La mujer que 'mima' al lomo en manteca, el innegociable de la histórica Venta Pinto que tiene más de un siglo

Cristina Pinto García continúa el legado gastronómico de su familia en este establecimiento reconocido en La Barca de Vejer que ya ha pasado los 100 años de historia

Cristina Pinto García, quinta generación que continúa con el legado familiar en la Venta Pinto, en La Barca de Vejer.
Cristina Pinto García, quinta generación que continúa con el legado familiar en la Venta Pinto, en La Barca de Vejer. MANU GARCÍA
06 de abril de 2026 a las 19:26h

Conversaciones, choque de vasos y muchos “buenos días”. Una mañana cualquiera varias personas empiezan el día cogiendo fuerzas en un mesón histórico de La Barca de Vejer. Los coches atraviesan la A-314. Nadie suelta las generosas tostadas que están degustando desde la barra. Todas, o la mayoría, tienen una característica en común, el lomo en manteca.

La Venta Pinto y este producto típico de La Janda son un binomio inseparable. En este establecimiento familiar lleva más de un siglo elaborándolo. En sus mesas se sentaban quienes buscaban este manjar “muy querido en el pueblo” que antaño solo se podía encontrar en lugares como este. Seña de identidad que sigue siendo símbolo y orgullo para Vejer.

Junto a la ladera, Cristina Pinto García, vejeriega de 46 años, mantiene vivo un mesón del que se tiene constancia desde el siglo XVII. “Lo sabemos por citas de viajeros que pasaron por aquí, documentación que me pasan historiadores del pueblo”, comenta esta hostelera desde uno de los salones. Se desconoce si Robert, empresario americano que estuvo en el 1805 o si Limtery, mercader de indias, probaron el producto estrella, pero sí que visitaron la que fue la única posada entre Cádiz y Algeciras.

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Una mañana en la barra de la Venta Pinto.   MANU GARCÍA

Cristina es la quinta generación de la familia que hizo brillar este lugar de paso de La Janda. Su bisabuelo, Juan Pinto Crespo, aprendió de su tatarabuelo con el que estuvo desde 1910 aproximadamente. “Era una persona muy inquieta con los negocios y en torno a la venta tenía despacho de aceites para los coches. En la que hoy es la parada de taxis tenía un pequeño surtidor”, comenta. Por entonces, La Barca era un importante cruce de caminos además de un pequeña aduana donde se controlaba el paso de la mercancía. “Donde están actualmente los baños, había una casita de carabineros”, dice.

En los años 60, cuando su abuelo y su hermana, Antonio y María Pinto Fernández Trujillo siguieron el testigo, los negocios anexos dejaron de existir y se enfocaron en la venta. Aquí, entre las paredes de este inmueble de grandes dimensiones, creció Manuel Pinto Muñoz de Arenillas, padre de Cristina y responsable de la apariencia de la venta tal y como hoy se conoce.

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Cristina Pinto, en uno de los salones de la venta.    MANU GARCÍA

Al finalizar el servicio militar en el Sáhara, en los años 70, Manuel le transmitió a su padre su deseo de hacerse cargo del negocio. “Pero le dijo que tenía que confiar en él para expandirlo y crear más que una venta. Mi abuelo confió y mi padre hizo obras”, explica la vejeriega.

Así, su padre modernizó el local y lo transformó en el mesón con decoración rústica que sigue en pie. Apostó por la madera y nunca contrató a interioristas. Se guió por su gusto y le dio ese ambiente acogedor que lo caracteriza. Además, colocó en la montaña las enormes letras de neón al más puro estilo ochentero, imposibles de ignorar. “Era muy escandaloso y cada palabra tenía un color. Pero llevo años sin encenderlo porque no consigo una empresa que lo ponga en funcionamiento”, comenta.

