora de esta medida que beneficia a las bodegas y cooperativas de la zona de producción? ¿Un ataque de… no sé, filantropía, de buen ‘rollito’? Pues no exactamente, queridos lectores, en realidad no. Fedejerez, muy mermada en el pleno del Consejo Regulador en cuanto a representación por los censos actuales, planteó esta medida con un evidente carácter transaccional, un ‘quid pro quo’ de manual, para conseguir suficientes apoyos para otros temas que llevan años varados en su agenda, como por ejemplo la desaparición del fino de Sanlúcar, para lo que se alcanzó un acuerdo transitorio de diez años (quedan nueve) y una serie de medidas compensatorias por desarrollar. Como Fedejerez no tenía votos suficientes, tuvo que ofrecer esta transaccional a los viticultores, sobre todo a los representantes de las cooperativas, un ‘paquete’ del que forma parte fundamental la ampliación de la zona de crianza a toda la zona de producción, una reclamación histórica al menos de cuatro de las siete cooperativas vitivinícolas del Marco de Jerez (Unión de Viticultores Chiclaneros, Católico Agrícola de Chipiona y Virgen de Palomares y Albarizas de Trebujena). Así consiguió los apoyos necesarios. Tan sencillo como eso…

Si hubiera que hacer un resumen, como esos que se ven en las películas y series tipo ‘cuénteme la trama en menos de cien palabras’, el cronista les diría que, al final, estamos ante un acuerdo de carácter transaccional que supone una modificación histórica de la que se cuestiona que haya sido ponderada en su justa medida y que, a la vez, lleva consigo la reparación de una situación un tanto injusta y que, desde luego, tenía un punto kafkiano. Total, menos de la mitad de esas cien palabras…

 

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