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Interior del mesón en la A-314.   MANU GARCÍA
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Cristina García, durante la entrevista con lavozdelsur.es.    MANU GARCÍA

En el año 2001, tras finalizar sus estudios universitarios, Cristina empezó a trabajar en la venta junto a su padre. Servía los guisos tradicionales, las carnes de caza y el incuestionable lomo en manteca. “Mi padre tuvo una afección cardíaca y tenía que operarse, tenía que estar fuera un tiempo y decidí entrar para echarle un cable. Sin intención de quedarme, pero decidí que era lo mío y aquí estamos”, dice Cristina.

En el años 2013 tuvo que coger las riendas de la venta, forzosamente y antes de lo que hubiese querido. Su padre sufrió un infarto repentino que golpeó duramente a toda la familia. “No me daba miedo. Estaba suficientemente capacitada y cualificada, pero fue un mazazo. No estás preparada para esto, pero no te queda otra que agarrarte los machos y tirar para adelante”, expresa. Y así fue. Aseguró a la plantilla de trabajadores que la venta no se iba a cerrar y “con mucho esfuerzo y dolor” continuó con el legado de su progenitor.

Por supuesto, llevando por bandera el lomo en manteca al que tanto mimo y cariño han dado. Sin duda es la estrella de la casa. Un innegociable de su carta que nunca va a desaparecer. “En los noventa mi padre contrató a un cocinero conocido de la zona para dar empuje a una cocina más moderna. Le dijo que el lomo lo tenía que quitar y mi padre le respondió ‘Si tú quieres quitar el lomo en manteca, el que se va eres tú y no el lomo. El lomo no se va a quitar nunca’”, cuenta.

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Un camarero sirve las tostadas con lomo en manteca.    MANU GARCÍA
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Lomo en manteca para coger fuerzas.   MANU GARCÍA

El producto da mucho juego en los fogones. Además de prepararlo para desayunos, elaboran croquetas o fajitas de lomo en manteca y lo combinan hasta con atún rojo de almadraba. También conserva la gastronomía típica con pollo de campo, conejo de monte o jabalí en salsa, arroces o berza. A estos se suman el atún encebollado, el rabo de toro, la dorada frita o las gambas al ajillo.

Son muchos los comensales que han saciado su apetito en este mesón ya emblemático por el que pasan vecinos y turistas. A la clientela fiel, esa que no falla ni aunque truene, se unen los visitantes que llegan a la costa. “Barbate es muy de pinto. Y en todo el Campo de Gibraltar también nos guardan un especial cariño. Estudié allí y en la universidad me pedían lomo en manteca. Además, antiguamente todos los autobuses en dirección Sevilla y viceversa tenían que hacer parada obligatoria aquí”, sostiene la hostelera.

Más que una venta

En la Venta Pinto, no solo hay enormes salones y terrazas. Desde 2020 cuenta con una tienda de productos gourmet. El Colmao de Pinto abrió en plena pandemia como reacción de Cristina al periodo de incertidumbre que vivían.

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Detalle de la decoración rústica de la venta.   MANU GARCÍA
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Bandeja de lomo en manteca en El Colmao de Pinto.    MANU GARCÍA
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Dulces de elaboración propia.  MANU GARCÍA

“No podíamos atender en las barras. Nosotros vendemos bocadillos, y no sabía cómo hacerlo así que convertí el almacén en tienda”, dice la vejeriega que ya lleva cinco años vendiendo productos de la provincia de Cádiz. Lomo en manteca, manteca colorá o paté de jamón ibérico junto a sultanas de coco, magdalenas o rosquetes, todo de elaboración propia. “La verdad es que funciona muy bien”, reconoce.

El alma de sus antecesores impregna este establecimiento que Cristina cuida con esmero. En su mente están quienes le enseñaron los trucos del sector en el que asomó la cabeza hace ya un cuarto de siglo. “Hay relevo generacional, pero no sabemos si querrán seguir”, dice desde el exterior. A su espalda, alguien le da el último bocado a su tostada.

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Patricia Merello

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